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Cultura / 27 de agosto de 2019

El Equipo Argentino de Antropología Forense por dentro

A 35 años de su formación cómo nació y creció el grupo científico que es un orgullo argentino. Los países donde trabaja, sus misiones y la campaña para reconocer 600 cuerpos NN.

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Imágenes del Equipo en el trabajo de campo.

Hace 35 años, muy cerca del retorno de la democracia y en el contexto de la búsqueda de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, se formó el Equipo de Argentino de Antropología Forense (EAAF). La especialidad era infrecuente, tanto que hubo que recurrir a un especialista extranjero, Clide Snow, para colaborar con la Conadep, los jueces y familiares en la identificación de los cientos de cuerpos NN que se exhumaban en cementerios y centros clandestinos de detención.

Fue Snow, justamente, quien al no encontrar profesionales experimentados dispuestos a ayudarlo, convocó a un grupo de estudiantes y antropólogos muy jóvenes y les enseñó el ABC de una práctica en la que hoy son avezados expertos.

Y es que 30 años después, los 6 miembros del grupo original se transformaron en 70 y el equipo incluye -además de antropólogos y arqueólogos- a médicos, físicos, arquitectos, genetistas y especialistas en informática.

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Son pioneros en una práctica, la antropología forense, que se vuelve cada día más esencial en el mundo para investigar procesos de violencia social. Por eso, intervienen y dan formación a otros profesionales -policías, jueces, médicos, periodistas- en alrededor de 50 países en el mundo. Tienen su sede principal en Buenos Aires, en el predio de la ex ESMA, y un importante laboratorio en Córdoba. Además, poseen oficinas en Nueva York y México.

Han trabajado en decenas de casos públicos, de gran repercusión, en nuestro país y en el mundo: los crímenes de Ciudad Juárez, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en México, la identificación de los restos del Che Guevara, la búsqueda y autopsia de Santiago Maldonado y la exhumación de Pablo Neruda, entre muchísimos otros. Además, forman parte de un importante proyecto de identificación de soldados caídos en Malvinas.

En relación con los crímenes cometidos durante la dictadura, a lo largo de estos años han encontrado 1500 cuerpos de desaparecidos e identificado a 800. Desde hace más de una década, están empeñados en una campaña intensa para recolectar muestras de familiares que les permitan identificar los cuerpos que faltan.

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Este mes, y con motivo de celebrarse los 35 años de su formación, se publicó una investigación realizada por el periodista Felipe Celesia. “La muerte es el olvido” (Paidós), da cuenta de la historia excepcional de este grupo de científicos, pioneros en su disciplina en todo el mundo.

En una Argentina a la que tanto le cuestan los proyectos a largo plazo y mucho más sostener la excelencia, son un ejemplo de profesionalismo y sentido social. Su prestigio es tan indiscutible que son garantía de transparencia cuando intervienen en casos de gran complejidad jurídica o política. Respetados en todas partes, son consultados por familiares y víctimas en los más lejanos rincones del planeta.

Para entender mejor en qué consiste su trabajo, cómo se financian y por qué su tarea es tan valiosa, NOTICIAS dialogó con Luis Fondebrider, secretario ejecutivo del EAAF y miembro del grupo inicial del equipo.

NOTICIAS: ¿Qué diferencia existe ente el EAAF y un cuerpo forense del poder judicial o de la policía?
Luis Fondebrider: La principal es que ellos dependen de una estructura del Estado y nosotros somos una ONG independiente. La otra diferencia es que nosotros nos especializamos en casos masivos, que tienen que ver con violencia política, étnica, religiosa, feminicidios, migrantes. En cambio, un cuerpo médico forense oficial abarca todo tipo de casos, en especial los que se dan todos los días.

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NOTICIAS: ¿Cuál es el interés principal para ustedes cuando se enfrentan a un cuerpo?
Fondebrider: Identificar a la persona y la causa de muerte. Es lo que nos pide el fiscal y el tribunal que está a cargo.

NOTICIAS: Ustedes trabajaron en el esclarecimiento de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y en los feminicidios de Ciudad Juárez. ¿Quién los convocó en estos dos casos de México?
Fondebrider: Los familiares, en los dos casos. Pero habitualmente nos convocan diferentes cuerpos. Pueden ser organismos de familiares, un fiscal, una comisión de Naciones Unidas, un tribunal especial de Naciones Unidas, un organismo de Derechos Humanos o una combinación de agrupaciones.

NOTICIAS: También participaron en la identificación de los restos del Che Guevara.
Fondebrider: Eso comenzó en 1995, en noviembre, cuando el periodista Jon Lee Anderson le hace una entrevista a un ex militar boliviano y éste le cuenta que el cuerpo del Che está enterrado en la antigua pista de aterrizaje de la ciudad de Vallegrande, en Bolivia. La noticia da vuelta al mundo. Entonces el gobierno boliviano forma una comisión investigadora para recuperar el cuerpo y esa comisión nos convoca. A las pocas semanas también va un médico forense cubano, ya que en la columna del Che había 17 cubanos. La búsqueda no fue tan simple. Recién en junio de 1997, los cubanos advierten que hay un lugar que podría ser finalmente la fosa. Comienzan a excavar, nos llaman, empezamos a trabajar juntos y recuperamos el cuerpo.

NOTICIAS: Otro caso resonante fue el de Neruda.
Fondebrider: También nos llamaron porque había dudas sobre la causa de muerte. Se conformó una comisión internacional para averiguar si había sido envenenado. Un primer dictamen dice que lo que se encontró tenía más que ver con la medicación que estaba tomando.

NOTICIAS: ¿Qué casos los impactaron más?
Fondebrider: A mí, uno de los casos que más me impactó fue en el año ’92 en El Salvador, en el contexto del momento posterior a la guerra civil. Tuvimos que exhumar una fosa con 150 chicos, los habían matado. Pero no hay casos más impactantes que otros. Tratamos a cada persona, a cada familiar como único, por igual. Eso hace la diferencia. El vínculo que creamos con las familias.

NOTICIAS: ¿Cómo manejan los riesgos?
Fondebrider: Los riesgos son para la gente que nos da información, los testigos, la familia. Nosotros nos tomamos un avión y nos vamos. En general, los victimarios siempre están libres.

NOTICIAS: ¿En qué casos están trabajando en este momento?
Fondebrider: En la Argentina, trabajamos con casos de desaparecidos en democracia. Todos los años llevamos unos 17 proyectos fuera de la Argentina. Tenemos uno que es muy grande, a cargo de nuestra oficina en México. Se llama “Frontera” e identifica migrantes que salen de Centroamérica, pasan a México y mueren al cruzar la frontera de los Estados Unidos. Hace 28 años que trabajamos en Colombia dando formación y capacitación a los organismos del Estado. En Sudáfrica tenemos una escuela de formación. Y llevamos adelante un proyecto con la Universidad de Columbia en repúblicas centroafricanas, asesorando y trabajando en formación. En Túnez vamos a abrir una escuela para países de África francesa con la Cruz Roja. También estamos trabajando en Cáucaso hace 5 años en la identificación de cuerpos de soldados que murieron en conflicto para la Cruz Roja. En Tailandia estamos dando capacitación. En Vietnam, con el gobierno, trabajamos en la identificación de soldados vietnamitas de la guerra contra Estados Unidos. En Irán e Irak estamos hace 10 años dando formación a médicos forenses. Yo estuve hace poco apoyando al grupo de Naciones Unidas que está investigando los crímenes de ISIS.

NOTICIAS: ¿Cómo trabajan con feminicidios?
Fondebrider: Estamos desde 2004 en Ciudad Juárez. Identificamos a 33 mujeres por pedido de sus familiares. Por eso abrimos una oficina en México. Aquí en la Argentina también estamos trabajando en casos de femimicidios. Y estamos tratando de crear un sistema que permita relacionar casos. En la Argentina desaparece una persona en Chubut y aparece el cuerpo en Tucumán y no hay forma de relacionarlos. Hace varios años venimos tratando de convencer a los ministerios correspondientes que tienen que crear un sistema relacionado, multiprovincial que pueda cruzar datos y trabajar con mejores protocolos.

NOTICIAS: ¿Los han llamado para dilucidar cuestiones históricas más antiguas?
Fondebrider: En Australia, nos han llamado por Ned Kelly un héroe popular muy famoso, una especie de Martín Fierro del siglo XIX. Se encontraron restos hace 6 años y nuestro laboratorio de genética hizo la identificación del cadáver. También intervenimos en el caso de una de las primeras habitantes galesas de la Patagonia.

NOTICIAS: ¿Cómo se sostiene económicamente el EAAF?
Fondebrider: Con aportes del Estado argentino desde el año 2004. También aportan otros estados europeos y fundaciones norteamericanas y europeas privadas financian los diferentes proyectos. Además nos pagan cuando nos convocan para llevar adelante un trabajo y esos fondos se distribuyen en la institución. Se hace un presupuesto que cubre aspectos prácticos como pasajes, alojamiento, comida y salarios. Esto permite que a los familiares el trabajo no les cueste nada. Llevamos 35 años trabajando de esta manera y mal que bien nos hemos sostenido.

NOTICIAS: ¿Cómo se logra en un país tan variable como la Argentina la continuidad de un equipo de excelencia científica como el EAAF?
Fondebrider: Nunca tuvimos relación de dependencia con ningún gobierno. También hemos sido siempre independientes de cualquier partído político. Somos cuidadosos en el modo como utilizamos el dinero. Fuimos creciendo de a poco.

NOTICIAS: ¿Cuánto queda por hacer en la Argentina?
Fondebrider: Hemos encontrado alrededor de 1500 cuerpos en 35 años de trabajo y hemos identificado ya a 800. Durante la dictadura, los cuerpos iban a cementerios oficiales o se enterraban en algunos centros clandestinos de detención. Otros, fueron arrojados al río y al mar. En cementerios ya no tenemos cuerpos que encontrar, están todos relevados. En cuanto a los centros de detención, por ejemplo, en La Perla de Córdoba; estamos trabajando hace muchos años. De los cuerpos que fueron al mar o al río sólo aparecieron unos 70, que ya fueron recuperados. Es decir, es limitada la posibilidad de encontrar más. Eso no significa que los familiares no tengan expectativas de saber qué pasó con sus seres queridos. Falta identificar alrededor de 600 cuerpos.

NOTICIAS: Ustedes aún hacen campañas para que la gente se acerque y colabore en la identificación de estos restos.
Fondebrider: En el año 2007 conseguimos fondos para lanzar un proyecto que se llama Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas que nos permitió crear nuestro laboratorio de genética forense pero, al mismo tiempo, convocar a los familiares. Eso produjo un incremento muy grande de las identificaciones. Este año relanzamos la campaña con la esperanza de que se puedan conseguir más muestras.

NOTICIAS: En el marco de esta campaña, ¿qué necesitan de los medios hoy?
Fondebrider: Concretamente, tenemos 600 esqueletos en nuestros depósitos que están esperando ser identificados y necesitamos que quienes tengan un ser querido desaparecido por razones políticas entre 1974 y 1983, se acerquen para informarse de qué se trata. Tal vez sea la última posibilidad de identificar a estos cuerpos.

 

Un héroe colectivo
Por Felipe Celesia*

La historia del Equipo Argentino de Antropología Forense merecía contarse desde cualquier perspectiva. Ese grupito de estudiantes de la universidad pública que se había animado a buscar desaparecidos junto a un tejano de botas y sombrero, encarnaba un héroe colectivo que, con inmensas dificultades y mucho temor, había logrado restañar algo del inmenso daño social provocado por la dictadura.

No solo eran una instancia superadora de la gran tragedia argentina del siglo XX, sino también un ejemplo mundial por sus innovaciones en la investigación de crímenes de masa. En el ’84, a meses de recuperada la democracia, usaron técnicas arqueológicas para recuperar los cuerpos de las víctimas y todas las evidencias añadidas. Algo que no se había hecho nunca. Y sorprendieron al mundo de las ciencias forenses cuando en vez de mantenerse lejos de los deudos, como era de rigor entre los “expertos” de la época, los acercaron y participaron de todas las instancias y detalles, para comenzar a devolverles el derecho a saber y decidir que les habían negado.

En ese camino, identificaron al Che Guevara, desmontaron varias versiones oficiales sobre matanzas espantosas y restituyeron miles de víctimas a sus familias y comunidades. Se convirtieron sí, en el mejor equipo de antropología forense del mundo, en un recorrido sin épica, con un trabajo paciente y esforzado a largo plazo, como suelen ser en las empresas que valen la pena.

Merecían un libro que contara sus sacrificios personales, las consecuencias físicas y psicológicas de convivir con el horror y dos compromisos básicos que los llevaron a involucrarse muy jóvenes en una tarea sucia, deprimente y peligrosa: sosiego para las víctimas y juicio y castigo para los culpables.

El equipo no devuelve vida, en el mejor de los casos devuelve unos huesos con nombre. Pero trae de la desaparición a la muerte, una realidad no menos dolorosa pero con la cual podemos negociar para seguir. Sacan al ser querido de ese limbo insoportable de la desaparición y lo devuelven a dónde fue sustraído porque saben que la muerte como tal no existe, que la muerte es el olvido y contra él trabajan.

*Periodista. Autor de “La muerte es el olvido” (Paidós).