Durante años, la logística de paquetería creció al ritmo del boom del comercio electrónico. El aumento de los volúmenes permitió ampliar redes, sumar capacidad y absorber ineficiencias que, en otro contexto, difícilmente hubieran sido sostenibles. Pero ese ciclo cambió. Hoy el sector enfrenta una realidad diferente: costos más altos, recursos subutilizados y clientes que demandan entregan cada vez más rápidas, trazables y flexibles.
En este nuevo escenario, la discusión ya no pasa únicamente por bajar gastos. Pasa, sobre todo, por desarrollar una verdadera “cost intelligence”: la capacidad de comprender con precisión cuál es el costo real de servir cada paquete, cada ruta, cada cliente y cada tramo en la red. Según BCG, ahí estará una de las principales fuentes de ventaja competitiva para los operadores logísticos en los próximos años.
¿Por qué esto gana tanta relevancia? Porque la última milla (es decir, la etapa final de la entrega) representa hoy entre el 50 y el 60% del costo total, y el modelo tradicional de reparto puerta a puerta perdió densidad. No se trata de distribuir grandes volúmenes concentrados en pocos puntos, sino de cubrir recorridos residenciales con una o dos entregas por parada. Eso encarece la operación, aumenta los intentos fallidos y erosiona la eficiencia.
Frente a esa presión, empiezan a consolidarse algunas respuestas que marcan hacia dónde va el sector. Una es fortalecer la entrega fuera del hogar, a través de lockers o puntos de retiro, que pueden costar entre un 30% y un 40% menos que la entrega domiciliaria. Otra es rediseñar el sistema de devoluciones, históricamente visto como un costo hundido, para convertirlo en una red más integrada, digital y eficiente. Y una tercera, quizás la más decisiva, es incorporar automatización, analítica de datos e inteligencia artificial no como iniciativas aisladas, sino como parte central del modelo operativo.
En ese sentido, la inteligencia artificial ya muestra tres impactos concretos: optimización dinámica de rutas y capacidad, gestión predictiva de riesgos y volúmenes, y experiencias de entrega más personalizadas para el cliente. Pero la tecnología, por sí sola, no resuelve el problema. El cambio de fondo aparece cuando esa inteligencia se integra de manera transversal en la planificación, el pricing, el despacho y la relación comercial.
La lección para el sector es clara: en logística, la eficiencia dejó de ser solo una mejora operativa para convertirse en una decisión estratégica. El liderazgo ya no va a estar en manos de quien mueva más paquetes, sino de quien entienda mejor cuánto cuesta moverlos y actúe en consecuencia. En esta nueva etapa de la paquetería, crecer sin inteligencia de costos dejó de ser una fortaleza. Hoy, directamente, es una vulnerabilidad.
* Alfonso Astudillo es managing director & partner de BCG
por Alfonso Astudillo














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