Domingo 29 de enero, 2023

ECONOMíA | 04-12-2022 01:56

Inversiones extranjeras: fuga en cámara lenta

La marcha de empresas multinacionales son solo la parte visible de un proceso de pérdida de atractividad de la economía argentina.

El anuncio no hizo ruido más por la magnitud de la empresa involucrada que por los sorpresivo de la decisión de marcharse del país del gigante italiano que controla EDESUR, el Chocón y dos centrales térmicas de generación. Enel es una compañía eléctrica italiana que opera en el segmento energético tradicional y de carácter renovable, con presencia en más de 30 países en todo el mundo, 74 millones de usuarios finales y una red de distribución de 22 millones de kilómetros y con activos totales por US$266.000 millones y un patrimonio neto a septiembre de este año de US$42.000 millones, propiedad en casi 27% del Estado Italiano.

Pasaje de vuelta. En principio, la decisión de abandonar el país es multicausal y su CEO Francesco Starace lo confirmó luego de la última reunión de accionistas e involucra no sólo a las operaciones en el país sino también de Perú y de Rumania. La idea anunciada es la de desinvertir en mercados con poco retorno y riesgos altos para encarar de lleno la nueva Meca de la industria: las energías renovables. Para los entendidos, el veredicto sobre el país andino es un misterio, pero en el caso del servicio con sede en Bucarest era cantado: los problemas allí son sólo comparables con los que arrastra en Argentina.

Un año antes, el mismo directivo afirmó que se encontraban expectantes acerca de su horizonte inversor en el país. Probablemente las idas y vueltas con la actualización de las tarifas, pero, sobre todo, por el poco sustento político que tenía el sinceramiento del esquema de precios en todo el sector, los apuró a cerrar la puerta.

El tema no sólo es EDESUR, cuyo abastecimiento está siempre en la mirada del kirchnerismo por la sencilla razón que abastece a su corazón electoral y por lo tanto el monto que el Gobierno nacional destina a subsidiar su consumo, sino el resto de la cadena de valor del sector del que también participa. El hilo conductor es muy claro: el management global del emporio no está dispuesto a canalizar energías y dinero para sobrevivir en un mercado con alta volatilidad y mucho riesgo político. El único interrogante es cómo se irá desprendiendo de sus activos más importantes que, en el caso de EDESUR, seguramente será otro grupo “experto en mercados regulados”, como el que se quedó el año pasado con EDENOR.

El éxodo. El primer sector que precisamente levantó vuelo fue el aeronáutico. Antes de la pandemia ya había manifestado su voluntad la low-cost Norwegian, luego de su estresante experiencia de tres años en el país. Vendió su operación local a la chilena Jetsmart. Luego, ya en plena pandemia y con el sector patas para arriba, fue el turno del que había hecho, hasta ahora, más ruido: Latam Argentina. Despidió a casi todos sus empleados y sólo quedó operando las rutas internacionales. Air New Zealand y Qatar Airways también aprovecharon el parate de la pandemia para detener sus operaciones en Buenos Aires. Alitalia fue otra que lo hizo, pero allí la crisis que arrastró fue de orden global.

Falabella fue otra chilena que borró a Argentina de su portafolio de inversiones, con orden y haciéndose cargo de las contingencias que habitualmente son una pesadilla en estos casos; encontró en Francisco de Narváez un comprador que se había iniciado como supermercadista y hábil sherpa en los senderos del poder y así tachó de su mapa el nombre del país el primer empleador privado global (2,1 millones de colaboradores). Alicorp (alimenticia de Perú), Brightsar (componentes eléctricos con planta en Tierra del Fuego); las vinculadas con autopartes: Basf y Axalta (pinturas) y Saint Gobain (cristales) y Glovo, son algunos de los casos más emblemáticos. Raizen Gas (vinculada con Shell) y Petrobras (Brasil) encabezan la lista de las multinacionales que cambiaron sus apuestas regionales que involucró la venta de sus filiales argentinas. Muchos nombres y una pregunta: ¿por qué dejó de ser atractivo el mercado argentino?

Causas. El consultor Marcelo Elizondo, especializado en economía internacional, advierte que la tendencia en Argentina va a contramano de la corriente mundial. Desde comienzos de siglo, el stock de inversión extranjera directa (IED), según cifras de la OCDE, se multiplicó por 6, mientras que en nuestro país aumentó menos del 50% en estos 21 años (una tasa del 1,9% anual). Y si no fuera por los controles de capitales que obligaron a las filiales de empresas multinacionales a reinvertir mucho más del estándar global en activos fijos, el crecimiento hubiera sido casi nulo. “El problema no es tanto lo que se fue sino lo que dejó de venir. Con excesos de controles se frena la sangría, pero se ahuyentan otros capitales que eligen otros mercados con más atractivo”, explica. Hace dos décadas Argentina reunía el 0,9% del total de la IED mundial y hoy reúne sólo el 0,2%. Este porcentaje que también estaría vinculado con la poca vocación de las empresas nacionales para internacionalizarse y competir regionalmente: sólo representa el 0,1% de la IED global. Brasil, por ejemplo, tiene 7 veces más inversiones “hundidas” en su territorio, pero muy poco de origen argentino.

Elizondo enumera las razones por las cuales, en general, las empresas optan por irse del:

1.Debilidad institucional. Contratos en los que la autoridad interviene mucho, Justicia lenta, pocas garantías individuales, resolución de conflictos en tiempo y forma inadecuados.

2. Inestabilidad macroeconómica. Para lo inestable, no hay management adecuado para gestionar tal grado de incertidumbre y riesgo.

3. Entorno regulatorio. El cepo comercial y el excesivo control de capitales son complicados e incompresibles para el extranjero. Sobre todo, el comercio intra-firma se dificulta (y es un tercio del total del comercio internacional de US$28 billones)

4.Debilidad en la arquitectura internacional. No hay muchos acuerdos de libre comercio firmados por Argentina y el 70% del comercio mundial es entre países que redujeron a 0 sus aranceles.

En síntesis, existe un entorno favorable hacia la IED cuando hay apertura del comercio con acuerdos internacionales y acceso fluido a diferentes mercados, acceso al financiamiento internacional, intercambio de datos e información con el mundo y buena recepción para los flujos de capital extranjero. El drenaje continuo de firmas es sólo la punta del iceberg de un fenómeno desnudado, también, por la bajísima tasa de empresas por habitante: 12 cada mil habitantes de Argentina mientras en Uruguay es de 48 y en Chile, 36. Todo tiene que ver con todo.

 

 

Galería de imágenes

En esta Nota

Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

Comentarios