ECONOMíA | 13-01-2021 17:12

Brasil ensaya su camino de apertura económica

La reciente marcha y contramarcha del gobierno argentino de restringir las exportaciones de maíz justo con los precios en valores récord alimenta la idea brasileña de prescindir de su socio y vecino.

El Mercosur fue una de las pocas políticas de Estado que Argentina cultivó durante el inicio de la democracia y en eso tuvieron que ver la novedad de un espacio económico común que no era sino el inicio de un bloque político en formación. Muchas iniciativas, como la moneda común, el libre tránsito de mercancías y el arancel único externo, arrancaron y nunca terminaron de asentarse. A diferencia de la Unión Europea, que fue edificando su unidad con sin prisa, pero sin pausa, en América del Sur nunca hubo un Maastricht ni un Banco Central ni los propios gobiernos se ataron las manos dejando a una entidad supranacional la capacidad de emitir dinero (nada menos) y la facultad de armonizar las políticas fiscales.

Justamente uno de los objetivos de los espacios económicos comunes es aumentar el comercio intrabloque, homogeneizar las diferencias e ir construyendo una cultura política con sello propio. En la historia del Mercosur, todos esos objetivos no se pudieron cumplir todavía: los países presentan diferencias notables, sus políticas económicas no se armonizan salvo excepciones y sus mandatarios parecen sacarse chispas y hacer de la diferencia un trampolín para su frente interno. Desde su fundación, Brasil fue aumentando el volumen de su producto bruto y hoy quintuplica al total de la Argentina. El comercio exterior brasileño es 3,5 veces más que el argentino y sus exportaciones, antes de la suba de los commodities, arañaban los US$ 200.000 millones. Las diferencias abismales que existían en su ingreso por habitante a favor nuestro, también se han acercado y ya no es decisivo.

Esta última semana, nuestra relación con Brasil tuvo, nuevamente, algunos desacoples. La primera fue el anuncio de Ford que iría a discontinuar la producción industrial de los modelos que producía en sus tres plantas: el Ka y el Ecosport. A diferencia de lo que ocurren en nuestro país, cada locación industrial lleva consigo una serie de beneficios fiscales otorgados sobre todo a través de los estados que compiten entre sí para lograrlo. También aporta la Nación beneficios crediticios (por intermedio del BNDES) que tuercen la decisión de inversión y hacen rentable una operación poco atractiva.

Una noticia que en apariencia es un movimiento aislado de la estrategia corporativa de una multinacional, pero torpedea en la línea de flotación a una de los sectores en que la capacidad de influencia y la mirada de largo plazo ganó la pulseada al péndulo de la política económica en ambos países. El tema le costará a la casa matriz más de US$ 4.000 millones, pero plantea un serio interrogante acerca del futuro de la cápsula arancelaria y alientos fiscales con que se movía la industria en ambos países. Ford podría no ser la única que en la pulseada prefiere desinvertir y orientar el flujo de capitales para otras economías más amigables.

En nuestro país, Ford tiene una sola planta en la que se producen entre 12.000 y 14.000 unidades de la pick up Ranger, un modelo que en principio contaría con el beneplácito oficial y de la empresa para seguir. El año pasado se había anunciado una inversión por US$ 580 millones en Pacheco para potenciarlo. Si este fuera el caso testigo de una industria protegida y con una producción integrada como pocas entre ambos países, se socavaría una de los pilares de la proclamada complementación industrial.

El otro episodio fue el gol en contra que el propio Gobierno argentino hizo con la efímera prohibición de exportar maíz luego de ciertos topes y que tuvo un curioso eco en la disposición de Brasilia de permitir la importación sin aranceles de países extra Mercosur. Si bien la iniciativa no es nueva, la coincidencia con la persistente intención de intervenir en las exportaciones de las autoridades argentinas, removió el avispero. La apertura fue de 750 mil toneladas, que representan un 6% de las importaciones de Brasil. Para Argentina el tema no es menor, porque normalmente abastece el 90% del mercado del país vecino. Lo que llamó la atención fue la fecha de la medida, se solía hacer más adelante, pero se asocia a la intención del Gobierno de no depender de los vaivenes de la política local.  Un globo de ensayo, no sólo en la relación con el otro socio mayor del Mercosur sino también con la intención de abrir el juego y forzar al resto de los miembros a acelerar los acuerdos de libre comercio ya iniciados o en su defecto, a ampliar las excepciones y tratados puntuales. Una batalla con menos glamour que los fuegos de artificio que de uno y otro lado se lanzaban los presidentes, pero mucho más decisiva para el futuro económico.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

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