Viernes 9 de diciembre, 2022

ECONOMíA | 05-11-2022 10:04

La región y un Mercosur de desiguales

La nueva política económica, obligada a convivir con los desequilibrios argentinos.

Que Lula haya obtenido, aunque con un margen ajustado, la presidencia de Brasil por tercera vez no es una sorpresa porque refleja dos cuestiones recurrentes en el resto de la región: desde la pandemia los oficialismos vienen perdiendo en las urnas y la paridad en el conteo final implica la polarización política. Sin embargo, en el caso del gran vecino, la economía pareció estar al margen de la gran discusión electoral. Quizás porque los números que vino mostrando el gobierno de Bolsonaro evidencian que la actividad económica ya terminó de recuperarse (se proyecta un crecimiento del 3,5% del PBI para este año) y la inflación, el otro flagelo internacional, luego de un pico del 7,5% anual (en el primer semestre) se desaceleró. Por tercer mes consecutivo, en setiembre el IPC volvió a caer y dio paso a la deflación.

El espejo. La relativa buena performance de la economía brasileña contrasta con los desequilibrios argentinos. Localmente, además de la inflación, con valores mensuales similares a los interanuales del vecino, la otra cuestión con un fuerte contraste es la faceta cambiaria. Se estima que a octubre el Banco Central de Brasil terminó acumulando US$370.000 millones, casi 10 veces más que lo que anota el BCRA, pero con muchas dudas de cuánto es lo que realmente cuenta como disponible (lo que se conoce como reservas netas líquidas) para poder enfrentar cualquier corrida cambiaria. En cambio, Brasil aprovechó el viento de cola del boom de commodities para alentar su producción agroindustrial para convertirse en una potencia alimentaria mundial, a pesar de que ese sector no tiene el nivel de competitividad ni refinamiento de los dos países líderes en el mercado internacional: Estados Unidos y…. Argentina.

Para el analista internacional Jorge Castro, hay factores políticos claros que marcan las restricciones con las que se enfrentará Lula en el inicio de su gestión y evitará que tenga la libertad de acción de hacer un giro de 180 grados en la política económica que lleva Bolsonaro. En primer lugar, no controlará las dos cámaras del Congreso por lo que marcará un límite a la línea política tradicional del PT y también contará con un fuerte monitoreo de los estados más ricos y enclaves productivos de Brasil, protagonistas del fuerte crecimiento a partir del sector más dinámico, el de los agronegocios. “Brasil no sólo es un país grande: también es el mayor sistema industrial integrado de América latina. Pero este sistema industrial está diseñado para el mercado interno, incapaz de competir internacionalmente por lo que se potenció la ventaja de la producción agropecuaria que convirtió a Brasil en una potencia alimentaria global”, explica.

Castro, no cree que habrá cambios en la relación entre Argentina y Brasil porque la complementariedad de ambas economías es muy alta. Brasil es el principal mercado industrial para Argentina y eso es inamovible. Además, el mercado argentino es relevante para Brasil porque es el único mercado en el que las exportaciones brasileñas tienen una ventaja sobre el resto de los competidores por la protección del Mercosur. “Argentina y Brasil son dos mundos distintos. Con sistemas propios y recorridos diferentes. Argentina es el país de la región con mayor participación política y tiene un sesgo en su identidad que lo diferencia de cualquier otro proceso político pero que no impide una mayor complementariedad con la economía brasileña para beneficio mutuo”, concluye.

Lazos cercanos. Para el futuro inmediato de la economía argentina, las decisiones en materia de política económica del gobierno entrante de Lula no es algo neutral. En primer lugar, por la dimensión del aparato productivo vecino y también de la magnitud de su mercado: US$1,35 billón vs. US$420.000 millones (según el Banco Mundial) y 210 millones de habitantes vs. 47 millones (según las estimaciones y el último censo nacional). El consultor y especialista Marcelo Elizondo señala que la integración de varios sectores va mucho más allá del intercambio comercial. El desbalance comercial entre ambos países (fue de -2.328 millones para Argentina en los diez primeros meses del año) forzó a continuar con salvaguardas y cepos de todo tipo, cosa que “por ahora son tolerados con paciencia por el equipo económico de Lula, pero no sabemos por cuánto tiempo más”. En un bloque comercial que es uno de los más cerrados del mundo (con exportaciones totales de 15% del PBI), solo comparable con el NAFTA pero que tiene una gran apertura interna gracias a la dimensión singular del mercado norteamericano.

A su juicio, Lula es una autoridad que tiene una clara vocación internacionalista. Bolsonaro, en cambio, es un líder al estilo de los ’90: abre la economía bajando aranceles y listo. Además, su personalidad genera antipatía y hace difícil negociar con él. "Lula habló el mismo día del triunfo y se refirió la Unión Europea y Estados Unidos como objetivos próximos de mejorar una política comercial. Por lo tanto, creo que va a querer mejorar su relación con los demás miembros del Mercosur. Al fin y al cabo, Lula es un sindicalista y por lo tanto un negociador convencido. Pero de allí a que se produzcan cambios significativos será un camino largo y difícil", concluye.

En su coalición, Lula tiene la línea histórica del PT, mucho centrismo en los que se aliaron, como su vice y siempre se apoya en un componente tecnocrático pragmático. Como Brasil estará muy dividido y Lula quedará condicionado pronto, no sé si el resto de sus socios tendrá la tolerancia necesaria con un país como Argentina que traba el comercio interbloque, dilata la apertura comercial, pone cepos y retrasa el tipo de cambio. Finalmente, no creo que Argentina con elecciones en curso tenga la prioridad de poner en agenda los cambios estratégicos para reimpulsar el Mercosur.

Sintonía fina. El economista Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, la capacidad que tenga el próximo gobierno de Brasilia para actuar con prudencia y no ahuyentar inversiones es clave por el contexto monetario internacional. Con un súper dólar y la depreciación del resto de las monedas fuertes (yen y euro) le agregaría más presión sobre el peso una caída del Real. “Lula en el pasado probó ser bastante racional en materia económica. Ahora tiene un discurso más moderado y hay que ver quién será su ministro de Economía, pero de todos modos él mismo entiende que no se puede romper la macroeconomía permanentemente, aún con una mayor inclinación a incrementar sin excesos el gasto público”, estima.

Según la estimación de la consultora Eco Go, la paridad de la evolución de los PBI de ambos países es notable, si bien muestra una mayor volatilidad en el caso argentino (incluida la gran caída y posterior recuperación a causa de la pandemia). “Con el cambio de gobierno debería haber una mayor sintonía, facilitar el comercio e impulsar una mayor actividad, pero la verdad es que ambas economías son cerradas y hay muchos limitantes de ambas partes para el comercio”, remarca su director asociado, Sebastián Menescaldi.

Además, Brasil todavía está en un contexto de consolidación por lo que no se espera que traccione mucho la actividad económica en Argentina y a esto se suma que la cosecha de trigo (uno de los principales productos de exportación) caerá mucho este año por la sequía. Por ahora, los ruegos no deberían ser puestos en un milagro brasileño sino en que el cambio climático no perturbe demasiado el boom exportador agropecuario local.

 

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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