CULTURA | 27-08-2020 10:05

¿Quién fue Arturo Jauretche?

Todos escucharon hablar de él, pero pocos conocen su influencia en la política argentina. Aquí, un recorrido por su trayectoria histórica y su huella en los debates de la actualidad.

Reconstruir la trayectoria de Arturo Martín Jauretche (1901-1974) no resulta difícil gracias a la nutrida bibliografía existente y a los profusos testimonios que él mismo nos legó. En lo que sigue buscamos aproximarnos a su figura a través de dos series: un lote de escenas que arman una secuencia inversa desde su muerte a sus orígenes familiares y lugareños y la recuperación de sus facetas como conversador, publicista, polemista y político. Para el cierre, algunos legados.

 

Escenas, últimos días

 

En mayo de 1974 Jauretche era presidente de EUDEBA, sostenía a su grupo de trabajo y la línea editorial a pesar de las amenazas de bombas ultraderechistas. Integraba el Directorio del Fondo Nacional de las Artes. Apoyaba el rumbo del gobierno de Juan Perón. Borroneaba un escrito de corte doctrinario para diferenciar posiciones al interior del propio espacio político, recuperando los fundamentos del justicialismo. Repudió el asesinato del Padre Carlos Mugica. Visitaba a su viejo amigo forjista René Orsi en La Plata y proyectaba la escritura de un libro sobre la historia de América Latina. Se había comprometido a ser orador en el homenaje por los 25 años de la muerte de Scalabrini Ortiz el día 29. Poco antes del 25 de mayo, día en que falleció, había viajado a Bahía Blanca para dar unas conferencias.

A su entierro, en la Recoleta, confluyeron ministros (Llambí, Taiana, Benítez) así como otras figuras políticas como Righi y Puiggrós y amigos como, por ejemplo, Antonio Carrizo. Para su despedida hicieron uso de la palabra Valentín Thiebaut, Darío Alessandro, Jorge A. Ramos, entre otros dirigentes. Desde el matutino “Mayoría” lo despiden Horacio Salas y Luis A. Murray. En “La Opinión” escriben Alberto Szpunberg y Tomás Eloy Martínez. “Noticias” lo despide como “viejo compañero de una misma causa”. Los diarios de circulación masiva, en cambio, publican escuetas notas destacándolo como escritor.

 

La exclusión 

 

La condición de escritor había sido asociada a Jauretche en los días que siguieron al golpe de estado del año 1955. Aunque alejado del gobierno, en los días postreros del primer peronismo se había acercado al Ministro del Interior y a la intervención del Partido Peronista de la Capital Federal. Después del golpe, resguardaron el local del PP metropolitano y reclamaron al gobierno militar de Lonardi el reconocimiento de la continuidad jurídica del Partido, encabezado por Alejandro Leloir. Fracasado el intento, se lanzó a la defensa de lo actuado por el peronismo en las columnas del diario cegetista “El Líder”. Desde allí invitaron al debate, infructuosamente, a Raúl Prebisch. Publica “El 45”, al grito de “vuelvan caras”, que como “El Líder”, es clausurado a fin de año. En ese momento edita el libro “El plan Prebisch. Retorno al coloniaje” y debe exiliarse al Uruguay. Así se transmuta en “escritor”: “Los profetas del odio” del año 1957, “Ejército y política” del año 1958, “Política Nacional y revisionismo histórico” de 1959, “Prosa de hacha y tiza” de 1963, “Filo, contrafilo y punta” del 1965 y la consagración con la trilogía “El medio pelo en la sociedad argentina”, “Manual de zonceras argentinas” y “la yapa” agregada a una nueva edición de “Los profetas del odio” entre 1966 y 1968. Se convierte bestseller. Pantalones cortos. De Memoria”, suerte de autobiografía, corresponde al año 1972. Había proyectado otros libros ( de geopolítica, economía e historia latinoamericana) que no vieron la luz. Se hizo “escritor” a los tumbos de la política. No era esa su vocación ni profesión. Ponía esa escritura al servicio de un ideal político, su auténtica pasión, como difusor de ideas, generador de “una corriente de opinión”.

 

En el peronismo histórico

 

Jauretche y su grupo de radicales apoyó el golpe de 1943. Al emerger la figura de Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, se acercaron a él. Durante el año 1944, Jauretche lo visitaba asiduamente. Una promesa incumplida de cargos para la intervención de la Provincia de Buenos Aires interrumpió la relación. Al acercarse el año decisivo de 1945 editó “Víspera”, apoyando al naciente movimiento peronista. El 17 de octubre de 1945 estuvo en la Plaza de Mayo como uno más entre una multitud que no lo reconocía, aunque sí lo hacían los opositores que recorrían la city tratando de entender el origen de la manifestación. Ante la convocatoria a elecciones disolvió FORJA –agrupación de origen radical que lo tenía como referente- y se presentó como candidato a senador por la Capital Federal en la lista de la Junta Renovadora de la UCR. Segunda desavenencia con Perón que privilegió a Diego Luis Molinari para esa posición.

De todos modos vuelca su ironía en el periodismo de humor que apoya a Perón: firma como Juan Fabriquero en “Descamisada”, contrapunto de “Cascabel”. Poco después, por la inserción de varios forjistas en la gobernación bonaerense de Mercante, pasa a presidir el Banco Provincia. Renuncia hacia 1950 cuando abandona el comando de la economía Miguel Miranda. Después de 1952 es sometido a un juicio por la nueva administración de Aloé. No comprueban nada. Se recluye en el barrio de El Cazador, en Escobar. En el momento crítico de 1954-55 rechaza la invitación de los nacionalistas que conspiran contra Perón. Defiende al gobierno, aún con los errores que él mismo le achaca (propaganda abusiva, ausencia de democracia interna en el partido, confusión de doctrina nacional y doctrina partidaria, falta de sensibilidad en el trato hacia las clases medias hiriendo su ética y estética). En la “resistencia peronista” se lo sigue considerando “forjista” por sus posiciones independientes y la defensa de la legalidad para la fuerza mayoritaria que sostiene.

 

En FORJA

 

En junio de 1935, al levantar Alvear la abstención del radicalismo, Jauretche, Manzi, Del Mazo y Dellepiane crean la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina. Vienen del yrigoyenismo, habían sostenido la legalidad tras el golpe de 1930 y construido la victoria electoral en Buenos Aires de abril de 1931. Fueron proscriptos. Visitaban a Yrigoyen en la casa de la calle Brasil. Combatieron en Paso de los Libres, que registró Jauretche en sus versos gauchipolíticos, prologados por Borges. “Somos una Argentina colonial. Queremos ser una Argentina libre”, “Patria, pan y poder al Pueblo”, “Queremos morir acá” fueron algunas de sus consignas. Sus “Cuadernos” de corte antiimperialista, críticos del Tratado Roca-Runciman, enarbolaban las banderas del nacionalismo económico, circulaban entre la militancia política y la oficialidad militar. Más de 4000 actos callejeros organizados para denunciar el fraude electoral, la dependencia económica legitimada por el “estatuto legal del coloniaje” y la claudicación del radicalismo oficial frente a la “década infame” los ubicaron en el escenario político sin lograr el favor de las masas de la “Argentina latente”, que describía por entonces Eduardo Mallea. Allí trató al ex fiscal y publicista Manuel Ortiz Pereyra y al escritor Raúl Scalabrini Ortiz a quienes admiró y siguió en el pensamiento.

 

En tiempos de Yrigoyen

 

Jauretche se hizo radical a instancias de su compañero de la Facultad Homero Manzione, aunque humorísticamente lo atribuía a una pedagógica “patada en el trasero” propinada por un anarquista en un mitin político que lo avispaba acerca de la figura de Yrigoyen. Junto a Manzi militaban en el reformismo universitario de Derecho. Luego se acercó al partido radical y formó parte de campañas políticas e intervenciones en el interior. En la campaña de 1928 adhiere a la candidatura presidencial de Yrigoyen, impulsada por el comité presidido por Jorge L. Borges, como lo atestiguan fotos de época. Para el golpe de 1930 estaba en Mendoza y por gracia del entonces coronel Edelmiro Farrell pudo salvar la vida, saliendo de la provincia.

 

En Lincoln

 

Su mamá era maestra y su padre funcionario municipal. Tuvieron diez hijos. Familia modesta, de tendencia conservadora. Hizo la primaria en Lincoln y fue a estudiar el secundario a Chivilcoy. Allí lo toman los ecos de la Reforma Universitaria. Forma parte de una delegación que se entrevista con el presidente Yrigoyen. La reunión es cubierta por el diario La Nación. Los estudiantes llevaban fuertes críticas al gobierno. En ese contexto resulta suspendido. Completa los estudios y se marcha hacia la Capital Federal para estudiar Derecho. En los primeros pasos debe mantenerse como puede, llegando a trabajar de sereno. Se inserta en el ambiente porteño. Manzi lo zambulle en la militancia y en la vida de la ciudad, con sus personajes y sucedidos. Gusta de la conversación, del cara a cara, de la charla. Eso lo proyecta al comité.

 

Facetas, conversador

 

Jauretche paraba en un bar de Córdoba y Esmeralda (a pocas cuadras del mítico lugar scalabriniano), el “Castelarito”, donde le guardaban dos paquetes de cigarrillos. Estaba a unos pasos de su departamento, donde iba por la mañana a fumar, leer dos o tres diarios, tomar apuntes. Se ubicaba en una mesa del fondo (cerca del baño) y contra la ventana (para relojear la vereda) y constituía una tertulia en la que gustaba departir largamente con sus amistades y ocasionales conmilitones. Cultor de la anécdota, del sucedido o de la humorada al estilo campero, gustaba desarrollar argumentaciones, probar hipótesis, confrontar y polemizar. Ese era el origen de muchas de sus intervenciones escritas. Al papel llevaba ese estilo coloquial, que hunde sus raíces en los escritos de Sarmiento y Mansilla (como le señalara en su última entrevista a Blas Matamoro para la “Revista Latinoamericana”).

Un estilo criollo, propio, distintivo que busca la complicidad del lector. Su método de escritura se inicia, entonces, en casos, situaciones, ambientes y diversidad de personajes en la lengua oral. Nace en el entorno íntimo de la conversación casual, del discurrir, del comentario que avanza en la construcción de un argumento. Otro escenario que conocemos, en el que se producían similares procesos, es de locales de librerías. Allí aparece la anticuaria Fernández Blanco, sita en Tucumán al 700, donde departía con “Pocho” Aquilanti. Otro lugar de encuentro era la Librería Santa Fe, al 2300, a mediados de los años sesenta, donde frecuentó a R. Ortega Peña y E. L. Duhalde (a quienes bruloteaba llamándolos “Felipe y Varela” por sus trabajos sobre el caudillo federal). Antes era habitúe de la librería Mar Dulce que en la calle Córdoba al 1300 tenía Jorge Abelardo Ramos y en la que se desarrollaban animadas discusiones.

 

Publicista

Ya hemos dado cuenta de las obras escritas después de 1955. Es allí donde comienza una decidida actuación en el campo del periodismo y el libro. En el primer campo se destaca, desde los 30, en “Señales y Reconquista” y ya en los años cuarenta se enrola en “Víspera”, “Descamisada”, en el diario “Democracia”, y tras el golpe de 1955, en las páginas de “El Líder” y luego “El 45” que tuvo tres épocas (1955 en buenos Aires, 1956 en Montevideo y 1960 nuevamente en Buenos Aires). Colaboró en “Qué”, en el diario “El Nacional”, de orientación desarrollista; en “Mayoría” entre 1957 y 1959; en “Santo y Seña” durante 1960; en “Democracia” hacia 1963, “La Hipotenusa” en 1967, en “Azul y Blanco” en 1967-1968, en el “Diario de la CGT de los Argentinos” hacia 1968, en “Dinamis” entrados los setenta y en cuanto medio le abrieran sus puertas para manifestar sus ideas. Son intervenciones con intención: busca fijar posición, establecer una línea política, marcar un desvío, armar una contradicción. El afán polémico no está ausente de su prosa así como no lo está el brulote, la ironía, la estilización.

 

Polemista

 

El “vasco” Jauretche estaba dado a la polémica, siendo ese otro modo de avance de su pensamiento y escritura: el pensar contra, el identificar un contradictor. Un enemigo para establecer el combate de ideas. Combate alegre, usando el gracejo, la paradoja al estilo chestertoniano, la sátira, el absurdo. Jauretche, del mismo modo que David Viñas, leía con atención el diario “La Nación”. También lo hacía con “La Prensa”. Era para él una fuente de motivos, frases o figuras para discutir. Otra fuente era, como vimos, la conversación en el café. Podemos remontar esta matriz a sus tiempos de forjista, con las descalificaciones a los belicistas, a los tiempos de “Descamisada” con sus brulotes a Ricardo Rojas, Jorge Luis Borges, Victorio Codovilla: pero cobran especial relevancia y significación en tiempos de la “Libertadora”, con su trabajo “El Plan Prebisch” y, más decididamente, con “Los profetas del odio” al enjuiciar a Martínez Estrada, Borges y los Irazusta por sus posiciones en relación al peronismo, así como a una galería más circunscripta de profesores “flor de romero”.

Otro espacio para la polémica es el periodismo en el que despacha a dirigentes como Reynaldo Pastor, Américo Ghioldi, militares como Isaac Rojas o Francisco Manrique o agrupaciones como la de los fubistas o Praxis. En el campo literario se dan con Rojas, Guido, Borges, Bernárdez, Franco, Frondizi por dar algunos nombres de quienes entran en ese desfiladero. Otro ámbito es el de las epístolas, en el que se refleja el magnífico intercambio con Victoria Ocampo, de inicios de los años setenta, en el que con elegancia se baten dos modos de ver el país. Otra forma de la polémica se produce en el duelo: a cuchillo persiguiendo a Frigerio en la Quinta Presidencial en 1958, a navaja con el sindicalista ghioldista Arrausi en un set televisivo en 1967 o a pistola, aún en los avanzados años setenta, en el fallido lance con el General Colombo.

 

Político

 

Jauretche fue candidato a legislador por el conservadurismo con dieciocho años. Militó fervientemente en el reformismo. Se acercó a la Unión Latinoamericana de Palacios hacia 1924. Fue funcionario de intervenciones radicales en distintas provincias. Así conoció el interior. Apoyó la candidatura de Yrigoyen al segundo mandato. Resistió el golpe 1930. Organizó la campaña de Honorio Pueyrredón en la provincia de Buenos Aires para el 5 de abril de 1931. Formó parte de las huestes de Paso de los Libres. Fue fundador de FORJA, de la que fue presidente. Adhirió al peronismo. Ganó la interna para ser senador por la Capital Federal en el año 1945. Fue presidente del Banco de la Provincia en función política. En 1955 volvió a la actuación política militante cerca de Albrieu (Ministro del Interior), Cooke y Leloir cuando se avecinaba el golpe militar. Fue un agudo crítico del segundo gobierno de Perón, lo que no invalidaba la recuperación de la experiencia popular. Combatió la “insurrección” pregonada por Perón y Cooke y militó para la candidatura de Frondizi para la recuperación de la legalidad en base a sus aprendizajes de la década del '30. Confrontó con Frondizi y más con Frigerio por la conversión de la intransigencia al credo desarrollista. Se presentó como candidato a senador nacional siendo derrotado por su archienemigo político-cultural Alfredo Palacios (“maestro de la juventud” y embajador de la “libertadura” en Uruguay). En 1965 le realizaron un importante homenaje al cumplirse los 30 años de FORJA. Más de mil comensales escucharon las palabras de Raúl Aragón, Juan José Hernández Arregui, Oscar Alende, Darío Alessandro y del propio Jauretche. Buscaban la construcción de un frente nacional democrático en tiempos de Illia bajo la amenaza constante del militarismo. Militó por el regreso de Perón con quien había mantenido correspondencia a lo largo de la década del '60. Se afilió al peronismo y llamó a comprender a la juventud y no adoptar posiciones de “viudas tristes” a la dirigencia tradicional de ese movimiento. Tras las elecciones de 1973 dirigió EUDEBA, acompañó el rumbo del gobierno descalificando las amenazas macartistas y advirtiendo, a la vez, sobre la continuidad de la actividad armada que llevaría a una dura y sangrienta reacción militar. En esta condición lo exaltó su amigo Jorge A.Ramos, en una nota del diario “La Opinión” del 31 de mayo de 1974, en el que señaló que esa vocación nace tras la derrota de Julián Barrientos en “libres”.

 

Algunos legados

 

Tras su muerte fueron publicadas varias piezas de su autoría que habían quedado en hojas volanteras o publicaciones de vida efímera. Peña Lillo, gracias a la colaboración de Norberto Galasso y Pablo José Hernández, publicó en los duros años del “proceso” “Política y Economía”, reuniendo textos sobre esta temática que confrontaban con Martínez de Hoz. Al salir de esa larga noche, Galasso ordenó en torno a “polémicas”, en cuatro tomos, materiales que fueron consumidos por las nuevas generaciones en los años ochenta, descubriendo su estilo punzante y crítico. Más tarde la Editorial Corregidor constituyó sus obras completas, que circulan en diversos formatos haciendo accesible la obra.

No es el lugar para realizar una síntesis de sus legados, aunque solo a modo provisional podemos nombrar algunas categorías a las que se asocia su pensamiento y su figura: “medio pelo”, “colonización pedagógica”, “zoncera”, “tener estaño” o algunas distinciones que hacía en sus trabajos y que siguen repiqueteando en los debates políticos. Por ejemplo, diferenciar civilización de cultura, distinguir adaptar de adoptar para las referencias externas, acceder a lo universal desde lo particular, privilegiar lo inductivo sobre lo deductivo en el conocimiento de las cosas y la historia, no repetir por inercia frases sino someterlas a la crítica, filtrar el contenido de las noticias periodísticas sabiendo que responden a intereses de empresa o de sus avisadores. Quizá su legado más perdurable haya sido su modo de pensar, su método, “ese modo nacional de ver las cosas” que le atribuía el ensayista Aníbal Ford. Esa forma de acercarse a los problemas sociales, sin prejuicios ni anteojeras. Con una pasión por conocer, dejarse sorprender, desde “la orilla de la ciencia”, desde el ensayo, desde la conjetura, desde la hipótesis. Abjurando del dogmatismo, del pensamiento cerrado y prejuicioso, buscó abrir horizontes desde una raíz.

En tiempos de “sillicolonización”, de saturación informativa, en el que circulan falsas noticias, no resulta banal el planteo jauretcheano alertando sobre la colonización pedagógica, que no se restringe hoy como en su época al libro, el contenido escolar y la prensa escrita, sino que asume contornos civilizatorios de mucho mayor calado.

 

Darío Pulfer es Profesor en Historia. Director de la Colección “Ideas en la Educación argentina” de Unipe Editorial Universitaria. Autor de la presentación a “La colonización pedagógica de Arturo Jauretche” en la serie Clásicos.

 

También te puede interesar

por Darío Pulfer

Galería de imágenes

Comentarios