Lunes 26 de octubre, 2020

CULTURA | 02-09-2020 14:48

Rosa Montero: “Podemos soportar todo, es nuestro éxito como especie”

Una charla virtual con la escritora española donde habla de todo: la vida y la muerte, la pandemia, la corrección política y la revolución feminista.

Un hombre destrozado, sin nada que esperar ya de la vida, decide bajarse de un tren en cualquier parte y lanzarse a la muerte, o empezar de nuevo, de cero. Así comienza la última novela de Rosa Montero, “La buena suerte” (Alfaguara), la número 16 según los cálculos de la escritora, que lleva décadas alternando la escritura de ficción con los artículos periodísticos en los diarios de su país, España.

En una charla virtual, Rosa habló con NOTICIAS del libro, pero también del virus (que padeció), la situación de los escritores, la cultura de la cancelación y el feminismo. Como siempre, un diálogo a fondo, con la profundidad y el sentido del humor que la caracterizan, mientras espera volver a recorrer en vivo, “mi querida Feria del Libro de Buenos Aires”.

NOTICIAS: En sus novelas los personajes tienen un pasado y están tratando de rearmarse para una segunda etapa de la vida.

Rosa Montero: Me he dado cuenta de que siempre escribo novelas de supervivientes, de redención. Y aunque mis historias parecen todas muy distintas, he descubierto que tienen una estructura semejante. Empieza la novela con un personaje en un estado calamitoso, que arrastra algo oscuro, que odia a la humanidad porque se odia a sí mismo y tiene miedo de sus propias emociones, de su propia necesidad. Y al final hay un momento de redención, donde de alguna manera se perdona, cubre su culpa -la culpa que sea, inventada o real- y termina la novela conociéndose bastante más, en una posición mejor. Uno de los elementos importantísimos en esa redención, es que a lo largo de la novela se van haciendo una “para-familia”. Una “para-familia” de monstruos, de personas que son heterodoxas, que no tienen valor socialmente y que, sin embargo, la novela se encarga de mostrar que son mucho más valiosas que los personajes de poder. Este modelo se repite, pero queda enmascarado porque las novelas son aparentemente muy distintas. Ni yo misma me había dado cuenta hasta hace dos años. Cuanto mayor soy, más claro tengo que el ser humano tiene una capacidad de resistencia, de supervivencia, de adaptabilidad, tan increíble; que esa es la base de nuestro éxito como especie. Y gracias a ese éxito nos hemos convertido en un virus para el planeta. Dice un viejo dicho castellano: que dios no te mande todo aquello que puedas soportar. Porque podemos soportar todo. Celebro esta capacidad del ser humano. “La buena suerte” habla de esto de una manera extrema. La novela empieza con un personaje que hace algo insólito que no se entiende.

NOTICIAS: Se baja de un tren en una estación cualquiera. ¿Quién no pensó alguna vez en hacerlo?

Montero: Él se queda en un lugar espantoso. Un sitio que es el simbolo del fracaso y del horror. Pero es verdad, quién no ha sentido el deseo de ser otro. Es que nuestra vida personal es un encierro, porque todos venimos al mundo con miles de proyectos, posibilidades, planes de futuro. Y luego, a medida que vamos creciendo, el tiempo nos va podando y quitando todas esas ramitas y terminamos con una sola vara que es nuestra existencia. Por muy grande que sea, es una cárcel, porque es infinitamente más pequeña que todas nuestras posibilidades y nuestros deseos. Mi personaje en realidad viene de una catástrofe, de un apocalipsis, se le ha hundido el mundo. Ni siquiera está huyendo. No está. Está deshecho. De la misma manera que se baja del tren, se ha apeado de la vida. La vida pasa por delante de él.

 

La buena suerte de Rosa Montero

 

NOTICIAS: ¿Cómo está viviendo la situación que planteó la pandemia? En España están superando lo peor. Además, es verano.

Montero: Estamos saliendo, pero nos van a volver a confinar. Estamos en un segundo rebrote. Es todo una catástrofe. Lo estoy viviendo con mucha tristeza. Creo que todos, en todo el planeta, estamos viviendo una especie de shock post-traumático. Intentamos adaptarnos a esta realidad que es completamente misteriosa. Todavía nos queda muchísimo. Yo me enfermé en febrero, fue súper leve. Un solo día de fiebre y tres días de mucho cansancio. Me la contagió “Lucho” (Luis) Sepúlveda, el escritor chileno, que se murió, pobrecito mío, por el coronavirus. Se me estropeó el pelo por completo, está seco como sin vida. Es una de las secuelas del Covid, increíble. No sabemos nada de este maldito virus. Y nos queda la resaca brutal del hundimiento económico. Tenemos que apostar por esa esperanza en nuestra resistencia y nuestra capacidad para reinventarnos. Tenemos que apostar por nuestra capacidad para aprender algo de esto.

NOTICIAS: ¿Se queda mucho en su casa o sale?

Montero: Estoy saliendo con muchísima prudencia y aprovechando para ver a los amigos porque tal vez nos vuelvan a confinar. Veo bastante a los amigos, de uno en uno y de dos en dos, en terrazas, siempre al aire libre. Todos los días veo a alguien normalmente. Y el confinamiento no está tan mal. Yo me paso la vida encerrada y me encanta. Cuando puedo me voy a un apartamento, que es mi rincón secreto, y me encierro ahí cuatro semanas. No hablo con nadie. Me llevo a mis perras, escribo y leo, feliz como una perdiz. Pero este año no es así, porque llega hasta tí la angustia y el dolor del mundo, entonces no estás bien, ni relajada ni disfrutando. Estás viviendo esa herida colectiva de todos.

NOTICIAS: ¿Tiene una rutina cotidiana de escritura?

Montero: Soy muy disciplinada, si no no podría ser novelista. Necesitas ser tan tenaz como una estalactita para ser novelista, pero no soy nada rutinaria. Primero, se escribe dentro de la cabeza. Entonces, de los dos o tres años que tardo en escribir una novela, me paso la mitad de ese tiempo desarrollándola mentalmente. Y en cuadernitos donde tomo notas a mano. Cuando ya la tengo desarrollada en papeles y hago organigramas, ahí es cuando me siento en el ordenador y arranco. También escribo artículos para el periódico, uno a la semana. La segunda parte de la escritura de las novelas, la hago en el ordenador. Dura un año y medio, o algo así. En esa fase segunda es importante viajar lo menos posible, estar concentrada para poder escribir todos los días.

NOTICIAS: Cuando se sienta a escribir, ¿ya no cambia nada?

Montero: Antes de sentarme tengo que tener un plano total de la novela. Hago un rompecablezas, combinaciones del contenido. Me quedo con un plan y sé lo que va a pasar en cada capítulo. Al cabo de un año y medio, puedo cambiar todo. Si no cambiara, sería aburridísimo.

NOTICIAS: ¿Cuál es la situación hoy de los escritores en España?

Montero: Muy mala. Las editoriales grandes han reducido las publicaciones a la mitad. Con lo cual, la mitad de los escritores que iba a publicar este año, no lo van a hacer. Van a publicar el año que viene y eso significa que las editoriales no van a contratar más libros. Es un momento difícil y de incógnita para todo el mundo. Fue horrible también para los escritores que tuvieron la malísima suerte de sacar el libro en los momentos primeros de la pandemia, porque se quedaron borrados. En ese momento, todo el mundo estaba concentrado en la pandemia. Por otro lado, en este tiempo también la gente ha leído mucho más. Y paradójicamente, eso va a dar un subidón a las ventas.

NOTICIAS: En España, se habla mucho de la “cultura de la cancelación”, ¿cuál es su opinión sobre este tema?

Montero: Lo políticamente correcto llevado al extremo, no me interesa nada. Pero también es verdad que la historia la han escrito los poderosos. Cuanto mayor es un estado democrático, más emergen las otras voces, las otras realidades. Y hay que tener consciencia de esas otras realidades. A medida que la sociedad va cambiando esos valores, es lógico que nuestro comportamiento social también vaya cambiando. Llevar eso a una normatividad de catecismo, es fatal. Hacer de eso algo sensato es moral, ética e intelectualmente necesario y lógico. Por ejemplo, el título “Diez negritos” de Agatha Christie, del que se ha hablado en estos días, hace 10 años no nos pasaba nada, pero ahora nos da risa que una obra se llame “Diez negritos”. Empieza a sonar chirriante. No hay que ser inquisidores, pero sí hay que ser innovadores.

NOTICIAS: Entonces, deben haberla puesto muy contenta los cambios que han promovido las muejres en estos años.

Montero: Está mal planteado hablar de la cuestión de la mujer. Es la cuestión del sexismo. El sexismo nos mutila a todos. A las mujeres más, pero a los hombres también. Llevamos un siglo haciendo este cambio. Cuatro generaciones. Y es una situación social que ha durado milenios. Va a una velocidad increíble y es un cambio monumental, tremendo. Hasta principios del siglo XX, no se permitió estudiar a las mujeres en las universidades. No se nos permitía votar. La velocidad del cambio es monumental. Es un incendio arrollador. Somos un incendio en la sabana. En los últimos años ha habido un empujón hacia adelante. Uno de los ingredientes interesantes de este último escalón que hemos subido, es que muchos hombres han entrado en esa conciencia. La penúltima manifestación del 8 de marzo (la última ya estuvo muy afectada por la pandemia) fue la manifestación feminista más grande de la historia. Fueron 375.000 personas. El 40 por ciento eran hombres. Y el 50 por ciento de esos hombres estaban por debajo de los 25 años. Eso da mucha esperanza en un cambio estructural básico, que nos afecte a todos, a hombres y mujeres.

 

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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