Sunday 14 de July, 2024

ECONOMíA | 21-02-2023 07:34

La otra cara del Censo 2022

Los datos provisorios muestran la tendencia de crecimiento regional desigual y el resurgir de ciudades medianas.

Habituados a lidiar con la escapada del dólar, el rebrote inflacionario o los efectos de la sequía, parece una rareza y en un contexto abrumado por el cortoplacismo, las cifras provisorias del Censo Nacional 2022 fueron pocas, pero contundentes en cuanto marcar tendencias que afectarán la economía en menos tiempo de lo imaginado. Envejecimiento de la población con aumento de la esperanza de vida, movilidad laboral creciente o la ventana de oportunidad que todavía presenta la estructura demográfica son sólo algunos de estos factores que presentan un enorme desafío para tres dimensiones de la política económica: el equilibrio fiscal, el rojo previsional y el gasto en salud.

Los números

Casi seis meses de lo anunciado oportunamente ya produjeron una primera corrección de una cifra que había llamado la atención de los especialistas: la población total ascendía el año pasado a 46,04 millones de habitantes, casi un millón menos de lo anunciado en agosto pasado (47,33 millones) y que hubiera mostrado, sorpresivamente, un cambio en la tendencia de crecimiento demográfico entre 2010 y 2022. Así, da un 14,8% de variación total, que significa una tasa del 1,2% anual en lugar de la de 1,45% que hubiera significado la confirmación de los fallidos resultados dados a conocer en agosto. La demora, además de poner suspenso corrigió los datos pero también alargó los plazos en los que se tendrá la radiografía poblacional precisa.

Sin embargo, lo que se sabe sirve para reafirmar tendencias que se venían insinuando. El economista y demógrafo Rafael Rofman advierte que además de la certeza que los números de La Matanza estaban mal en el conteo de 2010 y la incógnita de qué es lo que ocurrió para que se tengan que corregir los primeros datos,  la tasa de crecimiento muestra estabilidad en línea a lo que ya había evolucionado entre el Censo de 2001 y  2010 (1,13% anual). “Antes Argentina mostraba valores muy diferentes al resto de la región y ahora estamos en la misma tendencia”, comenta el especialista.

En ese sentido también señala que si bien ahora no se conocieron datos por edades, lo que sí se tienen son datos de fecundidad (hijos por mujer en edad fértil) que descendió y específicamente el correspondiente a las adolescentes, lo cual es un dato positivo. Este hecho y la extensión de la expectativa de vida (medida como la esperanza de vida al nacer, que ya pasa los 80 años para las mujeres y los 74 para los varones) alteró los cálculos de un indicador clave que es el de la tasa de dependencia total (el porcentaje de población menor de 15 años y mayor de 65 sobre el total) que va creciendo ininterrumpidamente en el largo plazo y que encontrará cerca de 2030 su punto mínimo.

La explicación es que, con menos nacimientos, va cayendo la proporción de personas “dependientes” en lo que se llama el “bono demográfico” pero luego se va a ir incrementando. Algunos economistas, como el propio Rofman, ven en este hecho una oportunidad para cambiar el perfil laboral demandado a la población: más tareas de “cuidado” y atención personalizada.

Distribución

El otro dato ineludible es el de la desigualdad regional en el crecimiento. Estos once años y medio (los que transcurrieron entre los dos últimos censos) parecen haber marcado el fin de un ciclo de urbanización forzada hacia las grandes urbes. El Gran Buenos Aires, otrora el gran imán de las migraciones internas sólo creció 9,5% (un 0,8% anual) contra un 17,4% (1,4% anual).

El economista Lucas Pussetto, profesor en la IAE Business School y en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) ve en esta tendencia un punto clave para el desarrollo económico y el potenciamiento de cadenas de valor. “En Córdoba, en donde resido, el Censo arrojó casi 4 millones, de los cuales 1,5 millón son de la capital y el resto del interior, pero esa es una proporción que se alteró por primera vez. No sabemos todavía cuánto de este traslado es por efecto de la post pandemia o por otra calidad de vida”, explica.

El hecho que haya habido polos de atracción de trabajadores se puede verificar en la distribución del crecimiento. El caso más notorio (fuera del espejismo de Tierra del Fuego: 49,9% en total y un 3,6% anual) es el de la provincia de Neuquén. Buena parte del período intercensal coincidió con la explosión productiva de Vaca Muerta y sus habitantes aumentaron un 31,8% (2,4% anual), casi triplicando la variación del conurbano bonaerense y aventajando a la vecina Río Negro (+19%).

“La gente se va al interior porque hay más oportunidades de crecimiento, pero también viven allí, pero trabajan para la zona metropolitana en forma remota. Si ve más calidad de vida, se puede trabajar remoto, más tiempo libre, más acceso a la vivienda, amigos y familia... Un combo muy bueno que tiene un efecto ‘derrame’ sobre el resto de la actividad económica”, aclara.

La irrupción del atractivo de las ciudades medianas de los enclaves productivos más competitivos es un dato a tener en cuenta, a pesar que la exportación de bienes y servicios fue una de las actividades tributarias más castigados de esta década. Pero, quizás potenciada por la adopción de nuevas tecnologías que permitieron divorciar el lugar de residencia del de trabajo, usufructúan una mejor calidad de vida en aspectos más valorados en los últimos años: acceso a espacios verdes, menos tiempo de traslado y privilegio de formas de vida saludables.

Consecuencias

Estas tendencias quizás no tienen implicancias directas en la discusión electoral. Pero hay tiempo extra otorgado para pensar políticas antes que los problemas se transformen en urgencias. El envejecimiento de la población en toda la región pero que se adelantó en Argentina, implica que habrá dos focos de absorción de recursos: la salud pública y el sistema previsional. “Cómo conciliar este salto ineludible en el gasto público con la demanda de bajar la presión tributaria es la incógnita para resolver que en los países desarrollados lo afrontaron, pero con una economía formal y mucho más rica”, advierte Pussetto.

En la Europa opulenta, la falta de gente joven empleable se solucionó con las diferentes oleadas migratorias (primero de sus excolonias y países más pobres de la región, luego de Europa del Este) pero luego se estabilizó. El dilema de intervención del Estado vs. libre mercado tendrá, entonces, una restricción adicional con la cantidad de consideraciones que este cambio cualitativo en el gasto impondrá por propio peso de la realidad. Con la sola colaboración de un mal diseño y despilfarro de recursos, aún en pleno vigencia del bono demográfico, el sistema previsional argentino insume el 13% del PBI para su financiamiento. El futuro impondrá, entonces, otro rigor adicional.

Finalmente, se plantea un escenario desafiante: corroborada la noción que el “capital humano” es tan importante, sino más, del físico y los recursos naturales para una tasa de desarrollo económico sostenido, una menor proporción de gente joven acarreará una probabilidad menor de generar focos de innovación y movilidad social.

En una economía que muestra signos de desequilibrios internos profundos con el resultado de un estancamiento que ya lleva medio siglo, estos aspectos poblacionales no son un detalle. Constituyen la base de la elaboración de políticas económicas que en lugar de oficiar de lastres empujen la actividad económica.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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