jueves, noviembre 14, 2019

CULTURA | 08-11-2019 15:00

La caída del Muro de Berlín desde adentro: la memoria transformada en literatura

La escritora argentina Liliana Villanueva acaba de publicar Otoño alemán, libro donde relata cómo fue ser parte de un momento decisivo para el mundo.

La mañana del 9 de noviembre de 1989 se redactó una nueva Ley de Viajes en Alemania del Este, en donde se permitía un “pase” especial para visitar la parte occidental de Berlín, la ciudad dividida por un a muralla durante la denominada Guerra Fría que tenía a Estados Unidos y Rusia como protagonistas. La ley, que se aprobó ese mismo día, debía ser comunicada durante la jornada siguiente a las 4am. Sin embargo, un ministro soviético leyó la noticia en una conferencia de prensa nocturna, creando una conmoción en ambos lados del Muro de Berlín.

Liliana Villanueva, escritora argentina, se encontraba en la ciudad en esa época y logra reconstruir en su libro Otoño alemán (Blatt & Ríos, 2019) los días de estupor que se vivieron en una sociedad todavía aturdida por los acontecimientos históricos. Escribe la autora en una de sus relatos que coquetean con la crónica y la memoria autobiográfica: “El mundo cambió tanto en estos pocos días que cuando nos miramos buscamos los cambios también en nosotros”.

Con la precisión que la caracteriza, la cual ya se pudo comprobar en su anterior libro de crónicas Sombras rusas, así como en otros títulos como Maestros de la escritura Lloverá siempre: las vidas de María Esther Gilio, Villanueva afina la visión y la percepción para captar detalles en medio de los acontecimientos. Con una combinación precisa de datos históricos y vivencias personales, la escritora sabe correrse de la escena para transmitir lo imprescindible. "Todos y cada uno de los que vivieron ese acontecimiento puede contar una historia diferente, con semejanzas por supuesto, pero personalísima", señala desde Berlín en diálogo con NOTICIAS la autora que en la actualidad vive entre Buenos Aires y la capital alemana .

A través de 33 relatos divididos en tres partes, el lector recorre mediante un plano subjetivo la historia reciente del mundo a partir de personajes de la vida cotidiana que agregan color y calidez a los elementos más duros que componen toda reconstrucción. “Desde hace dos años vivo en dos idiomas, no siempre encuentro la palabra justa para cada cosa”, se confiesa Villanueva al principio del libro contando su reciente mudanza. Luego de leerlo por completo, nos damos cuenta que pudo resolver ese problema con creces.

Noticias: ¿Qué recuerdos tiene de aquella época? ¿Cómo le impactó estar en ese momento histórico?
Liliana Villanueva: Mis recuerdos son en gran parte visuales, como la imagen de las hojas secas en el último escalón de la escalera mecánica con la que arranca Otoño Alemán. Fue por esa imagen, que me persiguió durante décadas, que empecé a escribir el libro, sin pensar que el tema del muro ocuparía tal protagonismo. Pero también estaba el recuerdo de la llamada de teléfono con la noticia de que había "caído" el muro, recibirla estando acostada sobre un colchón de agua y todo lo que siguió. Lo especial de haber vivido un momento histórico de esa magnitud es que te hace percibir la realidad de una manera más viva, con alta definición por llamarlo de alguna manera, te sacan de tu pequeña vida personal y te dan una noción del mundo con mayor profundidad. Todos y cada uno de los que vivieron ese acontecimiento puede contar una historia diferente, con semejanzas por supuesto, pero personalísima según cómo vivió esa noche, los días y meses que siguieron.

Lo especial de haber vivido un momento histórico de esa magnitud es que te hace percibir la realidad de una manera más viva

Noticias: A 30 años de la caída del muro, ¿cómo se vive ese recuerdo en Berlín en la actualidad?
Villanueva: Los berlineses tienen ahora otras preocupaciones no menos políticas y existenciales, como el problema de la vivienda. En parte debido a la enorme destrucción de las grandes ciudades durante los bombardeos de la Segunda Guerra, el Estado (a uno y otro lado) tuvo que resolver problemas tan básicos como dar techo en corto plazo a millones de personas para evitar levantamientos sociales. Alemania se convirtió en una sociedad de inquilinos y Berlín en una ciudad de alquileres baratos. Esto cambió con la apertura del muro. En este largo proceso de tres décadas las propiedades pasaron de manos con el beneplácito de los sucesivos gobiernos de derecha, izquierda y verdes, a tal punto que no se sabe a qué empresa anónima o ficticia internacional estás pagando el alquiler de tu casa. La pregunta es si la vivienda es un derecho básico y a quién le pertenece Berlín. No hay una política de viviendas sociales como había en los setenta, mucha gente duerme en las calles a temperaturas bajo cero, estaciones de subte se transforman en albergues para los sin techo. Se dan casos en que la gente tiene trabajo pero no tiene casa. 

Liliana Villanueva Otoño Aleman

Noticias:¿Qué desafío te llevó escribir estas crónicas desde la actualidad?
Villanueva: Pensaba escribir un libro de crónicas urbanas en la tradición de las Crónicas berlinesas de Joseph Roth o los recuerdos de su infancia en Berlín de Walter Benjamin (quizás su obra más personal) pero, salvando las distancias, me salió otra cosa. Otoño alemán no es un libro de crónicas porque los textos no se entienden por separado. Se puede leer como novela de no ficción, como testimonio personal o como un viaje. Técnicamente es una “escritura testimonial de viaje”.

Noticias: En esa dirección, ¿la memoria impulsa a la escritura o viceversa?
Villanueva: Es un doble proceso: una imagen, una voz, un personaje impulsan la escritura, pero al escribir la atención continuada de un recuerdo estimula la memoria así que vuelven los detalles que creías olvidados. Cuando la memoria se transforma en palabras se fija el recuerdo, y lo que es más importante, la historia se pone a disposición de otros, de lectores que incorporan para sí esa memoria que es personal (y no de manual) y le da voz a la experiencia del hecho histórico.

Cuando la memoria se transforma en palabras se fija el recuerdo, y lo que es más importante, la historia se pone a disposición de otros

Noticias: ¿Cómo definirías a Berlín como ciudad? ¿Qué grandes cambios ves desde 1989 a la actualidad?
Villanueva: Berlín fue siempre una ciudad abierta, aún cuando estaba rodeada por un muro o bajo el régimen comunista. Su centralidad con respecto a otros países de Europa la convierte en puerta, en puente, en puerto. Por aquí pasaron y vivieron desde Nabókov y Marina Tsvietáieva hasta Svetlana Alexéievich o Ai WeiWei y son históricas las comunidades rusas, vietnamitas, turcas o libanesas... Al mismo tiempo Berlín se renueva generacionalmente cada año con miles de jóvenes que vienen de toda Alemania y del mundo, como una diva ávida de sangre nueva. 

Noticias: En un momento, escribís: "El mundo cambió tanto en estos pocos días que cuando nos miramos buscamos los cambios también en nosotros". ¿Cómo es para vos ese vínculo entre lo social y lo íntimo? 
Villanueva: Hay que ser muy autista para que lo social o histórico no repercuta de alguna manera en la vida privada. Cuando mi amigo berlinés oriental vino a visitarme a pocos días de la apertura del muro intenté ponerme en su lugar para comprender qué significaba para él pisar por primera vez la parte prohibida de la ciudad, su ciudad, ver con la mirada del Este el mundo capitalista y de fácil consumo en el que yo vivía y él nunca había estado. Y, sin embargo, encontramos muchas afinidades, gustos e ideas comunes, como decía Kapuscinski, la dimensión humana más allá de la raza o la cultura.

Liliana Villanueva

Noticias: Además de este libro, en Sombras rusas también se puede ver tu interés por retratar culturas que parecen tan lejanas para el ojo argentino promedio. ¿Qué te permite la crónica como herramienta literaria?
Villanueva: Cada vez que un argentino o rioplatense se enteraba que había vivido en Moscú me preguntaba cómo era vivir en Rusia, cómo era hablar el idioma, vivir entre rusos, cómo soportar el frío. De ese interés, por esa curiosidad, surgió Sombras rusas. Antes escribía largas cartas, cuadernos y diarios  de viajes, crónicas para agencias periodísticas, pero me parecía que la tan mentada objetividad y el largo de las notas me ponía demasiados límites y volvía seca la crónica. En una época en que la información está al alcance de todos y el turismo depredador repite fórmulas, la crónica, y sobre todo el libro de viaje, permite una mirada más personal, más relajada y de mayor profundidad.

En una época en que la información está al alcance de todos y el turismo depredador repite fórmulas, la crónica, y sobre todo el libro de viaje, permite una mirada más personal, más relajada y de mayor profundidad.

Noticias: En reiteradas ocasiones, y en el prólogo de Las clases de Hebe Uhart, mencionó que usted no tenía pensado en ser escritora ni publicar un libro. Ahora, con 4 títulos en tu haber, ¿cómo vivís ese proceso?
Villanueva: Publiqué mi primer libro en Alemania en 2009, una tesis doctoral en alemán. Terminar con ese proyecto, que me llevó 7 años de investigación y un año y medio de escritura, me dio la seguridad o la tranquilidad de que podía contar una historia y publicarla entre dos tapas. Después de esa tesis y de participar en diversas antologías de viajes en España, publiqué 5 libros en Buenos Aires, Montevideo y La Habana. Pero aún no me veo como escritora. Sí siento una responsabilidad hacia los lectores y lectoras, además de la alegría que me produce escribir.

Noticias: La figura de Hebe Uhart viene en ascenso dentro de la literatura argentina. ¿Qué recuerdos tenés de sus talleres y de ella como persona? 
Villanueva: A Hebe la recuerdo como a una maestra, a veces con un perfil de directora de escuela. En algún momento Hebe me “adoptó” (por favor, respetar las comillas), al punto de estar preocupadísima cuando decidí irme al África con el plan de quedarme a vivir en Dakar. Ella temía que me secuestraran e intentó por todos los medios impedir mi viaje. Tuve que escribirle mails cada día desde Senegal para tranquilizarla. 

 Los muros dividen sistemas, protegen o separan familias, nunca son la solución al problema sino la concreción física de la impotencia política, del miedo.

Noticias: Retomando Otoño alemán, habiendo vivido la experiencia de un muro fuerte y también de uno que se derrumba, ¿qué pensás respecto a que en la actualidad los muros se sigan pensando como soluciones?
Villanueva: La muralla china se construyó por una razón defensiva. Aunque con el mismo argumento, el muro de Berlín se levantó para que el sector ocupado por los soviéticos no se vaciara de gente, que emigraba cada día a otros sectores. Cuarenta años más tarde y con el mismo temor del gobierno comunista, se hizo un decreto urgente para su apertura. Los muros dividen sistemas, protegen o separan familias, nunca son la solución al problema sino la concreción física de la impotencia política, del miedo. Muchas veces no son más que la materialización de una profunda ignorancia.

Noticias: Por último, ¿qué desafíos pensás que tiene la literatura en la actualidad ante la competencia constante de múltiples pantallas y textos escritos?
Villanueva: La escritura (no me gusta hablar de literatura) ofrece un terreno difícil de conquistar por otros medios que por lo general tienden a la dispersión, al entretenimiento, u ofrecen información sin conocimiento. El problema actual es el de la falta de atención. Sin atención continuada no hay conocimiento en profundidad. Yo me alejé del periodismo (y cada vez me interesa menos leer periódicos o revistas) porque se googlea demasiado, se usan hasta el hartazgo lugares comunes, no hay ideas nuevas, se copian unos a otros, se repiten. No creo que se pueda ofrecer un texto de valor, que te modifique o te emocione de verdad en 60 líneas. Mientras existan personas curiosas y lectores ávidos de saber se seguirán publicando libros.

 

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Gustavo Yuste

Gustavo Yuste

Periodista de Cultura

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