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Cultura / 10 de septiembre de 2019

Juventus Lyrica: el éxito inesperado

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Fotos: Gentileza Juventus Lyrica.

En 1998, recién egresada de la carrera de régie (dirección escénica) en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, Ana D’Anna notaba que en los escenarios de Buenos Aires no había espacio para los artistas jóvenes que se formaban en el difícil arte de la ópera. En tiempos del uno a uno el Colón contrataba a figuras internacionales mientras los cantantes locales quedaban relegados, con suerte, a papeles secundarios. Ana impulsó entonces un plan quijotesco.

Acompañada por su marido, el ex ministro Horacio Jaunarena, y por el director de orquesta Antonio María Russo, se propuso hacer ópera con gente joven y generar un ámbito para que esos artistas en formación pudieran desarrollar sus talentos en el escenario. En sus años de estudio en el Colón había conocido a varios estudiantes de canto que la animaron a encarar el proyecto. Con ese impulso, en 1999 realizaron su primera producción, “Don Giovanni” de Mozart, en el Teatro Avenida. Ana recuerda que fueron al Colón a pedir algunos objetos prestados a la dirección esceno técnica: “No teníamos nada, era minimalismo absoluto, y no sólo por una cuestión de concepto. Era la realidad”, cuenta divertida. El éxito inesperado de esa primera propuesta los animó a continuar y en aquel primer año ofrecieron cuatro títulos. Sería apenas el comienzo de esta aventura que festeja ahora dos décadas de plenitud y vigencia.

Una hazaña operística. ¿Por qué es tan asombroso que un emprendimiento como Juventus Lyrica haya logrado desarrollar su actividad sin interrupciones durante todo este tiempo? En gran parte porque la ópera es una disciplina muy costosa y deficitaria. Involucra la participación de mucha gente (solistas, coro, orquesta, preparadores) y no ha podido incorporar avances tecnológicos que permitan bajar los costos. La recaudación por la venta de entradas no logra cubrir los gastos, por lo que resulta imprescindible completar el presupuesto con otros fondos, que en el caso de emprendimientos no estatales provienen de sponsors, donantes particulares o subsidios. Si a esas dificultades se suman la incertidumbre, los conflictos y las crisis periódicas que se atraviesan en Argentina, el caso de Juventus Lyrica emerge como una hazaña descomunal.

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La clave del éxito tal vez pueda encontrarse, además de en la calidad del producto y en la eficiencia de la gestión, en los objetivos que los responsables de la organización fueron encarando. Al propósito inicial de brindar posibilidades a artistas noveles, se sumó la intención de desacralizar la ópera y derribar barreras simbólicas y elitistas para que nuevos públicos puedan disfrutar de este arte. “La vitalidad del teatro va contra todos los estereotipos. Nosotros buscamos que el espectador se pueda reflejar, que el público esté en comunión”, sostiene Ana D’Anna. En línea con esas ideas, Juventus Lyrica se propuso seducir a un segmento descontracturado por naturaleza: los adolescentes. A través de un programa destinado a colegios secundarios, la asociación invita a los estudiantes a presenciar ensayos generales. Casi 12.000 chicos tuvieron así su primer contacto con el mundo de la ópera. A esta iniciativa también se sumó un proyecto junto a la Fundación Konex para ofrecer adaptaciones para niños de obras como “El barbero de Sevilla” o “La Cenicienta”, de Rossini.

Claro que, además de los logros, la travesía de estas dos décadas implicó muchas dificultades. En ese sentido, la posibilidad de participar del programa de Mecenazgo de la ciudad ha sido fundamental para la continuidad de la organización, al igual que la flexibilidad y la capacidad para superar obstáculos. María Jaunarena, directora ejecutiva de Juventus Lyrica, hija de Ana y de Horacio, economista especializada en gestión cultural y también directora escénica, considera que “hay que tener capacidad de moverse. Nosotros hemos tenido tanto una estructura diminuta como una más amplia, hemos hecho temporadas más y menos extensas. Hay que tener la posibilidad de abrirse y cerrarse como un acordeón, según las circunstancias.”

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Los frutos del esfuerzo. A veinte años de su nacimiento, los resultados del trabajo de Juventus Lyrica son más palpables que nunca. Contra cualquier pronóstico, en esta temporada sumaron un 25% de abonados, de público nuevo. “Te das cuenta por cómo son los aplausos o porque se ríen con los chistes del libreto original”, cuenta Jaunarena, “Es gente que ve estas óperas por primera vez”.

En relación a su objetivo primordial de promoción de artistas jóvenes, hace ya tiempo que los cantantes que dieron sus primeros pasos con la asociación participan de los elencos del Colón y de otros escenarios del mundo. Un ejemplo es la soprano Virginia Tola, premiada en importantes concursos internacionales y hoy consagrada en teatros europeos. Desde Madrid, recuerda: “Ensayábamos horas y horas en el ático de la casa de Ana. Con ellos hice mis primeras actuaciones como solista y lo que aprendí allí me nutrió en mi vida y en mi carrera. Sería maravilloso que hubiera muchos emprendimientos similares por todo el país”.

María Virginia Savastano y Fernando Radó triunfaron en el certamen internacional Neue Stimmen y emprendieron sus trayectorias en el exterior después de haber asumido papeles importantes de la mano de Juventus. Ambos sostienen que esa experiencia les dio las herramientas y la confianza que necesitaban para trabajar en Europa. Otros artistas que actúan asiduamente en los principales teatros recuerdan con gratitud las oportunidades que les dio Juventus. Para el tenor Santiago Bürgi “fue la mejor escuela que pude tener. Fue salir de la fantasía de ser un cantante de ópera para empezar a convertirme en uno”. Por su parte, la mezzo Eugenia Fuente destaca, además del valor del aprendizaje, la posibilidad de “comprender la magnitud de lo que significa participar de un hecho artístico, el respeto mutuo, el rigor musical y la ausencia de divismo. Es una enseñanza para toda la vida”.

El 6 y el 7 de septiembre, varios de los cantantes que se formaron con Juventus Lyrica van participaron del gran festejo por los veinte años de la asociación en el Teatro Colón. Allí interpretaron escenas de diversas óperas para recaudar fondos para sus actividades (las entradas costaron $ 250). Y junto al público, brindaron por una larga vida para un emprendimiento que ya enriqueció y transformó la vida operística de Buenos Aires para siempre.