Jueves 26 de enero, 2023

ECONOMíA | 22-01-2023 00:16

Intercambio comercial: una agenda urgente

Los buenos precios para las exportaciones argentinas disimulan la falta de una política de integración con el comercio global.

Argentina llegó en 2022 a un récord de exportaciones (unos US$100.000 millones, sumando bienes y servicios). Sin embargo, la principal razón de ello está en los elevados precios internacionales. Por lo tanto, si la Argentina pretende una más intensa participación comercial internacional futura requerirá cambios sustanciales.

Datos. Los negocios globales se han complejizado. Las llamadas cadenas globales de valor (que según OCDE integran 70% del comercio internacional planetario) están mutando hacía ecosistemas (redes) formados por empresas (productores, abastecedores, comercializadores), inversores, financiadores, inventores, prestadores de servicios complementarios, en arquitecturas vinculares supra fronterizas. Se trata de una vinculación externa no solo comercial sino empresarial integral.

Por eso hay un dato critico que nos incumbe: si se mide la participación de las exportaciones argentinas en cadenas de valor intra o extrarregionales, aquella es menor que en la mayoría de nuestros vecinos (Brasil, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Venezuela, Colombia, Panamá).

Argentina tiene pendientes reformas para una mejora en la relación sistémica externa. Tenemos apenas 5 empresas argentinas entre las 100 mayores multinacionales latinoamericanas (multilatinas) en un listado en el que hay 30 mexicanas, 29 brasileñas, 21 chilenas y 10 colombianas. Mientras al inicio del corriente siglo el stock de inversión extranjera de empresas argentinas fuera de su territorio rondaba 0,3% del total mundial, hoy solo llega al 0,1% (otros 5 países de Latinoamérica exhiben mayor stock que Argentina).

Y también es muy menor el stock de inversión extranjera directa hundida en nuestro propio territorio. Con menos de US$100.000 millones, el importe es (en términos absolutos) muy inferior al de México y Brasil (casi sextuplican a Argentina) y también menor al de Colombia (más que duplica al de Argentina), Chile (casi nos duplica) y hasta Perú (casi un cuarto mayor al de Argentina).

Escasez. Lo que se vincula con la escasa cantidad de empresas argentinas que logran exportaciones significativas: solo 11 empresas argentinas exportaron en el último registro medido más de US$1.000 millones (y apenas 60 más de US$100 millones). Consistentemente con esto, la cantidad de empresas registradas como exportadoras en nuestro país cayó en 15 años de unas 14.500 a unas 9.500.

Por ello, lograr más calificados resultados comerciales externos exige reformas varias.

Por un lado, una mejora en condiciones internas: macroeconomía, regulaciones, institucionalidad, infraestructura. Por el otro, la creación de una nueva arquitectura institucional exterior.

Suele hacerse referencia a que una debilidad argentina (a ser corregida) consiste en nuestra escasez de acuerdos de libre comercio. Es una dificultad estructural. Según la OMC ya el 70% de todo el comercio internacional planetario ocurre entre países o mercados que han acordado entre sí reducciones arancelarias (al 0%). Y a este asunto relativo a los acuerdos arancelarios debe añadírsele que últimamente los países están generando además (entre sí) instituciones comunes: coaliciones regulatorias (acuerdos normativos no arancelarios comunes -entre aliados- para inversión, producción, trabajo y comercio). Y ello alienta la integración productiva.

Sociedades globales. En el mundo hay 355 acuerdos de liberalización regional vigentes y de entre ellos más de la mitad ya ha avanzado por estas más profundas alianzas regulativas. Arquitecturas vinculares internaciones cada vez más sofisticado. Así, estos acuerdos internacionales de apertura reciproca en el planeta han creado espacios integrados funcionales.  Ya no se tiende a celebrar meros pactos de reducción arancelaria (Free Trade Agreements), que en la nomenclatura de la OMC son conocidos como Preferencial Trade Agreements (PTA), sino que proliferan los “Deep Trade Agreements” (DPA).

Y un efecto de ello es que, pese a los efectos del COVID, la guerra y algunos triunfos electorales de fuerzas nacionalistas, el comercio internacional global sigue en alza. En el recién terminado 2022 ha llegado a un récord histórico (casi US$32 billones -bienes más servicios- que suponen US$10 billones más que hace un lustro y que representan casi 30% del producto mundial). De tal modo que 70% del todo el flujo comercial entre países hoy se encuentra favorecido por preferencias arancelarias (que no son universales sino entre socios).

Desventaja. Ahora bien, Argentina solo ingresa a mercados con preferencias arancelarias con 26% (US$21.472 millones, de un total de US$82.293 millones en los ya medidos 11 meses de 2022) de sus exportaciones de bienes. Y si a ello se suman los servicios, el porcentaje de comercio dentro de pactos preferenciales se reduce a 22% porque Argentina no se beneficia de acuerdos relevantes en materia de intercambio de servicios. Argentina apenas goza de preferencias arancelarias del comercio de bienes relevantes en el Mercosur y en algunos otros socios regionales con preferencias especiales.

La mayoría de los mayores destinatarios de nuestras exportaciones mayoría grava con aranceles de ingreso a nuestras ventas. Y ello supone un hándicap en contra. Entre los 10 mayores destinos para las ventas argentinas (que explican dos tercios del total de las exportaciones) solo hay vigentes dos acuerdos significativos de preferencias arancelarias (existen algunos otros menores y solo parciales).

Debe decirse que a esta altura de los acontecimientos en el mundo la carga arancelaria ha dejado de ser el mayor obstáculo (en 30 años el arancel promedio en el planeta se redujo desde 15,5% a 5,1%, a lo que debe agregarse que más de dos tercios de todos los países comercian atravesando tarifas arancelarias en fronteras sustancialmente inferiores a ese promedio). De esa manera, y como la otra cara de la moneda, Argentina y el Mercosur no han acompañado el proceso y mientras nuestras exportaciones pagan elevados aranceles relativos de acceso a mercados, también nuestro país mantiene un arancel para el ingreso de importaciones promedio que ronda el 12%, lo que -sumado a las restricciones cuantitativas y burocráticas a las importaciones- duplica el promedio latinoamericano y reduce la capacidad de las empresas argentinas a acceder a tecnología, bienes de capital o insumos calificados.

Hoja de ruta. Por lo referido, se requieren urgentes reformas. Como también corregir dos asuntos adicionales pendientes. Por un lado, nuestro país, pese a haber adherido al Tratado de Facilitación de Comercio de la OMC, no avanzó en su implementación (se estima que las acciones dirigidas a la facilitación reducen costos en entre 10% y 15%). Y, por el otro, la mala reputación financiera local agrega costos de financiamiento a las empresas en más de 20% comparado con sus competidores.

Por ende, además de las (numerosas) reformas internas en espera; la agenda futura (que debería ser discutida en este año electoral) debe contener la creación de nuevos “hardware” y “software” económicos externos. De otro modo, seguiremos dependiendo de acontecimientos fortuitos.

 

*Marcelo Elizondo es especialista en negocios internacionales, Chairman del Comité Argentino de la International Chamber of Commerce (ICC).

 

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por Marcelo Elizondo

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