Martes 1 de diciembre, 2020

CULTURA | 20-10-2020 09:32

Poetas en la cárcel: “Desde este infierno se puede hacer la diferencia”

Una editorial nacida tras las rejas es la consecuencia de un trabajo de formación para hacer de la literatura y la filosofía una ventana diferente hacia el mundo.

Cuenteros, Verseros y Poetas es una editorial activa desde hace 10 años, que ni los motines ni el COVID pudieron frenar. Borges, Arlt, Descartes, Kant, Marx, y Heidegger son algunos de los nombres que se estudian e indagan en la Unidad de Máxima Seguridad N° 23, del Pabellón N° 4 de Florencio Varela.

Es miércoles, son las once de la mañana. Ya están impresos los cuentos y las poesías. También hay manuscritos en cuadernos con espirales. Los autores de las obras, los internos, almorzaron antes, porque hasta las 16 horas se compartirán, con emoción, lecturas propias y ajenas.

Alberto Sarlo es escritor, abogado, docente y el impulsor de este proyecto, que lleva adelante ad honorem. Considera a ciertas ramas de la abogacía cómplices de la explotación y destrato en las cárceles y creyó que talleres de pensamiento y arte era lo indicado. “Andá donde nadie quiere ir, a Florencio Varela”, le dijo un amigo del Ministerio de Justicia cuando le contó su idea.

Al principio eran cuatro o cinco personas que se acercaron. Hoy participa todo el pabellón compuesto de cincuenta y seis internos. La editorial publicó más de 14 libros y 3 fanzines. Cada edición tuvo dos mil ejemplares, lo que representa 28 mil libros en 10 años, donados a comedores de Quilmes, Florencio Varela y a la Cárcel de Mujeres de Olmos, entre otros lugares.

En 2014 presentaron en la Feria del Libro de la Ciudad de Buenos Aires, el libro "Desde adentro" con narraciones carcelarias en primera persona. Al año siguiente, vio la luz "Juguetes perdidos", cuentos testimoniales sobre vivencias en Institutos de menores.

En noviembre de 2017 salió a la calle, “Borges habla el silencio”, recopilación de cuentos realizada luego de leer la obra completa del autor. “Los chicos seleccionaron algunos cuentos, experimentando con ellos, cambiando personajes y contextos, para armar algo nuevo”, cuenta Sarlo. “Ni una menos en el Pabellón 4”, se publicó en 2018, con ficciones que intentan combatir el machismo imperante en el ámbito carcelario y en la sociedad.

En el pabellón contamos con una biblioteca de más de mil libros, computadoras y una impresora de última generación”, cuenta el docente. Destaca que tanto la biblioteca como las computadoras y las impresoras se encuentran dentro del pabellón de Máxima seguridad, a diferencia de todas las demás bibliotecas de cárceles del país. “La nuestra no está en el área de educación que siempre se encuentra a cientos de metros, con varios controles de guardiacárceles, o sea, inalcanzable”. Aclara que el pabellón 4, es de "Población", que en la jerga carcelaria significa que es el lugar adonde mandan a los más peligrosos y marginales. “Mis alumnos son los hijos de los marginales de los '90”, dice.

El curso de Filosofía está en pleno desarrollo y en los últimos meses se estudió a Descartes, Kant, Hegel, Marx, Heidegger , Horckheimer y Adorno. Este mes quieren llegar a Foucault. En 2019, con escritores privados de la libertad publicaron "La Filosofía no se mancha 2", un libro sobre cuentos. “La filosofía no se mancha 1” salió en 2012. Todo el material publicado se encuentra en cuenterosyverseros.com.ar.

Desde este infierno se puede hacer la diferencia”

Sarlo asegura que no trabaja para rehabilitar a nadie, ni tampoco realiza la tarea desde un colonialismo cultural o moral. Pero desde los talleres surgieron escritores, poetas y aficionados a la filosofía. “Después de estos años estoy capacitado para hacer el mal pero también el bien a través de la pluma, y aprendí que desde este infierno se puede hacer la diferencia”, dijo un interno en plena clase. Momento captado por el director Diego Gachassin, para el Documental “Pabellón 4” que puede verse en CINE.AR

Las clases son asamblearias y se discuten ideas y conceptos. “Luego de 10 años la alfabetización corre por cuenta de los mismos alumnos con quienes se armaron distintos grupos de trabajo. También son ellos mismos quienes realizan la corrección de los cuentos (nunca intervenimos la obra de los autores) y son quienes definen cuales cuentos son subidos o no a internet”.

El equipo de trabajo está compuesto por dos ex alumnos del Pabellón, Carlos Mena y Brian Calla. Carlos era analfabeto funcional, significa que aprendió a leer pero no escribió durante décadas. En un fragmento de su próximo libro “La docencia y el territorio”, Sarlo cuenta que el joven se presentó a sus clases con la idea secreta de fugarse. “Las primeras clases chocamos y discutimos fuerte. Decidió entrenarse para vencer en las batallas dialécticas. A los pocos meses comenzó a leer y a comprender infinidad de obras de literatura, filosofía y teatro. Le picó el amor a la lectura y pasó de alumno a docente y yo de docente a alumno”.

El texto narra el momento donde un chiquito ciego de un comedor adonde habían llevado los libros le agarrra de la mano a Carlos y le dice que si él era el escritor, que le leyera un cuento de su libro. “Carlos emocionado le leyó su cuento. Pudo haberse fugado, pero no lo hizo. No se fugó porque supo en ese momento que él era un escritor y que la escritura le cambiaría la vida”.

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por Adriana Vanoli

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