Jueves 15 de abril, 2021

ECONOMíA | 04-04-2021 11:02

El Mercosur, en punto muerto

El Mercado Común del Sur se convirtió en una herramienta de integración valiosa después de 30 años pero se debe un replanteo estratégico.

Podríamos quedarnos con la última imagen: la discusión y la esgrima dialéctica, sintetizada, en una palabra: “lastre”, pronunciada por las partes en disputa paradójicamente en la reunión en la que se celebrarían las tres décadas de vigencia de los pactos fundacionales del Mercosur.

Mientras en estas latitudes se discutían estas cuestiones, el contexto mundial del comercio cambia aceleradamente. En noviembre pasado se firmó el tratado de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, en inglés) un acuerdo de libre comercio entre los diez países miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y cinco con los que la ASEAN tiene acuerdos de libre comercio (Australia, China, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelanda). Reúne a casi un tercio de la población y del PBI mundial pero los de más rápido crecimiento en el mismo lapso en que el Mercosur no pudo aumentar sustantivamente su flujo comercial.

La región se caracteriza por tener uno de los peores indicadores de crecimiento y de distribución del ingreso. “América del Sur y América Latina han tenido un mosaico de acuerdos regionales, pero el Mercosur ha sido el más consistente y el más profundo”, subraya Sybil Rhodes, Directora del Departamento de Ciencias Políticas y Jurídicas de la UCEMA.

Tres décadas. Lo cierto es que, desde su creación, en 1991 pero que coronó muchos años de negociaciones, marchas y contramarchas, sobre todo para vencer la resistencia de los sectores que desconfiaban del resto y que podrían perder su posición ante una apertura, se transformó en una de las pocas políticas de Estado que pudo sostenerse. Sobrevivió a gobiernos de signo político contrario, a shocks globales y también a la tentación de los países que creían que podrían mejorar su situación negociando por su cuenta. El último episodio fue el intento del expresidente Tabaré Vázquez de cerrar un acuerdo comercial con los Estados Unidos, idea que venía desde la época de su antecesor el colorado Jorge Battle. La iniciativa naufragó, justamente por la falta de consenso de los dos países mayores del grupo, que todavía apostaban por un piloto automático para la sustentabilidad del Mercosur. En la primera década de existencia, el comercio intrabloque se disparó y se reflejó un aumento en las exportaciones de los países. Luego de una pausa debido a los bajos precios de las materias privas, justamente por el rebote que tuvieron desde 2003. Pero despejando ese impacto, las cantidades no aumentaron y en cuanto se estabilizaron encontraron una nueva meseta exportadora.

Este hecho y el cambio en el ecosistema mundial llevó a los tres otros miembros del grupo (Venezuela está suspendida) a plantear con más fuerza la necesidad de realizar un “service” al sistema que incluía una dinámica diferente en la toma de decisiones y ampliar el espectro de acuerdos comerciales. Esta posición, paradójicamente había sido llevada a los foros regionales por la administración Macri y encontró resistencias en Brasilia, cosa que quedó plasmado en el trabajoso acuerdo inicial con la Unión Europea. Pero el cambio de guardia en ambos países revirtió las posiciones: ahora era el gobierno de Bolsonaro el que bregaba por una reconfiguración del bloque y el de Fernández el que no ve ningún apuro en seguir negociando por ir avanzando en lo acordado con Bruselas.

Para Horacio Reyser, exsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, el Mercosur tuvo un buen comienzo y fue una herramienta de estabilización democrática en la región. “Tanto que no fue pensado para ser una herramienta de uso ideológico si no para integrarse regionalmente y proyectarse al mundo. Para ganar institucionalidad, mercados de exportación y generar desarrollo económico”, se explaya. “Hoy es uno de los bloques más cerrados, con los aranceles de importación promedio más altos del mundo y con acuerdos con solo el 10% del PBI global mientras Chile tiene acuerdos con más del 80% del PBI global y Australia con más del 50%”, agrega. Justamente durante su gestión fue que se terminó de tejer el acuerdo con el bloque europeo que llevaría al Mercosur a tener una vinculación sistemática con el 30% del PBI global, lo que representa, en sus palabras, “un incentivo para ir generando inversiones que generen competitividad de las exportaciones del bloque con un plazo de reducción de aranceles con la UE de 10 años para las importaciones del MS y exclusión de sectores sensibles”.

Sobre ruedas. Una industria que sí aprovechó la oportunidad de mejorar su escala mientras continuaba con su política proteccionista es la automotriz. El formato adoptado desde un inicio era el de un arancel común del 35% pero que en la práctica encarecía más aun las importaciones extrazona. Las terminales en estas tres décadas organizaron su producción maximizando los beneficios fiscales y especializándola en uno y otro país. En diciembre, Ford anunció que levantaba la producción de sus tres plantas en Brasil, en parte por la estrategia global de la empresa. Este hecho concreto también incentivó a replantearse un régimen que debería haber convergido hacia uno más competitivo y que fue prorrogándose indefinidamente. Fernando Marengo, socio de Arriazu Macroanalistas, recuerda que, en el marco de un bloque muy cerrado, la protección global de una economía es cero. “No se está protegiendo a un sector determinado contra el resto del mundo sino contra sectores del mismo país”, explica. Para el economista, este ejemplo es claro acerca de los beneficios de una economía más integrada a las corrientes de comerciales. “El mundo aprendió en los últimos años que la especialización y el intercambio aumenta el bienestar general de todas las partes. Resulta clave para mejorar la competitividad doméstica y poder crecer. Lo ideal es tener la mayor cantidad de acuerdos con el máximo de países del mundo”, concluye.

La crisis de la pandemia le puso presión a cada uno de los países miembros del Mercosur, e incluso respaldó las posiciones proteccionistas al ver el conflicto comercial entre China y Estados Unidos. Todos los países tuvieron malos indicadores económicos, aunque Argentina se mostró más castigado por su vulnerabilidad previa. Pero en un contexto de crecimiento a mediano plazo de los commodities y los alimentos, que constituyen el grueso de las exportaciones del bloque y marca indeleble en el intercambio global, alientan los reclamos por una revisión integral de los acuerdos.

Como advierte Sibyl Rhodes, “las críticas y los desacuerdos entre socios son inevitables. Es un error menospreciar los logros del Mercosur en el contexto actual”. Y su hubo una lección de estos primeros 30 años es que las instituciones deben ser flexibles para permitir las emergencias en el corto plazo y repensar el esquema de la toma de decisiones para diseñar la hoja de ruta a largo plazo.

 

 

 

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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