Monday 22 de July, 2024

ECONOMíA | 13-06-2024 20:18

Crisis sin fin: condenados a la duda

Con la inflación en baja, el rebote de la actividad económica y el consumo recién pueden proyectar una recuperación para fin de año.

La incertidumbre parece ser el común denominador de la política económica, no sólo porque los resultados todavía no plasman el optimismo inicial con que la administración Milei en indicadores socioeconómicos positivos sino porque aun guardando esperanza que a la crisis sobrevendrá indefectiblemente la reactivación, nadie puede precisar cuándo y mucho menos, cómo.

Transiciones. Si hubo un pase improvisado y tumultuoso de un régimen de política económica a otro fue en 2002, con Eduardo Duhalde trasladando el pacto con el alfonsinismo parar volver a poner el conurbano bonaerense al mando de la situación, pero también para desandar el camino trazado en la década que duró la convertibilidad. “Estamos condenados al éxito”, expresó en un arranque de sinceridad el exgobernador que debía completar el mandato del renunciado Fernando de la Rúa. Más que un blooper, la frase (como otras que pasaron a la posteridad como promesas incumplidas) desnudaba una visión simplista de la dinámica económica que tarde o temprano terminaría por encausar las fuerzas “productivas”. Pasaron los gobiernos, ministros de Economías, hasta los presidentes del Banco Central y el éxito no se produjo. La promesa de un giro de 180 grados en la política económica, con un ajuste que pagaría “la casta” y una “motosierra” que diluiría la pesada mochila fiscal que le toca llevar al contribuyente, transcurre con altos y bajos. Nadie puede asegurar que el rebote de la economía es inminente, empezando por la actividad y terminando en el circuito que se retroalimenta de consumo, inversión y recaudación impositiva. Pero tampoco, que nunca llegará. Una ambigüedad entre querer creer con el fantasma de otro ciclo de ilusión y desencanto, como acertaron en bautizar Pablo Gerchunoff y Lucas Llach.

La historia. No es un temor absurdo. Según una estimación que realizara la consultora Eco Go sobre datos del INDEC y Orlando Ferreres, en el período que va de 1970 a 2022 el PBI argentino creció a un promedio de 1,8% anual (casi igual al de su población), muy por debajo de los Estados Unidos (2,7%), Perú (3,2%), Brasil (3,4%) o Chile (3,9%). Una sensación de estancamiento que, comparadas con las economías de la región que además fue la que menos creció en el mundo, se parece más a una caída continua.

El lapso desde 2015, sin ir tan lejos, marcó otra década perdida: el nivel de actividad casi fue aún más bajo en abril de 2024 que nueve años atrás y nada indica que se pueda terminar este año con un repunte notable. La única nota sobresaliente de este año fue la buena performance del sector agropecuario en la comparación interanual pero realizada sobre un año de grave sequía como la campaña pasada.

Con menos de la mitad de la población activa empleada formalmente (y aún menos en el sector privado) no todos los asalariados pudieron alcanzar a la inflación. Así se amplió la brecha de ingresos con cuentapropistas e informales, el consecuente crecimiento de la pobreza, estimada por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA en 55,6% para el primer trimestre de este año.

Sin embargo, estos resultados chocan con una corriente de opinión pública que “bancan”, esperando lo que en otras gestiones se llamaron “brotes verdes”, “el segundo semestre” o cualquier otra señal que anticipe el fin del peregrinaje en el desierto. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora la Universidad Di Tella arrojó un crecimiento en mayo de 2,7% con respecto al mal mes de abril, pero todavía sigue 4,1% por debajo de mayo d 2016 y 16% con respecto al mismo mes de 2020, bajo gobierno de Alberto Fernández y en medio de la pandemia.

Indudablemente, la razón por la cual el Gobierno todavía conserva buena parte de la opinión pública favorable es la desaceleración de la inflación. Durante este año vino descendiendo escalones más rápido que lo que se proyectaba, quizás entendiendo que el momento de su asunción, la inflación era considerada el principal problema económico por casi el 70% de la población, según la encuesta de opinión que monitorea Eco Go. Hoy esa preocupación ronda el 38%, acercándose a la mención de otros inconvenientes: las tarifas y el desempleo (con 22% y 20% de las menciones en mayo). Con un IPC ya por debajo del 5% mensual (4,2% en mayo), un nivel de actividad todavía muy bajo, desempleo creciente y eliminación de los subsidios que se fueron postergando, el escenario próximo marca esa tendencia.

El ancla. Todo este panorama quedó plasmado en la misma semana en la que el Senado se ponía en marcha para decidir la suerte de lo que queda de la Ley Bases y que se volvía a poner sobre la mesa el concepto de gobernabilidad, que operativamente para los agentes económicos simplemente significa si el Gobierno podrá hacer lo que dice. El parto legislativo para esta primera ley desnudó tanta mala praxis que fue aprovechado por los grupos opositores (“dialoguistas” y “obstruccionistas”) para constituir nuevas mayorías alrededor de algunas iniciativas, quizás sólo para mostrar la endeblez política oficialista. Un caso fue el de la actualización de las jubilaciones. Jorge Colina, presidente de IDESA se aleja de la dicotomía: “hay que analizar cuál de las dos alternativas es más consistente con el objetivo de un superávit fiscal sustentable”. Muestra que en junio el haber medio, incluyendo el bono que no está sujeto a la movilidad, se ubica aproximadamente un 37% por debajo del nivel registrado en 2017. Pero con el proyecto con media sanción en Diputados el haber medio sube 6%. Esto implica que el haber medio, aun con el aumento del proyecto de ley de Diputados, todavía quedaría un 33% por debajo del haber medio del 2017. En definitiva, Colina sugiere que el proyecto de ley aprobado en Diputados mantiene la fuerte licuación que se produjo en el gasto previsional con la crisis inflacionaria que se desató en 2018 y que persiste hasta la actualidad. A su juicio y para la salud de las finanzas públicas, es mejor optar por una buena reglamentación que abrir las puertas a la litigiosidad que vendrá por tener reformado un esquema previsional por decreto y no por ley.

El ancla fiscal se convirtió para el Gobierno en una fortaleza a defender de los ataques distribucioncitas. Pero las tensiones no están en el pasado donde se licuaron gastos y se cortaron flujos de fondos sino en el futuro inmediato en que, además de la previsible recomposición de jubilaciones y sueldos estatales, deberán ponerse en marcha las obras suspendidas y optar entre seguir subsidiando servicios públicos para continuar con la desaceleración del IPC o postergarla y frenar dicha tendencia.

Quizás esta incertidumbre despertó al sensor del dólar libre, se retomaran las presiones por aumentar el ritmo de las devaluaciones (hoy en el 2% mensual, menos de la mitad de la inflación) y el Banco Central encendiera una luz de alerta: por primera vez cerraba una semana teniendo que vender reservas. La capacidad de restaurarlas fue uno de los pilares sobre los que se asentó la confianza que el programa económico pudiera sortear su debilidad institucional.

Con un precio internacional más bajo (20% menos que en 2023) y con el aliciente préstamos oficiales que evitan la liquidación inmediata, el productor se mostró más reticente a la hora de vender. Esto sí es un problema porque las divisas no están disponibles para la demanda creciente de importadores, cumplir con los pagos con organismos y bonistas y el suspenso que le puso China para renovar el swap. Todo esto se visualizó a través de la suba continua del riesgo país (arriba de los 1.500 puntos básicos, es decir 15% más que lo que pagan los bonos del Tesoro de los EE.UU.) con la dificultad para seguir refinanciando deuda interna. Jorge Vasconcelos, economista Jefe del IERAL señala que “Las urgencias de la economía tendrían otro color si el Gobierno tuviera chances cercanas de eliminar los cepos al cambio y al comercio exterior, pero ese paso requiere un contexto de mayor acumulación de reservas, de menor riesgo país y de inflación perforando nuevos pisos”. Como en un juego de Jenga, cada pieza que se mueve pone en riesgo el equilibrio de todo el sistema. La incertidumbre sobre la que los argentinos hemos convivido casi toda nuestra vida agregar un capítulo más a esta novela sin fin.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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