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Sociedad / 23 de septiembre de 2019

Por qué tantos femicidios

Hubo cuatro asesinatos de mujeres en un fin de semana. Una especialista ensaya respuestas al horror. La violencia, en todos lados.

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De terror. Cuatro femicidios en un fin de semana disparan la pregunta: ¿qué se está haciendo?

Cuatro femicidios en un fin de semana conmovieron por el horror y la violencia. Desde Chascomús, Santa Fe, Neuquén y Lomas de Zamora fueron noticia en todo el país. Sus nombres son Navila Garay, Vanera Caro, Cecilia Burgadt y Cielo Lopez. En lo que va del año suman 223 víctimas. A los pocos días sucedió el caso de Norma Jerónimo, en Córdoba. La seguidilla de casos desafía el umbral de dolor y bronca de nuestra sociedad. En todo 2018 fueron 278 las muertes, la mayor parte de ellas invisibles, y el promedio se mantiene año tras año. No desciende a pesar de las movilizaciones por “Ni Una Menos“. ¿Por qué?

El 3 de junio de 2015 fue el primer estallido masivo contra la violencia de género. Marcó un antes y un después. Desde entonces fueron múltiples las manifestaciones del movimiento feminista en nuestro país. La violencia de la que nadie hablaba comenzó a aparecer en la agenda pública y los medios masivos junto con un pequeño cartel que recomienda que las víctimas de violencia se comuniquen a la línea 144. Las denuncias en las diferentes instituciones públicas crecieron exponencialmente. Salieron a la luz muchas situaciones, historias familiares, en la escuela, en distintas circunstancias. Todo el tiempo alguien en nuestro entorno sufre violencia, o la sufrió, está presente en nuestras vidas. Pero nadie hablaba de eso, ahora sí.

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La violencia sigue ahí y las pibas ya no están. ¿Por qué se las condena? ¿quién las asesina? La antropóloga Rita Segato insiste en que los femicidios son crímenes de poder, que buscan doblegar a la víctima, ejercer un poder sobre ella que también es una señal para otros. Es un mandato de masculinidad que utiliza la insensibilidad y que existe en individuos pero, fundamentalmente, en el colectivo social y en las instituciones. No se trata de enfermos, ni de locos. Esa explicación de sentido común que pone por fuera de los marcos aceptados de la sociedad al asesino como un desviado es una forma de no hacernos cargo y tampoco permite explicar la cantidad de muertes que se suceden año tras año.

La violencia está en todos lados. En los maltratos cotidianos, en la falta de respuestas, en la cultura que construimos y reproducimos, en la ausencia de recursos, en la desidia del Estado, en la indiferencia. También está en el silencio. Si los medios masivos de comunicación se dedicaran menos a espectaculizar morbosamente, y más a conocer los nombres de las mujeres, las pibas, las travestis asesinadas, sus situaciones de vida y derechos negados sistemáticamente, a indagar la cadena de vulnerabilidades en que se imprime tanta crueldad, quizás podríamos entender por qué la violencia estaba antes de que aparecieran sus cuerpos en los diarios. Podríamos pensar cómo intervenir a tiempo y salvar vidas. No existe un botón que apague la violencia, hay que disponerse a un cuestionamiento de la sociedad toda, de la forma en que vivimos, y accionar para cambiar tanta injusticia.

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El movimiento que se gestó a partir de “Ni Una Menos” no es un antídoto contra la violencia, porque tal cosa no existe. Pero ahí está la clave para contraponer a la pedagogía de la crueldad la empatía, la solidaridad, el cuidado mutuo. Es un movimiento que está interpelando el corazón profundo de esta sociedad para que se pregunte por qué mueren cuatro mujeres en un fin de semana. Está exigiendonos asumir la responsabilidad urgentemente, ¿qué hacemos si la violencia está en todos lados?

Algunas personas dicen que hay más femicidios desde que existe “Ni Una Menos”. Quizás sea más interesante pensar: ¿no será que, en realidad, existen más femicidios desde que empezaron a escasear los derechos, desde que se recortaron los presupuestos para las políticas contra la violencia? También debemos prestar atención a los discursos que se reproducen en los medios, lo que dicen y lo que omiten, porque también construyen sentidos de ser en sociedad y muchas veces, incluso, ejercen violencia simbólica.

Si los femicidios son expresiones de relaciones de poder, empecemos a cuestionar a las instituciones que deberían garantizar derechos y justicia. ¿Dónde está el poder y qué está haciendo? Si la violencia está por todos lados, ¿cuándo vamos a desterrarla de los ámbitos donde transitamos y existimos?, ¿cómo devolvemos a las pibas el poder que les sacaron?

*Socióloga y Coordinadora del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas.