Tuesday 21 de May, 2024

ECONOMíA | 29-01-2023 08:18

Sequía de dólares

La adversidad climática reduce las expectativas de exportación y le pone presión al ya recalentado sector externo en un año electoral.

“Lo que nos salva es una buena cosecha” fue la frase con la que una sociedad que se creía condenada al éxito respaldaba su optimismo: a pesar de todos los desaguisados en materia de política económica y la conspiración del mundo contra Argentina, finalmente la fertilidad del suelo facilitaba la recuperación. Pero todo cambia y, entre el cambio climático ya tangible y la agudización de la crisis económica se presenta en su versión 2023 con una característica final: la sequía también será de dólares.

La lluvia. Hasta el fin de semana del 20 de enero, el panorama de la agroindustria era desolador. Atravesando el tercer ciclo Niña consecutivo, que se caracterizan por presentar precipitaciones menores al promedio que se van agravando cada año porque el suelo se va secando progresivamente, “la sequía actual no tiene precedentes en cuanto a extensión, duración y severidad” sentencia Ariel Angeli, líder de la Unidad de I+D de CREA. Según las estimaciones de la entidad, la merma en producción de la cosecha de los cultivos de invierno (principalmente trigo y cebada), es de 32 a 37%, lo que implica una pérdida equivalente a US$3.300 millones. A su vez, en la actual campaña de cultivos de verano -soja, maíz, girasol- la merma proyectada se estima en 22%, 17% y 13% respectivamente, lo cual valorizado implica una pérdida de US$9.650 millones.

Otro flanco que se agravó fue el  la ganadería de carne vacuna, en el que la sequía provoca menor crecimiento de pastizales y pasturas, reduciendo la oferta forrajera. A partir de fines de agosto, la mayor parte del país entró en una crisis forrajera que se fue agravando. “El primer impacto directo se traducirá en una pérdida del orden de US$200-300 millones por menor producción de terneros (5-7%), aunque por el largo del ciclo ganadero y la dinámica propia del sector, este impacto será mayor y se extenderá en el tiempo, durante los próximos años”, prevé Mercedes Vasallo, Responsable de Seguimiento forrajero del Área de Ganadería de CREA. El reciente aumento de la carne en el mercado de hacienda rompe el ciclo de pérdida de valor relativo: la carne aumentó casi la mitad del IPC durante 2022. El fin del ciclo inicial de liquidaciones empuja el precio a equipararse con el resto y amenaza, por su fuerte incidencia en el IPC a jaquear la convergencia de la inflación a un 4% mensual para el segundo trimestre y un 3% para el tercero. Hasta ahora el 5% mensual (80% anual) llegó para quedarse como piso para este año.

Global. El panorama pareció aliviarse en el fin de semana en que algunas precipitaciones incluso cambiaron las previsiones de producción para la presente campaña. Para Dante Romano, gerente de Mercados de FyO y profesor de la Escuela de Agronegocios de la Universidad Austral, van a estabilizar el maíz tardío y la soja de segunda, pero los daños al maíz temprano y la soja de primera no se podrán revertir. “El foco del mercado venía puesto en las últimas semanas en la falta de lluvias en Argentina, el sur de Brasil, Uruguay y Paraguay, pero fundamentalmente sobre nuestro país. La calidad de cultivos de maíz y soja cayeron a niveles mínimos y los principales analistas ya han realizado recortes productivos. Pero finalmente llegaron las lluvias, y los pronósticos marcan otro frente para fines de mes”, subraya.

Romano observa que se espera una baja marcada en el mercado internacional, pero menos profunda en el local, dado que de todas formas “estaremos con una menor producción”. Precisamente, los precios que vinieron sosteniéndose desde mediados de 2021, al salir de la pandemia y movidos por la fuerte expansión del consumo cárnico en Asia, la demanda internacional ya no convalida los niveles de precios actuales, con señales negativas del lado de China, donde el precio de los cerdos sigue bajando.

Para el economista y profesor de UCEMA Federico P. Vacalebre, por el momento, en Estados Unidos, pareciera que la desinflación está en curso aun cuando la Fed nos esté mencionando otra cosa, en especial dados los pronósticos macroeconómicos que publicó en el FOMC (comité de política monetaria) el 14 de diciembre. “Es sensato no descartar desaceleraciones fuertes de inflación en 2023, si bien también hay que tener en cuenta que es un proceso lento”, arriesga en un horizonte en el que se proyecta una economía estancada, tasas positivas e inflación en declive.

También marca esa dirección el especialista en comercio internacional Marcelo Elizondo. “Para  2023 se esperan que los precios de los productos que exporta Argentina no sólo no aumentarán 17% como el año pasado sino que probablemente bajarán entre 4% y 5%, en parte por la desaceleración de la economía global y también que harán que las importaciones en América latina, por ejemplo, caerán 2%”, acota. El tema no es menor para una economía como la argentina que sigue dependiendo en dos terceras partes de las exportaciones de origen agropecuario. El año pasado los casi US$88.000 millones que, por la combinación de menor producción y precios más bajos, mermarían entre US$7.000 y US$9.000 millones.

“El único saldo comercial relevante argentino es en el mercado de bienes, todo lo demás es neto cero o hasta negativo”, analiza.

En el mercado cambiario, el problema es que las exportaciones son el único recurso genuino para conseguir dólares (Argentina no tiene entrada de capitales sino salida y déficit de la balanza de servicios) y eso genera la desesperación del Gobierno por buscarlos. Así se enmarcan iniciativas como el swap con China, financiamiento privado si éxito, los planes Soja 2 y 3 y también ahora el proyecto de financiamiento de Brasil para importaciones desde ese país durante este año. “Eso descomprimiría el mercado cambiario, pero al mismo tiempo genera un pasivo que hay que atender el año próximo, con las empresas que asumirían un riesgo cambiario”, detalla Elizondo.

Romano sostiene que, en este afán por los atajos, el dólar soja rompió el mercado de granos. “Cuando se produjo en septiembre la primera versión, se tomó como una excepción. Pero con la versión de diciembre, llegamos a la conclusión de que se ha convertido en una nueva arma del Gobierno para generar recaudación y mayor cantidad de divisas”, concluye.

Brasil. El último intento en esa línea fue la propuesta más publicitada que fundada, de moneda común con nuestro vecino “mayor”. En realidad, para Elizondo, sólo se trata de una búsqueda de una unidad monetaria para el intercambio económico bilateral. “Es un mecanismo de cobertura de los saldos a través de una moneda (en realidad un nomenclador para operar con las monedas locales). Pero con muchísimas dudas sobre su eventual implementación (quién va a emitir, qué percibirá cada empresa en cada país, etc.) que de todos modos no sería algo rápido por las complejidades operativas (cómo operarán los bancos habituados a hacerlo en dólares), macroeconómicas (cuánto se va a emitir y quién lo va a decidir; a qué cotización, etc.). En este campo hay mucho por hacer y la descoordinación de las políticas macro entre ambos socios atentaría contra la profundización de cualquier política económica, como la moneda común o la consistencia de la oferta monetaria.

En medio de estos globos de ensayo en un año electoral, hay un protagonista que mira pasar estos intentos: el productor. Esteban Barelli, líder del Área de Economía de CREA entiende que los riesgos institucional y climático sólo representan dos de los principales riesgos que las empresas agropecuarias de Argentina están gestionando en esta campaña. “El primero implica no solo impacto en el corto plazo, sino que las diferentes medidas gubernamentales también inciden en la sostenibilidad de las empresas a mediano y largo plazo”, aprecia. ¿Soluciones para un sector, pero no para sus empresas?

 

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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