Sunday 14 de July, 2024

EMPRESAS Y PROTAGONISTAS | 28-09-2023 12:28

El conflicto como oportunidad de pacificación - BRAND

Por Fer Leiva Autora de “Abogar es pacificar” @mferleiva – Espacio Leiva ®

Cambiar el paradigma en el modo de ver el Derecho implica, entre otras cosas, poner especial énfasis en la posibilidad de tomar al conflicto como una oportunidad y no como un hecho negativo.

Sin caer en optimismos utópicos, la realidad es que, el momento en el cual se aborda un conflicto resulta ser determinante para generar en las personas una valoración positiva o negativa en relación a aquello que les sucede.

Cuando las partes involucradas ya han quedado enfrentadas en un litigio, es muy difícil trabajar en la búsqueda de un espacio que permita generar una reversión en la dinámica que el conflicto ha provocado.

Los tribunales son el escenario perfecto para que el juego confrontativo adquiera su mejor forma de expresión trayendo consigo desgaste emocional,  incertidumbre respecto del resultado,  esfuerzo por ganar y  una profunda sensación de pérdida.

Si queremos cambiar la mirada en relación a los conflictos, en necesario, en principio, asumir que son inevitables en la vida en sociedad.

Es imposible vivir sin conflictos.

Pensar una vida sin conflictos es negar la esencia humana, esa que nos lleva a tener, incluso, conflictos intrapersonales.

Comprender que somos seres racionales y emocionales, con contradicciones permanentes, sometidos a una serie de mandatos que nos han impuesto una forma unívoca de pensar el mundo y de pensarnos, nos lleva a asumir que, para evolucionar y vincularnos con la auténtica realización de nuestros deseos, inevitablemente, vamos a tener que atravesar una sucesión de conflictos con lo que nos trajo hasta acá y nos convirtió en quienes somos.

Sólo si entendemos ese punto y podemos, en consecuencia, reconocer nuestra propia conflictividad como algo natural, que simplemente requiere de una gestión adecuada, estaremos en condiciones de asumir que, inevitablemente, vamos a tener conflictos con otros y que tal disenso resulta saludable en tanto pone de manifiesto que nadie está siendo sometido en su forma de pensar, decir o actuar.

Cambiar el modo de pensar los conflictos nos desafía a encontrar el modo adecuado para sacarles el halo de negatividad, disociarlos de la carga destructiva que los vincula con una situación problemática en la que, indefectiblemente, hay un culpable y una víctima, un ganador y un perdedor, una parte que tendrá la razón y otra que no la tendrá.

En consecuencia, para provocar un cambio real en el abordaje de conflictos jurídicos es necesario aprender a gestionarlos. Esto implica, por un lado, aceptar el disenso y, por el otro, comprender que el Derecho podrá resolver con mayor o menor eficacia, solamente la parte normativa del asunto, es decir, el aspecto racional.

Solo si somos capaces de generar un contexto para gestionar el conflicto vamos a poder resolverlo tanto en su faz racional como en la emocional, incorporando recursos que permitan llevar adelante un abordaje omnicomprensivo del encuadre normativo y de las emociones en juego. Esta mecánica nos acercará a la posibilidad de restablecer la comunicación entre las partes para que puedan, luego, restaurar la confianza que el conflicto ha quebrado.

La única manera de lograr que las partes en disenso puedan vivenciar la situación conflictiva como algo inherente a la vida en sociedad, que no tiene por qué tener una connotación negativa y que puede representar la oportunidad de crear un escenario mejor, es intervenir en la primera fase del conflicto, utilizando los métodos adecuados para gestionarlo, de modo que las partes sientan que han conseguido razonablemente un acercamiento a sus objetivos.

El reconocimiento de este punto ha comenzado su camino con la incorporación de la mediación como instancia de abordaje previo obligatorio anterior a la instancia judicial, con la finalidad de que un tercero imparcial intente acercar a las partes y lograr un acuerdo que ponga fin al diferendo.

Tanto la mediación como la conciliación, han sido encuadradas dentro de las técnicas de resolución de conflictos, vale decir, ambas representan una instancia en las que se abre un espacio de negociación que permite circunscribir el alcance del conflicto y restaurar la comunicación entre las partes, teniendo como meta la llegada a un entendimiento.

Sin embargo el desafío es avanzar en la búsqueda de nuevas alternativas que permitan dar lugar a la gestión de las emociones en juego.

Hablar de gestión implica asumir que puede haber una parte del conflicto que no se va a solucionar, que va a requerir del aprendizaje de recursos que permitan convivir con cierto grado de incomodidad y soportarlo sin que ello implique entrar en una zona de tensión.

Cada conflicto encierra no solo un choque de intereses, sino también una percepción de las partes intervinientes que lo observan como una situación que las afecta de modo negativo, generando, en consecuencia, una serie de sentimientos y emociones que también forman parte de la disputa.

Tanto la percepción del problema como los sentimientos que éste provoca en cada una de las partes, resultan fundamentales a la hora de gestionar un conflicto, ya que nos indicarán el alcance del mismo y nos darán pautas del tipo de resultados que podrían resolverlo.

Las emociones serán las que marcarán el alcance del tamaño que tenga el problema; así, el mismo conflicto, en cuanto a hecho concreto, percibido con emociones altamente negativas, será más difícil de solucionar dado que habrá mayor número de interpretaciones negativas, enojo y falta de confianza hacia la otra parte e, incluso, descreimiento ante la posibilidad de encontrar una solución; en sentido contrario, el mismo hecho, mirado con emociones positivas generará una visión más amplia de la situación y facilitará la posibilidad de encontrar alternativas creativas que permitan la solución del problema.

Este primer abordaje del conflicto, implica tener en cuenta el papel que las emociones y los estados emocionales juegan en la propia estructura de los mismos, lo cual nos interpela a ofrecer recursos para llevar adelante una gestión adecuada de este aspecto emocional.

En muchas ocasiones, las personas no saben cómo conectar con su propia emocionalidad; en otras, no saben cómo expresar lo que sienten, en muchos casos tienen miedo a mostrar sus sentimientos y en otros tantos, sienten vergüenza de hacerlo.

Es así que, acompañar a las personas involucradas en un conflicto para que puedan gestionarlo exponiendo las emociones que subyacen debajo de la posición que sostienen, nos da la maravillosa oportunidad de minimizar los factores negativos que influyen en la percepción del asunto y alentar a los participantes a llegar a un acuerdo que les permita obtener beneficios mutuos y los aliente a sentir que pudieron sacar algo positivo de una situación problemática.

Comprender que todo conflicto trae consigo la oportunidad de construir una solución es iniciar el camino hacia la pacificación.

 

por CEDOC

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