Lunes 1 de marzo, 2021

ECONOMíA | 16-01-2021 11:04

Boom agrícola en el mundo, con precios bien engordados

La debilidad mundial del dólar y cambios en la demanda global de alimentos impulsan el precio de los commodities a valores récord.

Cuando parecía que las fuerzas de la naturaleza se confabulaban contra la voluntad de poner a la Argentina de pie, algunas nubes empezaron a despejarse del firmamento económico. Luego del cimbronazo que significó para el mundo la pandemia que arrancó hace un año y todavía no tiene un final cierto, los efectos en la producción y el ingreso no tardaron en llegar. Hubo países que pudieron enfrentar la tormenta perfecta con cierta dificultad, pero para otros, entre los cuales está la Argentina, el costo fue muy alto. No sólo por eventual mala praxis sanitaria: los fundamentos de sus cuentas macroeconómicas ya venían socavados por años de desajustes.

Por eso, dentro del cúmulo de malas nuevas, con caídas del PBI de entre 10 y 12%; desempleo creciente, sólo maquillado por la vieja argucia de no contar a los beneficiarios de ciertos planes como desocupados y la inflación, siempre dura de bajar; se destacó un dato que trajo una bocanada de oxígeno. Los precios de los productos primarios, especialmente el de los granos, marcaban una tendencia ascendente. Algo de alivio a las menguantes reservas del Banco Central. El inicio de la liquidación de la cosecha gruesa (especialmente la soja) se muestra como un salvavidas para un año electoral sin necesidad de acudir al impopular recurso de una devaluación.

Casi como un déja vu, el precio de la soja y el maíz vuela en Chicago y llega amortiguado por retenciones y un tipo de cambio desdoblado, al productor argentino. Aun sin llegar al récord que se marcó luego de la salida de la crisis financiera mundial de 2008, los valores son suficientes para hacer tendencia: los commodities siguen creciendo y eso beneficia a los grandes exportadores sudamericanos.

Corto o largo plazo. Para David Miazzo, economista jefe de FADA, la actual coyuntura tiene elementos como los de 2008 como la debilidad del dólar por la emisión monetaria para paliar la pandemia y cuya liquidez hizo que se fortalecieran ciertos commodities, pero también hay una explicación por el lado de la demanda. Los paquetes de estímulo en los Estados Unidos y la Unión Europea se mantendrán durante los próximos dos años, al menos por lo que no podría decirse que estamos frente a una mera coyuntura. Este contexto se vuelca en un aliento a la demanda por razones especulativas y cambios en el equilibrio del mercado que distan de ser momentáneas y explican lo que muchos analistas ven como alteración del escenario de más largo aliento, con sus ganadores y perdedores.

¿Qué cambió tan rápido para que se acelerara esta tendencia? Como en todo fenómeno económico global, la explicación no se debe a una sola causa sino a la interacción de varias y simultáneas. Hay razones productivas (el cambio de la demanda por la política china de recomponer el rodeo porcino luego del sacrificio de 250 millones de cabezas), la necesidad de aumentar el stock de seguridad luego del Covid, el mal clima en la región que amenaza bajar la producción y, finalmente, razones financieras con el debilitamiento del dólar como patrón indiscutido de las transacciones mundiales.

China. Para Enrique Erize, presidente de la firma Nóvitas y un gran conocedor del gran mercado asiático, el comportamiento chino fue el gran detonante del shock de demanda que se está viviendo. “Aceleradamente, China está recomponiendo el stock de cerdos que tuvo que sacrificar y está comprando también de más para aumentar su seguridad alimentaria”. Incluso, algunos ven en esta política una forma deliberada de blindarse frente a eventuales embargos de los Estados Unidos si escala el conflicto permanente con Taiwán. En noviembre pasado, se dio un paso definitivo en la conformación del mercado global más relevante del mundo: al ya formado bloque del ASEAN (toda la “clase media” asiática e India) se unieron los tres ricos: China, Japón y Corea del Sur, y los dos de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda). El nuevo espacio económico, además del más grande del mundo, es importador neto de alimentos y allí, países como Argentina, tendrán una ventaja permanente.

Este aspecto es señalado por expertos en el mercado de granos, como Dante Romano, gerente de Análisis de Mercado de FyO, para marcar la diferencia entre una suba momentánea de la demanda y otra permanente. “Reponer los cerdos sacrificados podría derivar en un aumento de la demanda por una o dos temporadas, pero China aprovechó para reconfigurar la matriz de pecuaria, eliminando las formas de producción fuera de escala y difícil de controlar sanitariamente”, subraya.

El cambio climático también pesó en este auge por la incertidumbre que trajo a la región, que se debate entre un boom en los precios y los efectos de la sequía. Eso hizo que muchos de los fondos especulativos que mueven más dinero que los productores propiamente dichos, estuvieran “comprados” en futuro especulando con una eventual merma en la producción. Si las lluvias acompañan al menos, los precios terminarán más que compensando la caída lógica en la producción de soja y el maíz tardío.

Para el productor argentino, en cambio, que pueda eludir las inclemencias del tiempo no lo aliviará en el otro frente de lucha: la política económica. De todos los países productores, es el único que tiene un sistema impositivo y cambiario con sesgo antiexportador, tanto para los productos que conforman la “mesa de los argentinos” como los que son insumos industriales. Y en un año electoral y con voracidad de divisas, se librará una batalla que recién empieza: exportar más para aliviar las penurias fiscales y cambiarias. Así, patear los desequilibrios hasta mejor oportunidad. Otra vez, la esperanza depositada en una buena cosecha.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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