Martes 28 de septiembre, 2021

ECONOMíA | 13-09-2021 00:19

Cómo responderán los mercados al resultado electoral

La derrota del Gobierno también castiga su propuesta económica y agita las aguas en los agentes económicos con la incógnita de la negociación con el FMI.

El resultado electoral impactó en los analistas económicos por su magnitud. Esperaban un final con sabor a empate y, finalmente, las cifras arrojaron una derrota del oficialismo en casi todos los distritos, pero en especial en su baluarte electoral: la Provincia de Buenos Aires. Con los cómputos finalizados, la única incertidumbre apunta a cómo será recibido la derrota inapelable del Gobierno por los mercados.

En el fondo, una abstracción que, en definitiva, pone en las pantallas de los operadores los cálculos y proyecciones que realizan sobre las variables más urgentes de la economía. O sintetizando más: qué pasará con el dólar, las acciones y la paridad de los bonos.

Todas cuestiones que no le mueven la aguja para fin de mes al grueso de los votantes que hoy también castigaron la gestión económica de Alberto Fernández. Todavía flota el recuerdo de lo ocurrido el 12 de agosto de 2019, cuando la derrota de Mauricio Macri, pero sobre todo la diferencia inesperada que le sacara el frente kirchnerista repercutió en una jornada en una corrida cambiaria. El peso se devaluó casi 30% en una sola jornada y pronto alcanzó los $60 que el mercado, rápidamente, bautizara como el “dólar Alberto”. ¿Ocurrirá lo mismo esta semana?

La primera diferencia con la debacle de hace dos años, es que estas son elecciones de medio término y no implican un cambio inminente de gobierno. En aquel momento, la derrota macrista implicó ponerle día y hora a la entrega del poder y el fin del intento de volver a los mercados como aliados de la era Cambiemos.

Hasta dos días antes de aquellas PASO los inversores estuvieron apostando a favor de la continuidad que se traducía en ingreso de capitales de fondos de inversión y en la mejora de la paridad de los bonos que habían florecido en aquellos meses.

Los resultados prendieron la luz de alerta y se produjo el efecto puerta 12: todos querían salir de sus posiciones en Argentina y el dólar se transformó en un cuello de botella. El cepo no tardó en llegar y luego se fue profundizando a medida que el flujo de divisas amenazaba con vaciar las reservas del Banco Central.

Esta vez, las expectativas son inversas. La última semana el Banco Central perdió US$ 300 millones para calmar la demanda de los compradores. La razón es muy simple: desde marzo de este año, el dólar oficial subía casi la mitad que la tasa de inflación mensual, que recién se ubicó por debajo de los 3 puntos porcentuales en agosto.

En los últimos días de la campaña, el ministro Martín Guzmán y varios funcionarios negaron que fuera inminente una devaluación. Un clásico: los saltos del dólar nunca se avisan. Utilizar el atraso del tipo de cambio como un lastre con que se quiso domar la inflación, causante de la erosión del poder adquisitivo de los asalariados y jubilados, obligó a reforzar el cepo cambiario, pisar las importaciones (con inconvenientes en las líneas de producción por faltante de insumos) y provocó un exceso de demanda de los importadores de divisas “baratas” pero difíciles de conseguir.

La otra palanca para no volcar al mercado un aluvión de pesos por los desequilibrios fiscales, fue la colocación de bonos, pero que en las últimas renovaciones mostraban la falta de confianza de los inversores. Sospechaban que ese tipo de financiamiento era insostenible. En cambio, sí tenían aceptación las colocaciones indexadas, con lo que apostaban por la ineficacia de la política antiinflacionaria.

Ya con todas las restricciones en marcha, un horizonte con cambio políticos a la vista, podría, paradójicamente, aumentar la demanda por los activos argentinos: acciones de empresas que cotizan en Wall Street, bonos ya reestructurados y así bajar el riesgo país, que orilló los 1.500 puntos la última semana.

Pero como el Gobierno también jugará sus cartas, en el caso que se aferre a continuar utilizando los “anabólicos electorales”, podría optar por una emisión mayor para intentar volcar la elección. En este caso, el optimismo en el mediano plazo de los agentes económicos chocaría con una inflación revivida por un shock de demanda como respuesta al veredicto de las urnas.

Los próximos días serán claves para descifrar qué camino tomará el equipo económico ante la emergencia. Y de paso, proyectar si apurar el ritmo de la negociación con el FMI podría ser un arma para neutralizar parte del voto castigo. En este caso, lo estarían corriendo “por derecha” y obligando a ofrecer una hoja de ruta de estabilidad, que fue parte del reclamo de quienes no votaron al Gobierno.  Este lunes se empieza a jugar ese partido.

 

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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