CULTURA | 26-08-2020 10:56

Julio Cortázar según Jorge Luis Borges

Cómo se conocieron y cuál fue el cuento del autor de “Rayuela” que más lo impresionó.

El “lector” Borges, el hombre que podía descubrir un giro o un punto de vista en las narraciones de otros escritores siempre original o impensado (y siempre en conexión con su propia escritura), produjo algunos de sus textos más brillantes.

Una muestra de esta capacidad de leer de Borges, se encuentra en los Prólogos que escribió para una colección que editorial Hyspamérica le encargó y que empezó a salir en 1985. La idea era lanzar 100 libros elegidos por él, antecedidos por un texto explicativo de su propia pluma. No llegaron a ser tantos los volúmenes. Sólo se publicaron 66, pero allí están algunos de los grandes clásicos de todos los tiempos y también los autores favoritos de Borges.

Julio Cortázar fue uno de los elegidos y el volumen correspondiente se tituló “Cuentos”.

Aquí consignamos ese prólogo (en la versión que se publicó en esa “Biblioteca personal”) en el que Borges habla de “Casa tomada”, el relato más famoso de Julio Cortázar.

“Hacia mil novecientos cuarenta y tantos, yo era secretario de redacción de una revista Literaria, más o menos secreta. Una tarde, una tarde como las otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me trajo un cuento manuscrito. Le dije que volviera a los diez días y que le dada mi parecer. Volvió a la semana. Le dije que su cuento me gustaba y que ya había sido entregado a la imprenta. Poco después, Julio Cortázar leyó en letras de molde "Casa tomada" con dos ilustraciones a lápiz de Norah Borges.

Pasaron los años y me confió una noche, en París, que ésa había sido su primera publicación. Me honra haber sido su instrumento. El tema de aquel cuento es la ocupación gradual de una casa por una invisible presencia. En ulteriores piezas Julio Cortázar lo retomaría de un modo más indirecto y por ende más eficaz. Cuando Dante Gabriel Rossetti leyó la novela “Cumbres borrascosas” le escribió a un amigo: "La acción transcurre en el infierno, pero los lugares, no sé por qué, tienen nombres ingleses". Algo análogo pasa con la obra de Cortázar. Los personajes de la fábula son deliberadamente triviales. Los rige una rutina de casuales amores y de casuales discordias. Se mueven entre cosas triviales: marcas de cigarrillo, vidrieras, mostradores, whisky, farmacias, aeropuertos y andenes. Se resignan a los periódicos y a la radio. La topografía corresponde a Buenos Aires o a París y podemos creer al principio que se trata de meras crónicas. Poco a poco sentimos que no es así.

Muy sutilmente el narrador nos ha atraído a su terrible mundo, en que la dicha es imposible. Es un mundo poroso, en el que se entretejen los seres; la conciencia de un hombre puede entrar en la de un animal o la de un animal en un hombre. También se juega con la materia de la que estamos hechos, el tiempo. En algunos relatos fluyen y se confunden dos series temporales. El estilo no parece cuidado, pero cada palabra ha sido elegida. Nadie puede contar el argumento de un texto de Cortázar; cada texto consta de determinadas palabras en un determinado orden. Si tratamos de resumirlo verificamos que algo precioso se ha perdido”.

 

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