Viernes 19 de agosto, 2022

ECONOMíA | 16-07-2022 00:08

La política económica y el dólar salvavidas

Los desequilibrios macroeconómicos y la incertidumbre hacen foco en las expectativas devaluatorias y la brecha cambiaria para proteger los ahorros.

Hasta los más furibundos críticos del sistema, reconocen el carácter bimonetario de la economía argentina. Sin embargo, quizás en lo que no se ponen de acuerdo es si la vigencia del dólar como moneda usual conviviendo con el peso (y a veces, hasta desplazándolo) es causa o efecto de los fuertes desequilibrios macroeconómicos argentinos.

Ya está naturalizado que para la compra de bienes de alto valor (inmuebles, maquinarias de todo tipo y cierta clase de autos) y para la formación de activos, o vista la trayectoria volcánica de la economía argentina, la protección del capital.

Diversidad. La primera duda al hablar del dólar es a cuál de todos se hace referencia. En la primera semana de julio se “disparó” su cotización, pero no en bloque sino los tipos de cambio libres, financieros o alternativos. Tratando de desdramatizar el gran salto adelante del “blue”, el actual presidente del Banco Central Miguel Pesce, reiteró que por su dimensión (el 1% del mercado) era presa fácil de ávidos especuladores. El otro mercado alternativo legal, el “contado con liquidación” (CCL) surge de la compra y venta de títulos públicos dolarizados que concentra entre el 15% y el 20% de las transacciones diarias (alrededor de US$ 400 millones como piso y hasta US$600 millones en días pico). Su argumento es que el único dólar relevante es por el cual se exporta e importa y que está en un valor de “equilibrio”.

El interrogante se actualiza cuando aparece una divergencia entre los diferentes valores impidiendo que se pueda indicar “un” precio para este bien tan importante en una economía bimonetaria. Justamente estos tipos “alternativos” fueron los que más escaparon para adelante en una semana plagada de renuncias, rumores y nombres. Conclusión: ampliación de la brecha cambiaria que nuevamente pasó del 120% con la consecuente expectativas devaluatorias.

Peso propio. Para Sebastián Menescaldi, Director Asociado de EcoGo, si bien la oferta en este mercado está concentrada en pocas empresas (por las remesas), es más volátil y presenta más distorsión que el tipo de cambio oficial, termina fijando precio porque marca hacia dónde iría el mercado cambiario si se unificara.

La resistencia oficial por facilitar un salto en el tipo de cambio obedece al temor que se intente apagar con nafta un foco de incendio. Desde enero de 2021 a junio pasado, la inflación fue del 105% mientras el tipo de cambio oficial no le siguió el tren: 45%, generando un retraso (sólo en ese período) del 60%. Parte de este fenómeno explica por qué, en un récord histórico de liquidaciones de exportaciones hubo que recurrir al cepo sobre importaciones para poder generar el colchón necesario para pagar las compras de gas y gasoil necesarios para no entorpecer más aún el proceso productivo.

Los tironeos son varios y van desde “mandar” al turismo, compras declaradas “prescindibles” o bienes de consumo “suntuarios” al CCL para no suministrar dólares “baratos”, a segmentar el mercado para diferentes usos, con las inequidades que surgirían y las dificultades operativas que aparecerías en el corto plazo.

Francisco Gismondi, director de Empiria Consultores, la brecha cambiaria genera tensiones por la incertidumbre de si los precios siguen al tipo oficial o al libre. “Esto no es rígido, puede cambiar en función de los parámetros y de cada tipo de bienes. Ya se discutió en 2015 cuando ocurrió una unificación con una devaluación del 50% se terminó trasladando a los precios contra la apuesta que ya habían incorporado el precio más alto”, explica.

La aparición del cepo como norma termina restringiendo la oferta de esos bienes y por lo tanto sube su precio, pero también se llega a ese punto cuando el importador debe recurrir al CCL para acceder a los productos y eludir esa restricción. “El tipo de cambio oficial podría decirse que está retrasado porque viene debajo de la inflación, pero lo que ocurre es que existe un déficit estructural de confianza. Nadie quiere tener pesos por la historia de corralitos, corralones, reperfilamientos y demás estafas con golpes inflacionarios” sostiene Fernando Marengo, Economista Jefe de Arriazu Macroanalistas y CEO de BlackTORO Global Investments. En su visión, ante la presión por unificar el merado el tipo de cambio de equilibrio es bastante subjetivo: no es el mismo para cada industria o hasta empresa. Pero devaluar en Argentina, insiste, sin un programa económico y sin credibilidad, es casi suicida. “Eso no quiere decir que el Gobierno pueda evitar un movimiento del tipo de cambio, pero hacerlo sin reservas y sin confianza es un problema mayor”, concluye.

Menú. En este contexto, el rompecabezas financiero que tiene que armar el Gobierno una y otra vez es el de mantener a las variables o más lejos posible de su desbarranque. Si la tasa de interés sigue sin alcanzar a la de inflación (como vino ocurriendo desde hace dos años), pero el dólar alternativo sí sube y crecen las expectativas de una estampida de precios y/o del dólar, inevitablemente el ahorrista se hará de divisas o, en su defecto, anticipará consumos en bienes vinculados al dólar (autos, electrodomésticos, pasajes al exterior). No es una forma eficiente de ahorrar, pero es una al alcance del bolsillo en sus diferentes formatos.

La otra, más sofisticada, es la creciente importancia de los fondos comunes de inversión invierten en títulos públicos dolarizados (para “linkearlos” al billete norteamericano) o a la proyección de inflación (en este caso, en bonos que ajustan por el coeficiente CER). Apostar a una tasa fija sólo es atractivo en el corto plazo (30 0 60 días) pero con el riesgo que la pérdida pueda ampliarse por un salto del IPC.

En cambio, para el gran inversor, el menú se amplía y aparecen los bonos corporativos (emitidos por empresas con un mercado externo asegurado) que ofrecen rendimientos a veces levemente negativos en términos de dólar. Sin embargo, en este segmento gana el factor confianza: ante el mismo retorno, prefieren la solvencia de la empresa exportadora a la de un Estado endeudado, ahogado financieramente y que todavía no solucionó sus disputas internas para respaldar su hoja de ruta. En la medida que vean que esta asignatura pendiente se vaya saldando, se ampliará el crédito al Gobierno. Mientras tanto, ver para creer.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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