ECONOMíA | 08-01-2022 11:51

El arrastre de 2021 y los escenarios económicos 2022

En año pasado hubo más actividad, pero también más inflación que la prevista originalmente, pero no se replicaría en el año que empezó.

En muchos aspectos, el alivio por el año que se fue también llegó a la economía, pero la esperanza de que todo lo que vendrá servirá para sepultar las frustraciones y confirmar las sorpresas del año que se fue. Si habría que encontrar la palabra clave del 2021 fue inflación. Y si habría que encontrar la que se proyecta que será la del 2022 las apuestas apuntan al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En mayo pasado, NOTICIAS realizó su tradicional nota sobre escenarios económicos y no porque haya sido el inicio de una gestión. La razón era la incertidumbre que reinaba en la economía local por lo que se preveía podía ser un rebrote de la pandemia, por un lado y las idas y vueltas en el demorado acuerdo con el FMI, por otro. En aquel momento el Gobierno había decidido probar con la táctica de “la danza y el martillo”, por el que se proponían cierres rápidos y más o menos completos cuando el número de contagios llegaba a las cifras consideradas de alarma. La proyección no era menor: la inactividad forzada había sido la llave de la caída del PBI durante 2021 y el consiguiente deterioro de la recaudación, el rojo creciente en el déficit, el cierre de comercios y empresas y los aumentos en los índices de pobreza y desocupación.

En paralelo, la crisis cambiaria sólo tuvo dos respiros: cuando mejoraron los términos de intercambio al confirmarse la tendencia alcista de los precios de los commodities y cuando el Fondo acercó unos fondos en derechos especiales de giro (DEG) por US$ 4.300 millones. Un breve paréntesis en la desaparición paulatina de las reservas internacionales, a medida que se iban agotando las medidas para restringir aún más la salida de dólares o trabar importaciones.

Dualidad. Justamente, en aquel momento, los dos escenarios proyectados variaban básicamente en la probabilidad de un cierre mayor o menor de la economía por decisiones de la política sanitaria del Gobierno: el primero era el de una “lenta mejoría”, que preveía cierres leves, un control en la sangría de dólares y en la escalada de los precios, una recuperación de la actividad económica, una mejora en el salario real. Le asignamos un 40% de probabilidad.

El otro era uno de “meseta”, caracterizado por inestabilidad cambiaria (con un dólar blue proyectado a $200 para fin de diciembre), inflación por encima del 55% anual, caída en el salario real y recuperación del PBI por debajo del desplome del año anterior.

Los datos. Los números finales del año arrojaron resultados cantados, pero también otros que hubieran extrañado a los más optimistas hace siete meses. En primer lugar, la actividad económica se terminó recuperando, con un aumento del PBI que se estima fue del 10%, con lo que sólo quedó un punto abajo del pésimo año de 2020 y otro más si se considera el crecimiento de la población. El economista Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, la mejora en la actividad en relación a lo proyectado. Se combinaron varias cosas: a) el Gobierno abrió antes y más rápido las restricciones; especialmente, el tercer trimestre, que fue mucho mejor que lo esperado en esa materia; b) emergió un escenario con precios de exportaciones mejores de lo esperado que le dio oxígeno al Gobierno en materia cambiaria; y c) se tomaron los DEG como ingresos genuinos para expandir el gasto electoral”, explica.

En cambio, en materia de inflación pasó lo contrario y los esfuerzos por que el tsunami monetario de 2020 no llegara a las góndolas forzó innumerables neologismos: acuerdos (cuando eran unilaterales), precios sugeridos (cuando eran impuestos), listados con infinidad de productos de dudosa aplicación y, por último, cuotas de exportación, como ocurrió con la carne vacuna. A esta altura, nadie debería esperar otro resultado que el fracaso, si bien el retraso en la trasmisión a lo largo de toda la cadena productiva produjo más distorsiones que beneficios para el consumidor, que en año impar se percibe como votante. En este punto, para Tiscornia, el que haya sido mucho más alta de lo esperado muestra el efecto de la emisión monetaria. “Es difícil cuantificar cómo y cuánto se traslada a los precios, porque parte venía desde 2020 y eso explicó mayor parte de la inflación, pero también la que ocurrió en el segundo semestre del año, cuando pesó el calendario electoral”, agrega. Y también considera que se generó un ambiente propicio para las expectativas mismas de inflación, la brecha cambiaria que se amplió mucho y que terminó filtrándose en el IPC de alguna manera. Por ultimo podríamos sumar un argumento que el Gobierno desempolvó cuando se resignó a que el 29% del presupuesto 2021 fuera una referencia utópica: la inflación internacional que, en otra magnitud, también empujó el nivel general de precios global.

Un nuevo escenario. La pregunta que surge revisando los desvíos a lo proyectado el año que pasó es qué es lo que se podría aventurar para 2022. En esto pesan una certeza y dos incógnitas. Existe un arrastre estadístico, que por sí solo moverá los datos finales de este año y le dará un piso de 3% para el nivel de actividad, por ejemplo.

Las dos incertidumbres principales van por el lado de cómo se irán reacomodando las variables que estuvieron distorsionadas durante los casi dos años de la pandemia y el resultado final del mentado acuerdo con el principal acreedor internacional, el FMI. Lo que se proyecta, según el socio de C&T, son meses de ajuste fiscal, actualización de tarifas, suba de la tasa de interés y mejora en el tipo de cambio “oficial”. “Creo que, si bien un acuerdo con el Fondo evita el desbarranque, en sí mismo no resuelve los problemas que la economía ya viene arrastrando”, concluye.

Un dato llama la atención es que en octubre el nivel de actividad que venía creciendo fuerte, cayó 0,8% y se atribuye a que en ese mes la escasez de dólares obligó al Banco Central a aplicar el torniquete a las importaciones, afectando el flujo productivo. Y cree que es un error pensar que ahora podemos embarcarnos en un proceso de crecimiento sin límites es un error considerando las restricciones que todavía pesan.

Incertidumbres. Jorge Vasconcelos, economista jefe del IERAL, es más tajante con este aspecto. En el último informe de coyuntura de la entidad, pone el foco en la restricción externa que oficiaría de techo para el crecimiento a corto plazo.  “Con reservas netas en el Banco Central del orden de los US$ 3.500 millones (sin computar DEG) y compromisos externos públicos y privados del orden de los US$ 6.700 millones hasta fin de marzo, las semanas de transición entre el 2021 y el 2022 han sido un calvario para las empresas que necesitan adquirir y pagar productos importados, con un prorrateo de divisas cada vez más selectivo por parte del Banco Central”, sostiene.

Las exportaciones de trigo y soja parecen atravesar una buena campaña por volumen (trigo) o por precios (soja, con subas de 10% en las últimas semanas). Sin embargo, Vasconcelos insiste en que “la falta de insumos y piezas ya estaría afectando al nivel de actividad, luego del amesetamiento de los meses previos, y también a la inflación, por el impacto de la escasez sobre los precios”.  A su juicio esta precariedad en el arranque del 2022 confirma la percepción de dos escenarios muy diferenciados. según se llegue o no, a un acuerdo con el FMI en el primer trimestre, aunque “el bosquejo de una economía bajo el paraguas del Fondo esté lejos de ser una panacea”.

Aún con todo “bajo control” la incertidumbre aparece una y otra vez. Al ancestral riesgo climático de la economía argentina en época de la Niña (salvada o arruinada más de una vez por una “buena cosecha”) se agregan el desarrollo de la coyuntura internacional, el impacto de un acuerdo con los organismos internacionales, la evolución de la pandemia y, cuando no, la buena o mala praxis de quienes deben encontrar consensos y soporte para las políticas que atraviesan este campo minado. Nada menos.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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