Monday 17 de June, 2024

CULTURA | 16-05-2024 11:43

Segunda Guerra: Se cumplen 80 años de la decisiva batalla de Monte Cassino

Fue una de las más dramáticas de la guerra en el frente occidental. Entre enero y mayo de 1944, murieron 55.000 soldados aliados y 20.000 alemanes.

Las Amapolas de Monte Cassino/ en lugar de empaparse con el rocío de la

mañana/ fueron regadas por sangre polaca/ A través de estas amapolas avanzaban los soldados y perecían/ Pero la muerte solo aumentaba su ira/ Pasarán años y siglos quedarán las huellas de aquellos días/ y las amapolas de Monte Cassino serán más rojas/ porque crecerán sobre sangre polaca’’.

Esta es una canción que mi abuelo solía cantar con sus ex camaradas de guerra y me cantaría a mí muchos años después de aquella mañana del 18 de mayo de 1944 cuando, como parte de las tropas del II Cuerpo de Ejército Polaco, se preparaba para tomar el Monte Cassino, a 130 kilómetros de Roma.

Soldados

La batalla final por la abadía benedictina situada en la cima de una colina del Valle del Liri fue una de las más dramáticas, trágicas e importantes de la Segunda Guerra Mundial y del frente occidental. En los cuatro ataques al sitio entre enero y mayo de 1944, murieron 55.000 soldados aliados y 20.000 alemanes.

Mi abuelo materno, el capitán polaco Nicolás Bychowiec, tuvo la suerte de salvar su vida en esta batalla decisiva para el triunfo aliado, de la cual se cumplen 80 años. En las laderas del Monte Cassino crecían amapolas silvestres que inspiraron la canción que cantaba mi abuelo para recordar el altísimo costo de vidas humanas que había necesitado la toma de ese monte que los polacos ganaron, y que abriría las puertas al triunfo definitivo de los Aliados en Italia.

Soldado

El derrotero de los polacos como parte decisiva de esta batalla se había gestado mucho antes, cuando el 22 de junio de 1941 Hitler ataca a la Unión Soviética y cambia la suerte de los deportados y prisioneros de guerra polacos.

Stalin había llegado a la conclusión de que estos serían mucho más útiles luchando contra los alemanes que muriéndose de hambre en Siberia. Así comienzan a formarse, bajo el ala del general polaco Wladyslaw Anders, las unidades compuestas por ex prisioneros de guerra y civiles polacos, estragados por el hambre, el tifus y la malaria que, diseminados por la estepa rusa, comienzan a viajar en un largo periplo hacia Medio Oriente para unirse a Anders bajo mando del Ejército Británico. Entre ellos estaba mi abuelo.

En abril de 1942 las tropas son evacuadas a Irán por el Mar Caspio, allí son desinfectados, reciben comida en abundancia, uniformes y armamento moderno. Los soldados polacos que un año antes estaban al borde de la inanición ahora pasan a ser una unidad de elite del 8⁰ Ejército Británico.

Algunas familias tienen la suerte de reencontrarse. Se forman campamentos de refugiados para los civiles en las afueras de Teherán, otros serán enviados a Sudáfrica, Uganda, India, México. En Irak se les une la Brigada de Fusileros de los Cárpatos, que había luchado en Tobruk contra el general alemán Rommel, el famoso “Zorro del Desierto”.

De acuerdo a los relatos de mi abuelo, en las montañas iraquíes los soldados polacos le compraron a un niño un oso bebé, al cual alimentaron con leche servida desde botellas de cerveza. El oso, llamado Wojtek, creció hasta pesar más de 200 kilos. Le gustaba tomar cerveza, fumar (en realidad se comía los cigarrillos) y jugaba con los soldados. Cuando la unidad embarcó a Italia, el oficial de personal le confeccionó toda la documentación (incluyendo su foto) y al llegar al barco inglés el oficial de guardia, atónito, miró la documentación, le hizo el clásico saludo militar y dejó que abordase la nave. Durante la batalla de Montecassino ayudaría a los soldados a llevar las cajas de municiones más pesadas.

La invasión aliada a Italia había comenzado por Sicilia el 8 de septiembre de 1943. Luego de la ocupación de Salerno y de Nápoles, se esperaba que Roma cayera antes de fin de año. Pero en el camino se encontraban las fortificaciones de la Línea Gustav, encuadrándose entre ellas la abadía de Monte Cassino.

Los alemanes tienen el control de lo que se denomina “terreno llave’’ (que es aquel que proporciona ventajas importantes al bando que lo posea). Allí se encuentra la “Colina de la Muerte”, detrás de lo que hoy es el Cementerio Militar Polaco de Monte Cassino. Por otra parte, los alemanes tienen tiempo suficiente para preparar las defensas: se colocan miles de minas, alambres de púas, bunkers en la montaña. Se emplazan cañones, morteros y baterías de cohetes, además se preparan excepcionales puestos de observación y un inigualable sistema de comunicación.

Abadía de Montecassino

La Línea Gustav parece inexpugnable. Las tropas que la defienden son lo mejor del ejército alemán, granaderos y más adelante paracaidistas, todos con amplia experiencia en combate. Los mismos jefes aliados las califican como tropas excepcionales. Pero posiblemente la mayor amenaza para mi abuelo y sus compañeros haya sido el comandante alemán, el General Fridolin von Senger und Etterlin, un aristócrata que despreciaba a Hitler y cuya sola presencia de un metro noventa inspiraba respecto. Von Senger sabía cómo pensaban los ingleses, ya que había estudiado en Oxford. Explotó al máximo todos y cada uno de los clásicos principios de conducción: voluntad de vencer; economía de fuerzas; maniobra; objetivo; sorpresa; masa/concentración; unidad de comando; seguridad; libertad de acción; ofensiva; simplicidad; sostenimiento; integración.

El primer ataque al Monte Cassino es el 2 de enero de 1944, cuando el 5⁰ Ejército Norteamericano recibe la orden de avanzar “tan fuerte como sea posible’’ Pero no hay uniformidad de criterios, el general Clark opta por un ataque frontal, a pesar que los franceses proponen un ataque por los flancos con apoyo de tanques. Las bajas aliadas del primer ataque son enormes.

En febrero hay un nuevo intento de ataque: debido a la presión de las tropas neozelandesas, se decide bombardear el monasterio. El martes 15, desde la mañana, 255 bombarderos norteamericanos arrojan 351 toneladas de bombas sobre el monasterio. Pero los bombardeos no son efectivos y las bajas del segundo ataque también son muchas. Un tercer ataque en marzo tampoco logra el objetivo. El 23 de marzo el General británico Harold Alexander ordena la retirada. Las pérdidas en vidas son enormes.

Mi abuelo participaría del cuarto ataque, una obra maestra de coordinación entre todas las unidades participantes. Esta vez atacarían tropas norteamericanas por el oeste, más en el centro las tropas francesas, a la derecha las tropas inglesas e indias, en el extremo derecho atacarán los polacos del Segundo Cuerpo del Ejército Polaco.

Fue espectacular, no solo por la decisión y valentía de los soldados, sino por preparación y la logística de la batalla. Los zapadores quitaron las minas de los caminos y tendieron puentes, las compañías de transporte llevaron miles de toneladas de suministro a los puestos de avanzada (bajo un preciso fuego enemigo), se hizo gran hincapié en la seguridad y hubo libertad de acción. Por ejemplo, cuando la infantería necesitaba apoyo de fuego los soldados del Regimiento Acorazado Escorpión no dudaron y cambiaron su ruta para socorrer a sus colegas infantes, las unidades médicas fueron dispuestas cerca del frente de manera que la atención de la enorme cantidad de heridos fuese lo más rápida posible, el jefe de la unidad médica, que tenía ya 70 años, operó sin parar 48 horas seguidas.

Tan exitosa fue la actuación que el General Alexander dedicó estas palabras a los polacos: ‘’Soldados del II Cuerpo Polaco, si me darían a elegir entre cualquier grupo soldado que quisiera tener bajo mis órdenes, los elegiría a ustedes’’.

El 11 de mayo, 1.100 cañones del 8⁰ Ejército Británico y todos los cañones del 5⁰ Ejército Americano abren fuego en una línea desde Mar Tirreno hasta la localidad de Acquafondaty. Escuché de quienes estuvieron allí, camaradas de mi abuelo, que de repente la noche se hizo día.

Cementerio polaco

A la una de la mañana del día 12 comienza el ataque polaco. Logran tomar la altura 593, pero los alemanes la recuperan. Sin embargo, logran aliviar la acción del 13⁰ División Británica. El 12 de mayo los alemanes emiten mensajes alentando a los polacos a irse a casa. El primer ataque termina el 14 de mayo.

El segundo asalto es decisivo: comienza la noche del día 16 de mayo, y el avance polaco es imparable. Los tanques apoyan a la infantería, con increíble coordinación. A las 10:20 del día 18, flamea la bandera polaca sobre las ruinas del monasterio. Los polacos han logrado la victoria para los Aliados.

Muchos de ellos quedaron luego en Italia, participando en otras batallas o esperando su reinserción a la vida civil después del fin de la guerra. En ese país se formaron más 1.200 matrimonios, entre soldados polacos y mujeres italianas.

Al finalizar la guerra la mayoría de los soldados polacos decide no volver a su país natal, ya bajo la órbita de la Unión Soviética. Muchos se quedan en Italia, otros son acogidos en Inglaterra, donde algunos se establecen en forma definitiva y muchos otros, como mis abuelos, deciden emigrar a nuestro país. Las “amapolas rojas” llegarían así a la Argentina para empezar una nueva historia.

 

Andrés Chowanczak es Vicepresidente de la Unión de los Polacos en la República Argentina.

 

 

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por Andrés Chowanczak

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