ECONOMíA | 19-07-2021 14:30

La política económica con un dólar que reina sin competencia

La incertidumbre en la economía retroalimenta más inestabilidad en el mercado cambiario.

La mejor forma de ocultar un elefante es llenar el espacio con más elefantes. Algo así como la idea de invisibilizar el dólar como amo y señor de la economía argentina es poblarla de más tipos de cambio. Los suficientes como para no poder contestar con precisión cuánto vale. Oficial, solidario, solidario plus, contado con liquidación, bolsa, sojero, “blue” y ahora El SENEBI (Segmento de Negociación Bilateral), otro nuevo tipo que surge de aplicar las últimas restricciones sobre los agentes que piden pista en el mercado financiero para hacerse de dólares “blancos”.

Como en el dicho mexicano que veían a su país “tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, Argentina, que nunca estuvo cerca del gran país del norte, pero su presencia desde hace muchos años se reforzó con algo tan simple como efectivo: el dólar.

El origen. Como pocos países en la región, el régimen monetario nacional osciló entre la ignorancia oficial de la existencia del dólar como unidad de cuenta y su cuasi adopción como moneda oficial, durante la década “convertible”. Algunos marcan un hito en esta peculiar cultura: el “Rodrigazo”, el súbito reacomodamiento de precios relativos mediante una gran devaluación, el sinceramiento tarifario y el placebo de paritarias infladas para compensar en algo el sacudón con el que se desnudó el fracaso de la política de “inflación 0” de Gelbard-Perón y ungió al dólar como tabla de salvación.

Desde 1945 a la fecha transcurrieron tres cuartos de siglo en que sólo en la quinta parte hubo inflación anual de un dígito, contabilizando incluso buena parte de la estabilidad “convertible” de Menem. Justamente Domingo Cavallo, el padre del último intento de un plan de estabilización integral, afirmaba la semana pasada en una jugosa entrevista con Jorge Fontevecchia que para una política económica que aspire a volver a crecer deberá contener algún tipo de ancla dolarizada.

Alternativas. Convertido en el termómetro por excelencia de la economía argentina, la confianza depositada en el largo plazo por ahorristas, comerciantes y consumidores de a pie chocan, inevitablemente, con la aspiración de todo gobierno de poner coto a su omnipresencia. En algunos casos fue poniendo un precio máximo, otras segmentando el mercado para intentar manipular alguno de sus tramos, pero cuando esto tampoco alcanzaba, se operó directamente sobre el origen de estas demandas insaciables: aquí nacía el cepo en sus diferentes variantes. Una, prohibiendo comprar más de US$ 200 al mes, luego dejando fuera de ese listado a quienes no cumplían algún requisito. Y finalmente, también poniendo estos cerrojos a partes del mercado que no significaban, a diferencia del dólar “solidario”, un drenaje de reservas del Banco Central, pero que sí construían una señal inequívoca para el resto del mercado. Esta y no otra es la explicación de las últimas modificaciones en las operaciones cambiarias que restringieron aún más la demanda por los dólares “financieros” en forma legal. “No es sostenible, el dólar va a terminar subiendo. Puede que acoten los movimientos vendiendo bonos además de imponer más restricciones”, explica Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos. A su juicio, el motivo principal de este aumento en la demanda de dólares es la incertidumbre: “hay elecciones y se especula que podría devaluarse, además de que todavía está pendiente un eventual acuerdo con el FMI”, agrega.

Esteban Domecq, presidente de Invecq Consulting, la clave de este movimiento estará en cuántos pesos los argentinos querrán deshacerse de acá hasta las elecciones en un contexto de pocas certezas. “La pulseada cambiaria de segundo semestre será muy difícil de sostener para el Gobierno que está muy confiado con las reservas netas que pudo acumular con el veranito cambiario que hubo desde diciembre”, afirma.  Como dato significativo, señala que en junio compró US$ 700 millones contra US$ 2.000 en mayo. “Tiene poder de fuego porque hay más dólares de reservas netas para batallar en el contado con liquidación”, enfatiza.

Para Francisco Gismondi, socio de Empiria Consultores, antes de las elecciones las presiones sobre el dólar paralelo van a existir y eso llevará a un segmento del contado con liquidación más caro con menos reservas. “Después de las elecciones habrá presiones muy fuertes para devaluar el tipo de cambio oficial porque si todos esperan eso, los exportadores la descuentan y los importadores se apuran a pedir, se retroalimenta”, detalle. Gismondi cree que el Gobierno no dará un salto, sino que va a tratar de aumentar la tasa diaria de devaluación. Claro, todo depende de las reservas que finalmente queden y de la brecha existente con el dólar libre. Pero, advierte, “es posible que aún con eso, no les alcance”.

Escenarios. Las señales son contradictorias en el corto plazo, pero todos los analistas proyectan un escenario de reacomodamiento de precios relativos para fin de año, una vez que el timing político conozca a los ganadores y perdedores y, finalmente, el Gobierno sepa con qué capital político cuenta (propio y ajeno) para poder resolver algunas cuestiones que hoy son un gran interrogante. El primero es, naturalmente, cómo va a llegar al día en que se corra el telón para empezar un plan de estabilización. En ese sentido, la brecha cambiaria, que muchas veces desde las usinas de ideas del oficialismo se intenta normalizar, es el talón de Aquiles de este intento. “Si es mayor al 90 o 100%, el programa trastabillará porque no podrá converger con una inflación que se espera no suba del 3% mensual”, advierte Domecq. Para el economista, la precaución electoral, la crisis de confianza y muchos pesos en la economía amenazan al plan de “empalme” que dista de estar blindado.

Las decisiones que tendrá que tomar el Gobierno también afectarán al dólar, aunque renieguen de esta dependencia. Sobre todo, por el acuerdo que se vaya forjando con el FMI para refinanciar la deuda que empezará a ser exigible en 2022 y que inevitablemente impondrá restricciones macroeconómicas en el sentido contrario que las medidas electoralistas contra reloj que emergieron, obviamente, en el último tramo de la campaña. Lo que se discutirá, finalmente, no es el reinado del dólar sino cómo seguirá ejerciendo su poder en una economía que no encuentra su punto de equilibrio.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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