Viernes 23 de abril, 2021

ECONOMíA | 22-03-2021 14:35

Martín Guzmán y el dólar electoral

El programa armado por el ministro de Economía para transitar 2021 en calma se enfrenta a la inflación y no soluciona los desequilibrios.

Luego de casi cuatro décadas de sano ejercicio electoral, la política económica argentina se fue moldeando a los “tiempos” que marcan el calendario. Por eso, 2021 no podía ser la excepción, aun viniendo de un año tan peculiar como el pandémico 2020. Si hubo un protagonista en el fatídico período de los aislamientos, que esta semana cumple su primer aniversario, fue el dólar. O los dólares, porque si algo caracterizó al comportamiento de la divisa norteamericana fue su diversidad de matices y cotizaciones, que atesoran la tradicional desconfianza del ahorrista de a pie por su propia moneda.

En estos 12 meses, la cotización del “blue” subió 70% y la del dólar en el mercado eufemísticamente llamado “único y libre” (MULC) aumentó 46%. O sea, lo que más cotizó fue la brecha entre el tipo de cambio “oficial” y las diferentes opciones financieras o libres (el dólar bolsa, el contado con liquidación y el “solidario plus”). Pero esa diferencia llegó a ser del 120% en octubre pasado, cuando todo parecía encaminarse a una corrida cambiaria: el dólar informal arañó los $ 180 y el oficial venía muy rezagado. A partir de esa fecha, o sea cinco meses atrás, bajó rápidamente 15% y se clavó entre $145 y $155.

No fue magia. Un ministro de Economía que haya conseguido domar al dólar y en un contexto de pandemia, ya va cimentando su estatua en el Palacio de Hacienda. NOTICIAS le dedicó una tapa al repentino club de fans de Martín Guzmán. Como los equipos de su idolatrado Timoteo Griguol, paró la pelota, habló como es su estilo sin alzar la voz y defendió posiciones que al establishment le sonaban como música para sus oídos. Sobre todo, por el contraste con otras voces discordantes.

El instrumento que utilizó el actual ministro no fue novedoso: endeudarse en el mercado de bonos, absorbiendo los pesos que sobraban y prometiendo, además, entregar dólares a sus tenedores en el mediano plazo. Paralelamente, la promesa de ir cerrando esa brecha fue cumpliéndose con la actualización del tipo de cambio oficial, otra fuente de distorsiones en la balanza de pagos. Es que con una diferencia de casi el 100% se alentaba la subfacturación de exportaciones y una demanda extra de divisas para pagar importaciones (verdaderas, anticipadas o infladas). La apuesta también fue evidente y resultó: quitar ímpetu al mercado y apelar al manejo de tres variables clave para pasar de vendedor a comprador neto de divisas en un mes: restringir el acceso de los particulares a las divisas para importación (“pisarlas”) aun a riesgo de ralentizar procesos de producción, inducir a la renegociación de las deudas privadas con acreedores del exterior y aprovechar los vientos favorables en los commodities.

En esta campaña agrícola, según estimaciones de FADA sobre la base de precios FOB oficiales del Ministerio de Agricultura y Ganadería y estimaciones de producción de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, habrá una diferencia de saldo exportable de US$ 9.620 millones con respecto al año anterior. Los precios batieron records y sólo existió el contrapié climático con una merma proyectada del 10% en cantidades. Por ejemplo, la soja dejaría a fin de la cosecha 45% más de dólares, el maíz, +20% y el girasol, +80%.

FMI, siempre presente. Otra buena noticia para el equipo económico resultó de la reactivación de la economía mundial que rebotó luego de la recesión brutal de 2020 y el comienzo de las campañas de vacunación masivas. Lo que constituía un frente adverso y un hueso duro de roer en la mesa de negociaciones, trajo su propio alivio.

Este año hay vencimientos con los organismos internacionales, concentrados en dos focos: el FMI (por el crédito utilizado de US$ 44.000 millones contraído en 2018) y el Club de Paris (acordado en 2014 cuando el ministro de Economía era Kicillof). Pero aquí no puede haber quita de capital ni de intereses, sólo reprogramar los pagos a las tasas disponibles más bajas del mercado.

El monto a abonar con el Club de París es de US$ 2.600 millones de los cuales la cuota de mayo por algo más de US$ 2.400 millones es la que más preocupa por tener que pagarlos con fondos propios. En este caso hay previsto una mora técnica de 60 días, pero no más. En el caso del FMI, existen dos vencimientos de capital en septiembre y en diciembre y otras más chicas a partir de mayo para totalizar casi US$ 4.800 millones. La buena noticia es que el G20 propuso ampliar la asistencia en la unidad de cuenta del Fondo, los Derechos Especiales de Giro (DEG) por US$ 500.000 millones para distribuir e los países en desarrollo. Argentina tiene su cuota parte de 0,67%, por lo que tocaría al menos una suma de US$ 3.350 millones.

La cuenta. Es decir, con este regalito, el boom de precios agrícolas, la reprogramación inducida a los privados y la buena voluntad de los acreedores públicos internacionales, la balanza de pagos por este año podrá servir de contención y el dólar no tendría porque escaparse. Pero, hay muchas contingencias y el calendario también juega su partida. Con las fechas de las PASO confirmadas por la justicia electoral, se pone en marcha el timing político en materia de decisiones económicas.

En primer lugar, asegurar una especie de tablita cambiaria para evitar desbordes en los costos de la cadena de producción de bienes exportables (alimentos) y la de insumos importados (energía y materiales críticos).  Para Esteban Domecq, Director de Invecq Consultora Económica, “La operatoria de compra venta de bonos en el mercado financiero permite al Gobierno reducir la brecha cambiaria, pero le está impidiendo al BCRA acumular reservas internacionales. Es una estrategia que estabiliza temporalmente pero no corrige los problemas de fondo”.

Las presiones que deberá sortear este programa económico de corto plazo, suponiendo que está debidamente previsto, es el de un aumento adicional en el precio de la energía, que haga necesario incrementar los subsidios a las tarifas de los servicios públicos y una suba en la tasa de interés internacional. En el ámbito interno, el gran temor de que se desarme este castillo de naipes antes de octubre, cuando no, es el de la inflación. La meta presupuestaria es de un 29% anual para todo este año, pero en el primer trimestre ya habrá acumulado al menos 11% en un ritmo anualizado de más de 50%, Hacienda cree que un dólar quieto, la postergación de la actualización tarifaria, los precios controlados y las pautas salariales harán posible un descenso de la tasa. Pero debería ser inferior al 1,8% para converger con lo propuesto. La mitad de lo logrado con esfuerzo en febrero. Además, en un año electoral, mantener el déficit fiscal es un reto en sí mismo. Siempre habrá gastos que redituarían en las urnas y que podrían desbalancear el objetivo compatible de un rojo del 4,5% del PBI. “Las necesidades fiscales y cuasi fiscales para este 2021 requieren un 7% del PBI de mayor emisión: estamos hablando de 105% de crecimiento de la base monetaria en dos años y de 307% de los pasivos monetarios del BCRA” concluye Domecq. Por lo visto, la noche del domingo 24 de octubre empezará una historia diferente.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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