EN LA MIRA DE NOTICIAS | 27-06-2021 12:28

El Gobierno y una crisis de identidad

El oficialismo duda sobre el rumbo y el relato. ¿Alberto tiene plan? El peligro del convertirse en “pato rengo”.

El peronismo no es para cualquiera. Esa poderosa máquina de enunciación política inventada por Perón, que permite sostener varias versiones contradictorias de la realidad al mismo tiempo, es el arma letal que le otorga al líder justicialista su don de mando. Tal como suelen hacer los creadores geniales de mecanismos complejos, el General se lo explicó alguna vez a Tomás Eloy Martínez, como si hablara de un truco muy sencillo, al alcance de todos. “A esta casa vienen muchos argentinos queriéndome vender una verdad distinta como si fuese la única. ¿Y yo, qué quiere que haga? ¡Les creo a todos!”, ironizaba Perón, dejando ver la clave invertida de su poder. Se trata, entonces, de decir todo sin quedar atado a nada. Quien quiera oír que oiga; quien quiera creer, que crea. Porque ningún creyente será desmentido.

Así se arman y se conducen las mayorías, si se entiende la pirámide de las verdades peronistas. Abajo están los que creen, en el medio los que se la creen, y en la cúspide el (o la) que hace creer. Así funciona. La única condición es que quien se ponga al mando de la máquina de hacer realidad tenga la fortaleza mental y emocional de sostener siempre, día tras día, año tras año, ese equilibrio fino entre lo cierto y lo falso, caminando sin dudar sobre el filo de la ficción política. Sin cortarse, sin caerse, sin ponerse “nerviosho”, como decía Néstor. El secreto es confundir a los demás. El peligro es confundirse a uno mismo. Esa es la prueba que le está costando cada vez más a Alberto Fernández.

“Tenemos descendientes que se convirtieron en afroamericanos”, explicó confusamente el Presidente, el mismo que horas antes armó un bochorno diplomático con su taxonomía -rústica y demodé- sobre las naciones latinoamericanas, solo para congraciarse con su par español. Es fácil burlarse de ese rollo súbito de Alberto Fernández con las descendencias y las identidades. Pero el desvarío presidencial sobre quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos es un llamado de atención que convendría tomar en serio.

En estas mismas horas, apareció otro síntoma de estrés albertista en la conducción del zigzagueante rumbo del peronismo. El Presidente volvió a un tema que, a esta altura, parece que lo obsesiona tanto como a la oposición: ¿Hay un plan? Fernández acaba de decir, retomando una frase pícara que difunde su staff, que sí tiene un plan, solo que “no es el plan que les gusta a ellos”. Puede ser. Pero recordemos que en la campaña presidencial contestaba que armaría su plan cuando supiera la magnitud exacta de la catástrofe macrista. Luego dijo que no lo contaría hasta que asumiera. Cuando llegó al poder, dijo que escondería el plan como si fueran cartas en una partida de póker con los acreedores externos. Después argumentó que el plan dependía del acuerdo con los bonistas, aunque cuando hubo acuerdo confesó que no creía mucho en los planes. Y ahora finalmente jura que existe, solo que sus adversarios se niegan a verlo porque les desagrada. ¿Habrá una verdad?

Las dudas no son solo económicas. Incluso en un tema tan emblemático para el kirchnerismo como lo es la política de Derechos Humanos, el Gobierno relativiza tanto las violaciones a esos derechos en algunas zonas del país y del resto del continente, que ya empieza a sonar confusa la postura oficial sobre tan delicada materia.

Seamos justos con Fernández (Alberto, no Cristina), cuya investidura nació relativizada por el propio mecanismo utilizado para disfrazar la fórmula presidencial, de tal modo de conformar a los distintos socios del PJ y de hacerle creer a cada votante que estaba eligiendo su propia versión del antimacrismo.

Tampoco estas elecciones legislativas le prometen claridad al Presidente. Si al oficialismo le va mal, será culpa de “el” Fernández. Pero si le va bien, será gracias a la magia de “la” Fernández. Y encima ya le salen oficialistas a vestirlo de “pato rengo”, especulando con la opción Kicillof 2023. Así no hay identidad que aguante.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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