Martes 27 de julio, 2021

CULTURA | 01-05-2021 09:02

Justo José de Urquiza y las dos caras del personaje más contradictorio de la historia

Traidor o padre de la Constitución, caudillo o liberador de la tiranía: el entrerriano es una de las figuras que más polémica generan. Opinan Pacho O'Donnell y Florencia Canale.

La pluralidad de ideas acerca del concepto de desarrollo y progreso para una Nación siempre generó miradas enfrentadas que signaron los destinos de la patria. En el aniversario número 170 de su histórico pronunciamiento, Justo José de Urquiza ha sido uno de los personajes más influyentes del siglo XIX en este aspecto. Recordado, principalmente, por haberle puesto fin al gobierno rosista tras dos décadas, no logró escapar a una visión contradictoria que se tuvo sobre su accionar. De cómo tenerlo todo para llevar adelante su pensamiento hasta la sensación de quedarse a mitad de camino por priorizar sus intereses personales.

Urquiza nació y murió en Entre Ríos, provincia que gobernó durante tantos años (1842-1870) y que lo vio consolidarse como un hombre de gran poder y fortuna. Fue un militar habilidoso, gran estratega que tejió importantes alianzas y condujo los destinos de su territorio con grandes éxitos.

Fue un caudillo por naturaleza, comprometido con muchas causas que las provincias tenían en su disputa con Buenos Aires. Además, un hombre que, a partir de cuestionadas habilidades, pudo forjar una riqueza que lo llevó a vivir una vida lujosa y hacerse dueño de casi toda la región del Litoral. Ese bienestar fue innegociable y motivó a replantearse si Urquiza pudo ser catalogado en algún momento como “traidor” a sus principios y valores o bien que el contexto lo sobrepasó y su desgaste se hizo tan visible que le fue imposible continuar con lo planificado. Mario Ernesto O´Donell (más conocido como “Pacho”), reconocido escritor e historiador, sostiene al  respecto que “para hablar de Urquiza hay que hablar de que era un hombre con gran ambición económica que lo llevo a cometer grandes pecados que la historia se los perdona como a todos aquellos que han estado en contra de Rosas”.

Alberto Lettieri, historiador y docente de la UBA, agrega, por su parte, que “lo que intentó llevar a la práctica fueron las ideas de Alberdi en el sentido de generar un orden basado en un texto constitucional, que fuera una muestra de civilización. Que la misma sirviera como una carta de presentación en el contexto internacional”.

Urquiza alcanzó su punto máximo en la Batalla de Caseros, ocurrida el 3 de febrero de 1852, cuando lideró al Ejército Grande, compuesto por las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, junto a fuerzas de Brasil y Uruguay, y vencío a las tropas de Buenos Aires para ponerle fin al mandato de Juan Manuel de Rosas tras 21 años (1828-1832 y 1835-1852). O´Donell señala que “Urquiza quedó dueño de la situación en Buenos Aires y llamó al Congreso Constituyente. Buenos Aires se resistió al acuerdo que estableció Urquiza con las demás provincias. Eso lo impulsó a estar en contra de Buenos Aires”.

Florencia Canale, periodista y escritora (autora del libro “Salvaje, Urquiza y sus mujeres), reivindica la figura del líder entrerriano. Si bien lo define como un “hombre con contradicciones”, asegura que “es el impulsor de una Constitución que venía rondándoles en la cabeza a los argentinos durante tanto tiempo. Se lo acusaba de llevar adelante un rosismo a la Urquiza. Esto que él había volteado en el 1852, fue la acusación que utilizaron con Urquiza luego y pasó a ser una suerte de tirano reposicionado”.

La figura de Urquiza despierta y genera eso. Encuentros y desencuentros de un hombre que marcó una etapa central de la historia de nuestro país gracias a ser el artífice de la creación de la primera Constitución Nacional en 1853, pero que no escapa a esa insistencia de establecer grietas en todo sentido. Quizás ciertas actitudes que tuvo si llevan en este caso a justificar esta interpretación ambigua sobre su persona. Y ese cuestionamiento principal surge a raíz de haber abandonado a su Ejército en plena Batalla de Pavón frente a Buenos Aires, en el año 1861.

“La decisión de dar un paso al costado en la batalla de Pavón tiene que ver con las definiciones que se toman con el capital internacional para garantizar el orden interno y acabar con las guerras civiles. A Urquiza se le garantiza su condición de propietario e incluso la posibilidad de mantener su ejército como seguro de su provincia a cambio de dar un paso al costado y entregar el partido federal a un proceso de represión violenta”, reflexiona Lettieri. Y sigue: “En realidad es uno de los primeros genocidas que registra la historia nacional en términos de definición. No me cabe duda que no le queda otra palabra más que traidor”.

Canale, por su parte, se sitúa en la vereda opuesta. “Yo no creo que el traicionó sino que a él lo traicionaron. Precisamente, el ansia voraz de Buenos Aires como emblema del centralismo lo complica y por eso le entrega el poder a Mitre teniendo la batalla ganada. La historia argentina del siglo XIX es a sangre y traición sin parar. Somos amigos hasta que un día te sorprenden por atrás”.

Esa situación de “abandonar el barco” antes de tiempo puso en conflicto a nivel moral lo realizado por Urquiza. Si sus intereses personales pudieron más que los valores que impulsaba el federalismo o bien si prefirió conservar su poder y propiedades ante la amenaza permanente de Buenos Aires.

Canale amplía al decir que “Urquiza se retira del territorio político porque estaba cansado, precisamente, de sentirse traicionado, de haber sido bastante leal a su causa. No estamos hablando de un hombre ingenuo sino de un tipo que sabía lo que era la política”. Sin embargo, O´Donell aclara una particularidad muy precisa: “Traiciona el reclamo de los caudillos cuando le reclaman a Urquiza que tiene la autoridad y también los fondos necesarios para la resistencia. Da esperanzas que cuando llegue el momento va a ir para adelante, que los apoya, que iba a ponerse al frente mientras negociaba con Mitre no salir mal parado de esa situación”.

El 17 de septiembre de 1861 marcó el momento en que Urquiza empezó a ser fuertemente cuestionado. Aún con superioridad numérica y con el triunfo casi asegurado en la batalla de Pavón, eligió retirarse del centro de la escena y volver a su provincia natal. Atrás quedaron la confianza de los caudillos depositada en él y los logros que consiguió como político, dando lugar a que la historia lo comience a juzgar de una manera bastante contradictoria, acorde a como era su personalidad.  

*Florencia del Vecchio es alumna de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

por Florencia del Vecchio

Galería de imágenes

En esta Nota

Comentarios