ECONOMíA | 03-09-2020 00:10

La desconfianza del establishment en el Gobierno se refleja en el dólar

Los grandes empresarios creían poco en el inicio del gobierno de Alberto Fernández, pero con el tiempo han ido perdiendo esa leve ilusión.

“El dólar es el reflejo, no es el motivo ni el problema”, opina uno de los empresarios más poderosos del país, aunque prefiere el anonimato, sobre todo por lo que dirá después. Intentará explicar por qué, en un país en el que desde hace seis décadas la desconfianza hacia sus autoridades, su economía, su capacidad para controlar la inflación y su moneda se traduce en adicción al dólar, la pérdida de credibilidad de Alberto Fernández entre quienes tienen dinero –no solo el establishment sino también la clase media que no los votó e incluso algunos de lo que, desilusionados, apoyaron a Mauricio Macri– torna indoblegable ese fetiche verde. 

“Con el horizonte de deuda que tenemos desde la renegociación, el dólar no debería ser un problema”, analiza el ejecutivo. Pero lo es y por eso este 15 de septiembre el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, lanzó una nueva batería de medidas para atrincherar aún más el cepo cambiario sobre las personas y las empresas, normas que han ahondado la desconfianza, entre otros motivos por la retrasada implementación, que ha impedido acceder al dólar ahorro desde entonces. La posición de Pesce prevaleció sobre la del ministro de Economía, Martín Guzmán, que apostaba por calmar al mercado mostrándole ese mismo día un presupuesto que él considera creíble, con menos déficit fiscal y menos emisión monetaria que en 2020, pero terminaron acordando que no se tocaría el cupo de 200 de dólar ahorro, aunque sí se lo restringiría por los gastos con tarjeta en el exterior y se obligaría a las compañías a reestructurar su deuda externa. Guzmán lo aceptó como un mal menor que devaluar, lo que hubiese impactado en la inflación y también en la dificultad de las empresas para abonar sus pasivos. Claro que las críticas internas en el Frente de Todos se ceban sobre Pesce porque se demora en normalizar el acceso al dólar ahorro, lo que provoca paranoias y operaciones de prensa como las que alertan de un poco probable corralito.

Pero más allá de lo técnico, aquel empresario poderoso desconfía por la política: “Es un país donde los jueces dejan de ser jueces, la Corte no se expide, el Gobierno se descompone en internas y ese ruido se refleja en lo que tenés más a mano, el dólar. Un día Alberto nos dijo que no iba a estatizar empresas y a la semana siguiente hizo lo contrario con Vicentin. Desde entonces perdió credibilidad y se supo quién está detrás de todo, Cristina. Todas las semanas cambian. Guzmán dice que no va a poner más cepo y después lo ponen. Al comienzo se pensaba que Alberto era la moderación de la locura de Cristina para vincularse con los que no somos kirchneristas. Hoy queda claro que es su empleado. Ella tiene colonizadas todas las segundas líneas de los ministerios. Si la Corte no le pone un freno, va a ser autoritaria tipo Venezuela”. 

Claro que si el Gobierno asusta a los grandes empresarios y a parte de la clase media porque lo consideran de izquierda, ¿por qué desconfiaron también del presidente más de derecha que tuvo la Argentina desde Carlos Menem, es decir, de Mauricio Macri? “Su problema fue la falta de pericia”, responde el empresario. Si Macri perdió la credibilidad que había logrado en el establishment y el dólar se desmadró a los dos años y medio de gobierno, cuando los inversores se dieron cuenta de que las únicas divisas que entraban al país eran las del endeudamiento, a Fernández el bajo crédito con el que contaba le duró diez meses, se fue licuando incluso a pesar de la reciente exitosa reestructuración de la deuda. Los nuevos bonos argentinos ya perdieron casi el 30% de su valor, en lo que ha sido el peor debut de títulos emergentes en 20 años, según el banco norteamericano Morgan Stanley.

“Esto no es culpa de este gobierno sino de 90 años en los que la Argentina cae y cae”, opina el dueño de una de las 40 mayores fortunas del país, que tampoco está dispuesto a hablar con nombre y apellido. Brama contra los impuestos y los sindicatos, y admite que las multinacionales ya habían empezado a irse con Macri. “Pero llega este gobierno y se junta con (Hugo) Moyano, toma medidas antiempresa como Vicentin, el DNU de telecomunicaciones o el impuesto a la riqueza, con el que estaría de acuerdo si fuera más acotado. Nadie cree lo que dice Alberto: antes criticaba a Cristina y ahora es su aliado, estaba en contra del cepo y ahora lo refuerza. Macri tampoco funcionó porque andaba con su bailecito en vez de prometer sangre, sudor y lágrimas. Las empresas valen un octavo de lo que valían hace dos años. ¿Cómo vamos a exportar más? Solo porque China quiere morfar más”, lamenta el integrante de la lista de los 50 mayores ricos del país de la revista Forbes. 

¿Puede Fernández recuperar la confianza? “Hay un 5% de posibilidades”, responde el empresario. “Depende de que se firme y después se cumpla un acuerdo con el FMI, que exigirá un plan y no aceptará cualquier cosa”, añade. Habrá que cruzar los dedos para que Guzmán y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, negocien un mejor programa que el que hace dos años pactaron sus antecesores, Nicolás Dujovne y Christine Lagarde.

Hay empresarios con posiciones más extremas. NOTICIAS consultó al accionista de otra gran compañía que empezó a atribuir la desconfianza a la economía pandémica para después ir a la política. Justificó por qué las grandes empresas toman créditos en pesos al 24%, que ofreció el Banco Central para auxiliarlas en la cuarentena, para apurarse a cancelar sus deudas en el exterior. “Es que tememos una devaluación”, se justificó. Y en el Gobierno lo comprenden: consideran que es lo más racional que el director de finanzas de una firma aconseje hacer eso, pero que las sumas de esas decisiones individuales perjudican al conjunto al drenar las reservas de la autoridad monetaria.

“Uno teme una devaluación porque ve los números de una economía frenada por la cuarentena y entonces el Gobierno debe emitir pesos”, explica el empresario. “Hasta cierto momento, podés emitir porque la economía está parada, pero hay un temor de que los pesos se vayan al dólar y sea la puerta 12”, recuerda aquel 23 de junio de 1968 cuando solo había una salida para que los hinchas de Boca salieran de la popular del estadio de River y 71 personas murieran aplastadas.

“Pero no es solo la emisión monetaria”, continúa. “Están las medidas que se toman, que no llevan a buen puerto: Vicentin, la ley de teletrabajo, la reforma judicial, el impuesto a la riqueza. Por algo la gente se va a Uruguay”, cita al embajador uruguayo en la Argentina, Carlos Enciso, que declaró que cada semana 100 argentinos inician el trámite para pedir la residencia del otro lado del Río de la Plata. “Los pocos que queden acá van a tener que financiar un Estado desorbitante. Es un esquema comunista de Robin Hood. Vamos a Cuba o Venezuela, y no veo que el Gobierno piense dar un paso atrás. Es una pelota de nieve que asusta y para solucionarla toman medidas que asustan más”, se confiesa desde el anonimato, por más que ni los analistas de la oposición más moderada compartan su reflexión.

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Alejandro Rebossio

Alejandro Rebossio

Editor de Economía y columnista económico de Radio Perfil.

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