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Ciencia / 30 de julio de 2019

50 años después: qué nos dejó la llegada del hombre a la Luna

El desarrollo científico y tecnológico que impulsó el plan espacial Apolo fueron claves para entender el mundo actual. Historia y detalles de la misión.

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Con la cantidad de películas y series que transcurren en módulos de naves espaciales, planetas solares y extrasolares y personajes que se mueven a través del tiempo como si de Buenos Aires a Córdoba se tratara, recordar la llegada de seres humanos a la Luna puede tener gusto a poco. A gesto modesto, a logro pre redes sociales, a una prehistoria que transcurrió fuera de la matrix.

Sin embargo, sucedió hace apenas 50 años: dos seres humanos, luego de un programa diseñado para obtener un objetivo específico y con un management que aún hoy se estudia como ejemplo de organización y adaptación a los cambios, con una tecnología menos desarrollada que la que ostenta un smartphone, recorrieron 384.403 kilómetros, pisaron suelo lunar y volvieron a la Tierra sanos y salvos.

Todo el programa Apolo, que comenzó en 1961 y terminó en 1972, demandó un presupuesto de 25.400 millones de dólares (a valores de aquellos tiempos): se hicieron 33 vuelos, 11 de los cuales fueron tripulados, mientras los otros 22 permitieron testear la calidad de vehículos de lanzamiento y de aeronaves para llevar tripulación al espacio. Cuatro de los vuelos con astronautas tuvieron por misión poner a punto la exploración lunar y los siete vuelos finales, explorar el ambiente y la superficie del satélite natural de la Tierra. Tres hombres murieron en el proceso (en enero de 1967) debido a un accidente dentro del módulo de comando de la Apolo 1 sin que hubiera siquiera una oportunidad de rescatarlos.

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Luego de la tragedia, las protestas contra la asignación presupuestaria al proyecto fueron una constante, hasta que por fin llegó la recompensa aquél 20 de julio de 1969 en el que Neil Armstrong y Edwin Buzz Aldrin, a bordo de la Apolo 11, alunizaron en el Mar de la Tranquilidad. Michael Collins, el tercer astronauta, permaneció dentro del módulo de comando Apolo, orbitando la Luna.

Durante los 11 años que duró el programa hubo desarrollos de todo tipo. Desarrollos que impactaron y siguen impactando en la vida cotidiana de las personas de todo el planeta. Hubo que diseñar y fabricar dispositivos mecánicos e instrumentos científicos para que ciertos instrumentos pudieran escaparle a la influencia de los rayos X secundarios y a la contaminación que rodeó a la nave espacial, hubo experimentos biomédicos, fueron tomadas 30.000 fotografías de la superficie lunar y 382 kilogramos de rocas y suelo de la Luna llegaron a la Tierra, con el objetivo de estudiar la composición y la historia geológica del satélite.

Impulso científico industrial. La misión Apolo en su conjunto, la preparación de los alunizajes y sus experimentos subsiguientes, gatillaron desarrollos que involucran áreas a primera vista muy disímiles: medicina, geología, aviónica, vuelos tripulados, telecomunicaciones, informática, matemáticas, astronomía, física, biociencia, son apenas algunas de las áreas científicas y tecnológicas que fueron tocadas por el programa. Como proyecto financiado casi en su totalidad por fondos públicos, Apolo dio trabajo a 409.000 personas, ya fuera como empleados directos de la agencia espacial estadounidense (la NASA) o como proveedores de contratistas externos.

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Como perfecto ejemplo de lo que el desarrollo científico tecnológico puede arrastrar cuando se vincula con el mundo productivo, las misiones Apolo habían originado hasta el año 2015 más de 1.800 tecnologías y cerca de 30.000 productos, desde herramientas para una detección precoz del cáncer hasta el desarrollo acelerado de circuitos integrados. De esos circuitos que ahora alimentan al hogar interconectado digital de miles de millones de personas.

Llegar a la Luna fue salir del planeta y obtener la primera imagen de la Tierra desde fuera de la Tierra. De hecho, ayudó a que comenzara a afianzarse la conciencia de la fragilidad del planeta y del daño al medio ambiente que se estaba gestando. Pero también fue mucho más que eso, desde tener la comida caliente y fresca en los hospitales hasta poder hacerse una resonancia magnética o calzar botas aislantes.

La Dirección General para Investigación e Innovación de la Comisión Europea lo dijo muy claro en un documento del 2018: “El Proyecto Apolo dio un gran impulso al desarrollo industrial y tecnológico estadounidense, y no sólo a lo vinculado con el sector aeroespacial”. Y agrega: “El proyecto tuvo ambos componentes: creación de conocimiento y aplicación de dicho conocimiento. Hubo varias comunidades dentro de la NASA que diferían en cuanto a las prioridades y competían por los recursos. Los dos grupos más identificables eran los ingenieros y los científicos. Los primeros usualmente trabajaban en equipos para construir equipamiento que pudiera llevar la misión al éxito. Su meta principal involucró la construcción de vehículos que pudieran funcionar de manera segura y confiable, con los recursos fiscales asignados al proyecto. Por otro lado, los científicos espaciales involucrados en lo que se conoce como investigación básica estaban más preocupados por diseñar experimentos para permitieran expandir el conocimiento científico”. El resultado: Apolo desarrolló un enorme programa de contratación pública con la industria nacional de los Estados Unidos.

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“Explorar el espacio fue una grandiosa inversión”, asegura Wallace Fowler, profesor de ingeniería aeroespacial en la Universidad de Texas. Según sus cálculos, el beneficio económico total de cada dólar gastado en el programa espacial habia generado hasta el año 2014, un rebote de entre 8 y 10 dólares.

Salud alunada. En la conferencia de prensa previa al lanzamiento de la misión Apolo 11, alguien le preguntó al comandante de la misma, Neil Armstrong, qué diría si lograba pisar suelo lunar. El hombre no respondió demasiado, fiel a su estilo poco conversador. Sin embargo, nadie olvidó nunca más su frase emblema al dejar su primera huella lunar: “Este es un pequeño paso para el hombre, y un salto gigante para la humanidad”.

También lo fue, a lo largo de los años y de las décadas, para la vida diaria de personas de países de todo el planeta. Fueron numerosas las tecnologías que emergieron del programa espacial y ayudaron a construir computadoras y componentes para las industrias tecnológicas, pero también se convirtieron en componentes clave en dispositivos y equipos médicos como las máquinas para obtener imágenes por resonancia magnética. Además, Apolo produjo dispositivos robóticos y la miniaturización de componentes que luego se convirtieron en la base de equipamientos empleados en cirugías y otros procedimientos médicos.

La tecnología utilizada para monitorear los signos vitales de los astronautas de las misiones Apolo resultó en el mejoramiento de marcapasos, sistemas de vigilancia de los signos vitales y sentaron las bases de lo que es actualmente la telemedicina o medicina a distancia.

Fuegos y bits. La tecnología utilizada en las que dejaron sus huellas en la Luna también dejó herencia en el calzado deportivo. La tecnología desarrollada para que botas espaciales absorbieran los impactos y proveyeran de estabilidad y control motriz a los caminantes lunares, fue utilizada por el ingeniero de la NASA para las zapatillas deportivas. Hay un estadio en la ciudad de Houston, en los EE.UU., cuyo techo retráctil está hecho de una tela similar a la utilizada en los trajes espaciales que se emplearon para ir a la Luna. El material es más fuerte que el acero, pero pesa menos de 30 gramos por metro cuadrado.

Además de ser translúcida y muy resistente, con una durabilidad promedio de 20 años, el invento retomado de la NASA por una empresa de Nueva York, puede según estimaciones de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, reducir los costos de la construcción hasta en 30%. Si hasta los trajes de los bomberos tienen trajes fabricados con polibenzimidazol sintético, desarrollado por la NASA para proteger a los seres humanos y a los sistemas críticos de ser consumidos por un fuego accidental en las cabinas llenas de oxígeno. Para hidratar a sus astronautas, la agencia espacial estadounidense se vió en la necesidad de crear un sistema ligero de purificación de agua a base de iones de plata. El sistema sigue siendo utilizado comercialmente.

Y las computadoras, que en la década del ´60 ocupaban habitaciones enteras, entraron en otra era cuando los ingenieros de la Apolo se vieron en la necesidad de condensar circuitos y procesadores para que ocuparan el menor espacio posible dentro de la nave Apolo. Nacía entonces la informática moderna.