Viernes 27 de mayo, 2022

ECONOMíA | 15-06-2020 18:08

Beneficios y costos de haber expropiado YPF hace ocho años

La producción y las reservas de petróleo y gas se recuperaron, el déficit energético casi desapareció, pero quedaron pendientes millonarios juicios en EE.UU.

Roberto Lavagna se reunió con Alberto Fernández y cinco después el Presidente anunció la expropiación de Vicentín. El ex ministro de Economía reaccionó más tarde por Twitter: “Hace algunos años se habló de Soberanía Energética y las cosas no salieron bien: baja inversión, necesidad de importar, caída de reservas, y finalmente, estancamiento económico-social”. ¿Qué hay de cierto en su afirmación?

La baja inversión inversión, la necesidad de importar y la caída de reservas era lo que venía sucediendo con la política energética del kirchnerismo, con Julio De Vido a la cabeza, hasta que en 2012 el asunto quedó en manos de Axel Kicillof, se estatizó el 51% de YPF y se lo nombró a Miguel Galuccio al frente. Pero desde entonces comenzaron a revertirse poco a poco los indicadores y siguieron mejorando en el gobierno de Mauricio Macri.

La producción de petróleo era de 35 millones de metros cúbicos en 2009, bajó a 32,1 millones en 2011, continuó descendió pese a la estatización hasta tocar un piso en 2017 (27,8 millones) y repuntó en 2018 y 2019 (29,5 millones), según los datos oficiales recolectados por el Instituto Argentino de la Energía (IAE) General Mosconi. El subibaja también coincide con la evolución del precio internacional del crudo.

Claro que también hay que mirar lo que pasó con la producción de YPF en particular. En 2012 era de 227.000 barriles diarios, en 2015 llegó a 250.000 y bajo la gestión Macri fue reduciéndose hasta 226.000 en 2019. Crecieron entonces las petroleras privadas, cuando YPF dejó de marcar la cancha en el mercado energético argentino.

Las reservas comprabadas, a su vez, dan prueba de la evolución de la inversión. Porque si no se invierte, caen las reservas. En 2008, las de petróleo eran 400.698 millones de metros cúbicos. En 2011, 393.996 millones. En 2015, el gobierno de Cristina Kirchner finalizó con 380.730 millones y en 2019, Macri terminó con 379.796 millones. 

YPF pasó de 589.000 barriles de reservas en 2012 a 678.000 en 2015 y 613.000 en 2019. Sus inversiones en upstream (exploración y producción) de crudo y gas varió de 2.700 millones de dólares en 2012 a 5.400 millones en 2015 y 2.800 millones en 2019.

En cuanto al gas, la producción nacional varió de 48.419 millones de metros cúbicos en 2009 a 45.528 millones en 2011, tocó piso en 2013 con 41.708 millones y desde 2014 en adelante siempre se elevó hasta alcanzar los 49.347 millones en 2019. Y lo hizo a fuerza de subsidios que repartieron tanto Kicillof como Macri.YPF, que producía 33,5 millones de metros cúbicos diarios en 2012, llegó a 44,7 millones en 2016 y fue recortando hasta 39,7 millones el año pasado.

Las reservas comprobadas de gas eran de 398.529 millones de metros cúbicos en 2008. Se derrumbaron a 332.510 millones en 2011. Para 2015 ya había 350.483 millones y para 2019, 371.566 millones. Aquí también se dio el aumento inicial de la YPF estatal de 409 millones diarios en 2012 a 574 millones en 2015 y después el declive a 419 millones en 2019.

La mejora de la producción permitió revertir el déficit comercial energético del país. En 2009, el país exportaba más energía que la que importaba y el saldo era 3.812 millones de dólares a favor. En 2011 hubo 2.861 millones de rojo. En 2014 se batió el récord de 6.543 millones, pero al año siguiente se redujo a 4.614 millones. Y la tendencia siguió a la baja hasta acotar el déficit a solo 72 millones en 2019.

Los críticos de Galuccio advierten que invirtió a costa de elevar la deuda de YPF. El pasivo de la empresa no superaba los 3.000 millones de dólares en 2011. En 2015 tocaba los 8.000 millones. Con Macri y Miguel Gutiérrez como presidente de YPF, fue subiendo hasta superar los 10.000 millones y finalizó en 9.000 millones. 

Pero también se discute sobre cuánto se pagó por YPF y cuántos juicios quedaron pendientes. Cuando se expropió el 51% a Repsol, el presidente de la petrolera española, Antoni Brufau, reclamó 10.000 millones de dólares. Kicillof nunca dijo en público que no le pagaría ni un peso sino que rechazó semejante pedido de Repsol. Al año siguiente le abonó la mitad: 5.000 millones. O sea, que valoraron la empresa en 9.803 millones. Al finalizar el gobierno K, valía 6.419 millones, antes de las PASO de 2019 cotizaba a 6.155 milones y ahora 2.285 millones.

En cuanto a los juicios, quedan pendientes dos juicios en Nueva York -donde cotiza YPF- que elevarían mucho el costo de estatizar, mucho más que los 5.000 millones pagados a Repsol. Los dos fueron iniciados a partir del derecho que tenían los accionistas de YPF de reclamar que la compra del Estado fuera por el 100%, y no solo el 51%. Uno de los accionistas eran los Eskenazi, que tenía el 25% de YPF a través de dos sociedades en España que entraron allí en concurso preventivo. El juez de la convocatoria entregó el derecho a la demanda al fondo británico Burford, que reclama un piso de US$ 2.600 millones y hasta 9.000 millones, según un analista que sigue el caso de cerca, Sebastián Maril, director de Research for Traders. El otro juicio es del fondo norteamericano Eaton, que tenía el 3% de YPF y que ahora pide entre 600 millones y 2.300 millones. 

Quedará para el debate si tanto costo justificaba la expropiación de YPF para recuperar la producción de hidrocaburos. O si la nacionalización se podría haber hecho mejor para que ese costo hubiese sido menor. Lecciones para Vicentín.

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Alejandro Rebossio

Alejandro Rebossio

Editor de Economía y columnista económico de Radio Perfil.

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