Martes 28 de septiembre, 2021

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 13-08-2021 16:13

El nuevo Ka-binete

En solo un año y medio de gestión se acumulan los cambios ministeriales. Quién sale ganando con las intrigas palaciegas.

Una de las novedades políticas que trajo el arranque de la campaña electoral es el sacudón que se registró en el Gabinete nacional. Por cierto que no fue el primero de su corta gestión. Y llamarle “sacudón” no es una licencia lexical caprichosa, sino que es una forma de caracterizar la sensación de improvisación que transmiten los últimos cambios del staff que rodea al Presidente. Antes y ahora, el historial de reemplazos en el Gabinete indica que el tacticismo del “vamos viendo” le gana por goleada a cualquier estrategia parecida a una implementación planificada de políticas de Estado. Repasemos los casos para entender un poco más dónde está parado el Gobierno.

Para empezar con los dos cambios más recientes de ministros, es evidente que ambos son derivados de los chisporroteos propios del armado de listas electorales: uno responde a la pulseada interna por el Conurbano bonaerense, y el otro, a la paradójica encerrona santafesina que terminó corriendo del ministerio de Defensa a Agustín Rossi, un soldado tan cristinista como su remplazante Jorge Taiana.

El ministro entrante en Desarrollo Social, “Juanchi” Zabaleta, aparece como una figura de confianza albertista que preserva cierto equilibrio de fuerzas en la cúpula de gestión del Frente de Todos, ante la salida de un referente identificado con el massismo como Daniel Arroyo. Como intendente de Hurlingham, Zabaleta también expresa la negociación tensa entre La Cámpora, las jefaturas peronistas del Conurbano y los líderes de los movimientos sociales, todo recalentado por la repartija electoral. No queda tan claro qué plan trae bajo el brazo para ponerle freno al crecimiento de la pobreza, lo que en teoría debería ser el objetivo primordial del recambio ministerial.

Tampoco el debut de Taiana en Defensa sugiere cambios geoestratégicos respecto de la postura oficial que viene manifestando la Argentina: una especie de coqueteo histérico multilateralista, con declaraciones románticas hacia China, Rusia y el eje bolivariano, mientras en el “back office” se refuerzan los viejos pactos preexistentes de docilidad con los enviados de Washington.

Esta tendencia de transformar el Gabinete menos por el rumbo de las políticas de Estado que por emergencias personales no es nueva: ya parece ser parte del ADN de la presidencia de “les” Fernández. Basta recordar la eyección de Ginés González García del ministerio de Salud, para apagar el incendio ético del “vacunatorio VIP”. O la salida anunciadísima de la ministra de Justicia nombrada por el Presidente, Marcela Losardo, empujada por la impaciencia de la vicepresidenta con su prontuario judicial vigente. Tampoco pareció muy pensada la despedida a María Eugenia Bielsa de la cartera de Hábitat, aunque su remplazante, Jorge Ferraresi, sí forma parte de una aparente línea de preferencias en los cambios: junto a Zabaleta y Gabriel Katopodis, se suma a la selección de caudillos territoriales bonaerenses -de género masculino, además- que fue “renovando” el staff presidencial antes de la votación de medio término. (Carla Vizzotti descontó el marcador a favor de las mujeres, es justo aclararlo.)

Aunque Cristina Kirchner sonó muy clara cuando habló de un Gabinete de “funcionarios que no funcionan”, ni ella ni Alberto separan la paja del trigo: nunca se define si los ministros tambalean por su inoperancia profesional, o por un cambio de rumbo estratégico, o simplemente por el desenlace de una pulseada de poder al interior de la coalición oficial. Esa duda resonó tanto en la crisis de Martín Guzmán, cuando tuvo que tragarse sus ganas de expulsar por desobediente a un funcionario con inmunidad K, como en la trampa que le tendieron a Santiago Cafiero, tentándolo con una candidatura legislativa para sacarlo de la Jefatura de Gabinete. Ahí sí que asoma con nitidez una política de Estado: rodear al Presidente de un staff cada vez más fiel, pero no a él sino a Ella. Un Ka-binete.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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