Viernes 9 de diciembre, 2022

CULTURA | 12-10-2022 13:13

Antonio Pujía: el legado y la leyenda de un artista incansable

Los hijos del escultor trabajan para difundir y sostener la obra del reconocido maestro.

Sandro habla con las manos. Lino parece más reflexivo. Pero ambos exhiben la pasión a flor de piel que heredaron del maestro Antonio Pujía. Reconocido por sus esculturas, dibujante en sus orígenes, maestro siempre porque crear, transmitir y comunicar el arte eran impulsos que se le hacían irrefrenables.

“Era un tipo metódico y ordenado. De lunes a viernes de 8 a 20 trabajaba en su taller, ocurriera lo que ocurriera, y el sábado a la mañana recibía visitas, ocurriera lo que ocurriera. Producía todo el día porque le nacía producir” recuerda Lino.

Antonio Pujía

Sandro asiente y agrega: “La historia de mi papá hoy sería ejemplo de emprendedurismo. Llegó de Italia a los 7 años con nada, sin siquiera hablar castellano, y siempre, irrefrenablemente, hizo su camino. Tenía ya su norte desde muy pequeño”.

Mientras su padre insistía en que fuera contador, Antonio encontró la complicidad de su madre para anotarse a escondidas en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, y ya nunca dejó de estudiar y de enseñar.

Fue docente de todas las escuelas en las que estudió porque estaba convencido de que “somos eslabones en la larga cadena del conocimiento y es nuestra responsabilidad hacer que no se rompa“.

Antonio Pujía

Trabajaba con técnicas que se remontan a los antiguos griegos, y “tenía una enorme coherencia emocional consigo mismo y con los demás. Por eso me parece interesante encontrar gente joven que lo estudia y que inmediatamente lo venera”, se emociona Lino.  

Réplicas de la obra “Eterna Primavera” de Antonio Pujía fueron recientemente las estatuillas de los Premios Nacional Clásica, reconocimiento a grandes figuras de la música y la cultura que tienen como embajadores a Marta Argerich y Gustavo Santaolalla, quien

recordó una anécdota donde se mezclaron Pujía, Mercedes Sosa, León Gieco, Milton Nascimento y, claro, él mismo en el taller del maestro. Y donde Santaolalla le mostró a Mercedes Sosa la canción Río de las Penas, que fue luego grabada en una sesión en vivo. Un tributo a la memoria y la obra de Pujía que será expuesta en brevedad en un museo porteño

 

 

 

 

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