Domingo 5 de julio, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 22-06-2020 19:30

El arte de avanzar para atrás

La desesperación oficial por volver a la fase 1 de la cuarentena es el síntoma de un liderazgo debilitado.

Aunque es la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti se volvió famosa en la opinión pública con sus reportes diarios de casos de Covid-19, encarnando la versión sanitaria del pronóstico del tiempo. Hoy cometió el “error” de decir la verdad, un desliz comunicacional que sale caro en tiempos de puro relato. “Volver a la fase 1 sería para detener la circulación y volver a organizarnos”, explicó. Su inocente frase fue tomada por medio país como la constatación de que el Gobierno quiere prolongar la cuarentena porque no sabe cómo salir de ella y probablemente nunca lo supo ni lo planificó.

La pandemia es un desafío áspero para cualquier país. Cada gobierno entró y salió como mejor pudo o se le ocurrió. Más allá de las cifras nacionales de una peste con pocos antecedentes históricos, la diferencia política de largo plazo entre países será marcada por la capacidad de cada gobierno para hacerse cargo de sus decisiones: cada estrategia -y no había muchas sobre la mesa global- tenía sus pros y sus contras, sus costos y beneficios, sus riesgos y sus chances de éxito. La Argentina, como todos, optó por una de ellas, que al principio parecía la más cautelosa y eficaz. Pero desde el principio estaba claro, y fue advertido por la prensa y por especialistas, que en algún momento se agotaría su rendimiento, y entonces habría que pasar a una segunda fase. Bueno, ese momento llegó, tan previsible como una crónica anunciada, y en lugar de un plan para cambiar a una fase más quirúrgica del combate epidemiológico, y al Presidente y su entorno K solo se le ocurre ir para atrás, volver a la fase inicial. Ni siquiera se hace cargo de su apuesta, sino que opta por enojarse con los mensajeros y echarle la culpa a los runners, los comerciantes desesperados y las familias estresadas por un encierro largo y sin fecha de salida.

La razonable línea argumental esgrimida por el Gobierno hace tres meses fue que el aislamiento estricto permitiría preparar mejor la infraestructura sanitaria y la respuesta al contagio masivo. Pero ahora resulta que ese tiempo, que ya marca récords mundiales, no fue suficiente para organizarse no para tener un plan de salida. Y mientras millones de argentinos confiaban en que el Gobierno estaba enfocado en buscar planes de emergencia contra el colapso sanitario por venir, parece que el Presidente y su socia/jefa/vice estaban diseñando una expropiación y una contraofensiva judicial con la mira puesta en su reciente adversario electoral, que fue votado hace unos meses por casi medio país.

Ese es el problema clave de Alberto Fernández: está renunciando, por acción y omisión, a representar emocionalmente a esa otra mitad del país que no confiaba en él, pero que en el fondo necesitaba hacerlo, y de hecho se animó a considerarlo tímidamente cuando vislumbró un piloto de tormentas sensato ante la llegada del huracán Coronavirus. Pero hoy manda el humor social del desengaño precoz. Y la ilusión del consenso era lo único que Alberto tenía para aportar, tanto al Frente de Todos como al resto de la Argentina cansada de grietas. Ahora volvemos a la fase 1, al poder de prepo, al país de siempre.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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