Domingo 29 de enero, 2023

ECONOMíA | 25-12-2022 00:34

Final de fiesta: Los precios no descansan

Luego de la euforia mundialista e incentivos al consumo, vuelve el foco en la inflación.

La trunca caravana de los Campeones del Mundo y los posteriores agasajos en su pago chico a los consagrados marcó, probablemente, el final del oasis mundialista y la vuelta a la realidad. Prácticamente el mes que transcurrió con la atención puesta en los estadios de Qatar dejó en el congelador la preocupación anterior en el escenario económico: la inflación.

En el medio, la medición de noviembre del INDEC arrojó un alentador 4,9%, marcando una desaceleración paulatina desde julio. En esto jugaron a favor varios elementos: la implementación del programa “Precios Justos” que en la primera implementación acomodó los precios de los 1.500 productos involucrados, la estacionalidad de algunos rubros (que termina justamente a fin de diciembre), el retraso del ajuste tarifario y la sequía, que aceleró la liquidación de ganado poniendo un techo al valor de la carne.

Ánimo. Pero todo eso llegó a su fin. En primer lugar, la generación del “bono privado” que se agregó al de las jubilaciones, la percepción del aguinaldo y otros alicientes al consumo que movilizó el espíritu ya abonado por el Mundial. “No cabe duda de que el ‘efecto campeón mundial´ eleva el ánimo, el famoso estado de ánimo del consumidor se alegra y aliviana transitoriamente, con lo que, sumado a la cercanía de las Fiestas y el cierre de año, hace que pueda potencialmente haber un pico muy contextual del consumo de categorías celebratorias o indulgentes (desde dulces, a fiambres o alcohol)”, explica la consultora Ximena Díaz Alarcón, directora de Youniversal. Además, apunta a que, más allá de los festejos, hay cambios que son estructurales (incertidumbre, falta de previsibilidad, baja o nula expectativa de crecimiento, inflación galopante, etc.), pero otros son más nuevos y “podrían lanzar una luz de esperanza sobre el ánimo del consumidor local”, estima.

Precios. Para coincidir con las expectativas del equipo económico de ir reduciendo la inflación desde el “techo” de 7,4% de julio a un 4% mensual para el verano y luego llegar en el segundo trimestre al 3%, la luz de alerta se encendió. Un viejo dilema de la política económica sólo amortiguado por la estacionalidad de la demanda de dinero que presenta un pico para diciembre y enero que da algo de oxígeno a la emisión monetaria sin tanta contrapartida inflacionaria.

Para la consultora Invecq, el alivio inflacionario, la misma podría contrarrestarse con el necesario ‘catch-up’ que tengan que realizar los precios regulados que todavía corren casi 10 puntos por detrás de la inflación núcleo en los últimos 12 meses, a pesar de la aceleración que registraron en noviembre. “El gran desafío de este programa de Precios Justos es que la estructura de costos acompañe, ya que de lo contrario no será sostenible. Frente a esto, el Gobierno decidió aplicar más controles de precios a otros eslabones de la cadena productiva y avanzó esta semana con un nuevo programa de precios con proveedores de insumos”, consignó en su informe.

Jorge Vasconcelos, economista jefe del IERAL, advierte que las presiones inflacionarias subyacentes no se han aplacado, “aunque en la “superficie” (evolución de la Base Monetaria) se observe mayor control”. Señala que el balance de 2022 por el dólar soja y las compras en el mercado secundario de deuda del Tesoro se han activado factores de emisión monetaria que acumulan el equivalente a 2,9% del PBI, a lo que se suman otro 4% que por el pago de intereses de Leliq.

Aun controlando el déficit fiscal “operativo”, la bola de nieve generada por el financiamiento del rojo anterior va generando una pesadilla para la política monetaria. Se estima que a fin de este año habrá 2,5 veces la base monetaria buscando ser financiada cada mes. Además, con la suba de intereses por el aumento de la inflación y no alentar una dolarización mayor de las carteras, creció la carga financiera.

Para Camilo Tiscornia, director de la consultora C&T Asesores Económicos, el paréntesis en la desaceleración de los precios no es sostenible automáticamente. Para que pueda cumplirse la aspiración oficial, “debería haber una consolidación de la situación fiscal (con una marcada convicción por reducir el déficit) pero también que hubiera buenos resultados en las licitaciones de títulos”. A su juicio, eso es cada vez más necesario porque si bien a partir de diciembre se va a achicar el rojo operativo, quedan concentrados los vencimientos de deuda. “Eso incide en las expectativas de inflación altas. No se trata de renovar o canjear deuda sino a qué fecha porque hoy no puede colocar más allá de mayo. Si no ocurre, se van a generar una montaña de vencimientos para 2023”, agrega. En cuanto las expectativas a mediano plazo, Tiscornia no ve razones para que en noviembre del año próximo la inflación termine siendo mucho menor al 95% de lo proyectado para 2022. “Pero si hay un cambio de Gobierno que corregiría tipo de cambio oficial y las tarifas, podría empujar la inflación en el próximo diciembre y terminar la de todo el año más alta que este año”, concluye.

El dólar, siempre. Finalmente, lo que también podría condicionar la “pax inflacionaria” es el otro costado vulnerable de la economía durante el año que termina: el sector externo.  Algunos economistas, como Fernando Marull, considera que en ese “cuello de botella” radica la explicación del freno a la reactivación de la economía: el desafío será cómo crecer a una tasa sostenida si hay dificultad para la provisión de insumos o el cepo financiero para el pago de obligaciones en el exterior.

La consultora Ecolatina, advierte en su último informe semanal sobre las consecuencias de la sequía -entre otros factores de cara a 2023. “Se espera que el fenómeno de La Niña se extienda hasta el primer trimestre del próximo año y comience a darse paso a una fase neutral con un 71% de probabilidad durante el trimestre febrero-abril”, señaló. Y agregó un dato muy contundente: en un año signado por el financiamiento neto negativo del FMI, en contraste con este año, “un menor dinamismo en el crecimiento mundial y un tipo de cambio apreciado, el estrés sobre las cuentas externas en el primer tramo de 2023 colocará a la finalización del Gasoducto Néstor Kirchner como una variable fundamental de cara a la necesidad de obtener un saldo superavitario”.

Conclusión: lejos de la debacle, pero bastante más cerca de los mismos problemas con los que hace un mes, la economía argentina, entró en frecuencia mundialista. Los mismos desafíos, pero en un contexto con su propia dinámica “de lo impensado” como solía insistir el recordado Dante Panzeri.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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