Martes 7 de abril, 2020

CULTURA | 23-03-2020 10:47

Murió Sergio de Loof, el artista esencial de los '90

Tenía 57 años y en diciembre inauguró una retrospectiva en el Museo Moderno. Creador de los boliches Bolivia y Morocco, también hizo arte con la moda.

Hacía un mes que Sergio De Loof estaba internado por un shock séptico, y murió hoy en medio de la parálisis general por la pandemia. El hombre que le dio vida y libertad a la noche de los noventa, había recibido un justo homenaje, en diciembre pasado, cuando el Museo Moderno, exhibió una retrospectiva que tuvo muchísimo suceso. La muestra se llamó “¿Sentiste hablar de mí?” y gente de la moda, celebrities, artistas, performers, empresarios y socialités se acercaron para rendirle tributo a este creador inusual, inclasificable, pero esencial para la movida cultural de Buenos Aires, en la década posterior al fin de la dictadura.

La obra más evidente de Sergio De Loof consistió en un conjunto de boliches que lo tuvieron como gestor y ambientador. Se llamaron Bolivia, El Dorado, Morocco y Ave Porco, sitios donde la propuesta de dancing y tragos trascendía por completo a la de una disco común. Eran espacios barrocos en su decoración, cruzados por el arte, la diversidad de género y el espíritu inclusivo. Muchos porteños vieron en ellos por primera vez a una drag queen y bailaron en pistas que reunían a heteros y gays en absoluta armonía. Allí también, quedaban suspendidos conceptos conservadores como belleza y fealdad o buen vestir, porque todo ser humano, cualquier fuera su estilo, era asimilado rápidamente a la estética disruptiva del lugar.

El otro centro de la obra de De Loof fue la indumentaria, con el desfile como performance favorita. Su ropa explotaba las nociones moda, lujo y elegancia y estaba realizada siempre con materiales de descarte: diarios, papeles, plásticos o prendas recicladas, amontonadas en capas o en combinaciones imposibles. En sus desfiles, a veces multitudinarios, intervenía la gente común, los cuerpo sin norma. De Loof decía que su intención era “crear un arte y una moda hermosa para pobres y feos”.

“Otro rasgo fuerte de su obra que se ve en los boliches que creó es una visibilización de disidencias sexuales, de una sensibilidad minoritaria -definió en ese momento Lucrecia Palacios, curadora de esa muestra-. Los que participaban, en los '90, no lo entendían en lo más mínimo todavía como un activismo. Aunque muchos de ellos en los 2000 tendrían una militancia en este sentido”.

Tenía 57 años y su mayor felicidad era haber puesto su grano de arena para la apertura y libertad que vivió la Argentina en materia de género en las últimas décadas.

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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