Martes 5 de julio, 2022

EMPRESAS | 03-09-2021 15:20

La franquicia feliz

Yermina Benítez (27) pasó de ser empleada de McDonald’s a franquiciante en el barrio 31, su mundo. Un caso modelo para la cadena.

Su sueño era ser Gerente de Negocio. Yermina Benítez, con sus jóvenes 27 años, había logrado cumplir su objetivo en un local del microcentro. Perteneciente a una familia de origen paraguayo, compuesta por ocho hermanos, había tenido que trabajar desde el último año del colegio secundario. Aplicada, organizada, responsable, su perfil la impulsó a crecer dentro de McDonald’s. “Empecé como cajera y llegué a Gerente justo cuando estaba embarazada”, recuerda. Por entonces, en aquel enero de 2019, no imaginaba lo que le esperaba: tener su propio restaurante de McDonald’s. “Me sorprendió el ofrecimiento. No somos un local normal. Vinimos para integrar el Barrio 31. Somos especiales, nos sentimos así. Ayudamos a las familias a cambiar las realidades del barrio”, subraya.

“Este local tiene la particularidad de ser operado por una vecina del barrio y una empleada nuestra. Es la primera vez en la historia de la compañía que se realiza un acuerdo de estas características con un franquiciado, y el objetivo de esta modalidad es que el local quede como un legado para el barrio y contribuya al proceso de integración de la zona, ya que Yermina creció y actualmente también vive en el barrio”, explica Eduardo Lopardo, director general de Arcos Dorados.

Rutina. La vida de Yermina no cambió. Se levanta cada mañana a las 7 para llevar a su hijo mayor al colegio y termina al atardecer, cuando vuelve de buscar a su segunda hija del jardín. Y pasa de siete a ocho horas en el local, “su” local. Con Edgard, su pareja, proyectan ampliar y terminar la casa que habitan y, en algunos años, piensa estudiar alguna carrera relacionada con la administración. “Me gustaría capacitarme sobre cómo manejar un negocio más desde el lado profesional. Por ahora, tengo el título de Seguridad e Higiene. Cuando esté asentada, voy a dedicarme a mis estudios”, cuenta.

Hoy, su rutina ya tiene bastante. Solo encuentra tiempo ocioso para ver alguna serie en Netflix “cuando mi mamá cuida a los chicos”. El resto, es para la familia y el negocio. A propósito, el local del Barrio 31 cuenta con 45 empleados, casi en su totalidad (95%) vecinos de la zona. “Nuestra idea era que el lugar fuera uno de inclusión para que fuera la oportunidad de tener el primer trabajo formal y, así, integrarlos a la sociedad. A la gente le encanta el local. Nos tomaron como un punto de encuentro. Somos un punto de referencia tanto para la gente del barrio como para los de afuera”, explica.

Claro que el inicio no fue sencillo. Habían pasado solo tres meses. La expectativa y la alegría que había generado el comienzo del emprendimiento recibía un golpe inesperado. En el anochecer del 19 de marzo de 2020, el presidente Alberto Fernández anunciaba el inicio de la cuarentena. Y, con él, surgía el llamado de Arcos Dorados, en el que avisaban el cierre de todos los restaurantes de la firma.

Vida. La historia de Yermina no es la de una emprendedora común. La particularidad de su caso es que empezó en una pandemia. Trabajaba en la cadena desde hacía nueve años y, de pronto, el destino la había enfrentado frente al desafío de su vida profesional, la posibilidad de contar con una franquicia y en su propio barrio. Luces y sombras. El acto de apertura había sido encabezado por el fundador de Arcos Dorados, Woods Staton, ceremonia a la que también había asistido el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. En apenas 90 días, aquel inicio se iba a enfrentar contra un duro obstáculo: las restricciones sanitarias de siete meses. “No tenía mucha noción de las situaciones que se podrían venir por la cuarentena. Pero por suerte tuve el apoyo de la compañía y de mi familia. Al principio, solo nos quedaba ver qué iba a pasar. Nos acompañamos y superamos el momento”, explica.

El combo parece haber tenido el resultado esperado, tanto para la cadena como para la emprendedora: “El proyecto tuvo repercusiones positivas entre los vecinos, pero, a la vez, tiene un valor reputacional muy importante para Arcos Dorados. Nuestro papel como compañía y como marca es fundamental para inspirar un cambio social, y, me da orgullo ser parte de una compañía que usa su escala para crear este tipo de proyectos. Después de todo, McDonald's es un lugar abierto para todos y esa es la fuerza de nuestra democratización de marca”, destaca Lopardo.

La empresa cuenta en todo el país con un total de 220 locales, distribuidos en 13 provincias, y, puntualmente en la Ciudad de Buenos Aires, está presente casi en cada barrio. “Somos una marca cercana a la gente y a la comunidad, y la apertura de este local está vinculada a esta cercanía”, agrega el ejecutivo. A la vez, con este proyecto se acompaña la urbanización, la inclusión y el desarrollo del barrio. “Queríamos aportar nuestro granito de arena para que jóvenes del barrio tengan su primera experiencia laboral formal. Es una zona que ha mostrado un crecimiento poblacional y demográfico muy marcado, y que se encuentra muy cercano a zonas céntricas de la ciudad. A la vez, este proyecto nos ha permitido demostrar que la articulación pública/ privada nos da la posibilidad de desarrollar proyectos que tienen un impacto positivo en la sociedad”, concluye Lopardo. El sueño de Yermina Benítez así lo confirmó. La historia de esta emprendedora tiene un final feliz. Como la cajita…

Otro barrio. Todo se inició con el proyecto de urbanización, iniciativa del Gobierno de la Ciudad. “Nos pareció un proyecto que estaba en línea con el propósito de la marca: estar cerca de la gente y dar oportunidades a los jóvenes de tener su primera experiencia laboral formal”, explica Eduardo Lopardo, director general de Arcos Dorados. Así, McDonald’s llegó al Barrio 31, pero en este caso, agrega Lopardo, “como exponente de todo aquello que significa la marca”. Este es el primer local de la cadena en un barrio vulnerable y en la primera villa en proceso de urbanización. Y redondea: “significa un hito mundial para la marca. Queríamos ayudar a la integración de la comunidad de un barrio en proceso de urbanización”.

por Marcelo Alfano

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