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Economía / 11 de septiembre de 2019

Orlando Ferreres ansía una reestructuración de deuda a la uruguaya

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El claro vencedor de las primarias, Alberto Fernández, es percibido por los mercados como el nuevo presidente, aunque no fue electo aún. Con el poder deteriorado, Mauricio Macri y su nuevo ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, deben conducir la transición.

El default de los bonos de corto plazo es de US$ 13.000 millones, que pagan 4,5% de interés, es porque no podían ser cubiertos en su plenitud. Entonces se decidió pagar el 100% a las personas físicas, que son el 15% del total de bonistas, y el resto se pagará en distintas etapas, en 30, 60 y 180 días. La característica de este default es que mantiene los montos y la tasa de interés, y solo cambia los plazos de vencimiento.

Por las deudas de mayor plazo, que llegarían a US$ 105.000 millones, se hará un acuerdo en el que cada uno tendrá que votar por categoría de bonos para reestructurar sin cambios mayores de las tasas y simplemente modificando los plazos. O sea que en este sentido la Argentina reestructurará como Uruguay en 2002. El default uruguayo fue uno de los que presentó mejor respuesta porque no trajo consecuencias económicas sobre los inversores. Acá se busca algo parecido, que deje contentos a los distintos acreedores y no presente problemas de default. Se necesitará el voto del 75% en cada bono para hacer la reestructuración o el reperfilamiento.

Lo de las letras de corto plazo pasó a ser default selectivo. O sea, es un default, pero afecta a algunos de los bonos.

Estamos con un poco de deuda y, frente a reservas relativamente moderadas, la solución más práctica es apelar a esta reestructuración que nos dejaría en una posición más realista. Claro que lo que habrá que pagar deberá abonarse en el gobierno que se haga cargo el 10 de diciembre, que puede ser el de Alberto Fernández.