EN LA MIRA DE NOTICIAS | 09-07-2020 10:12

Macri también se enamora de la cuarentena

Aunque criticó la reacción antipandemia del Gobierno, el expresidente aprovecha las oportunidades del aislamiento social prolongado.

Sobran los análisis acerca de los beneficios que el kirchnerismo busca y obtiene de la cuarentena extendida. Pero la charla emitida en la tarde del miércoles entre Mauricio Macri y Álvaro Vargas Llosa permite apreciar cómo el expresidente también intenta capitalizar las oportunidades políticas que abre el aislamiento social obligatorio que el Gobierno no quiere y no puede dejar atrás.

Promocionada como “la primera entrevista que da Macri tras dejar la presidencia”, la videoconferencia del líder PRO tuvo como interlocutor a un partenaire tan cómodo como los que suele elegir Cristina Fernández de Kirchner para dar sus “entrevistas”. Macri necesitaba un entrevistador que no lo corriera en serio ni por derecha (como hubiera sido el caso, por ejemplo, del padre de Álvaro, el intelectual liberal Mario Vargas Llosa), ni por izquierda, tampoco por el centro republicano anticorrupción. La zona de confort se completó con el paraguas temático de la charla, que se suponía que circunscripta al rol de Macri como estadista internacional, típico de los flamantes exmandatarios. Desde ese espacio de enunciación protegido, el referente opositor se dedicó a encuadrar, sin nombrarlo, al gobierno de Alberto Fernández en la categoría de autoritarismo light con amenaza de dictadura que, según él, asoma en el planeta al calor de la fiebre pandémica.

Gracias a la cuestión del Coronavirus, Macri se dio el lujo de no dar explicaciones sobre el endeudamiento descontrolado con que terminó su gestión, ni sobre el aumento de la pobreza y el estancamiento, ni sobre el escándalo de espionaje que lo rodea. Se nota que el expresidente quiere capitalizar la crisis económica derivada de la pandemia y la cuarentena K, como cortina de humo que deje en la nebulosa la debacle que dejó la gestión macrista. De hecho, hasta el cristinismo tuvo que archivar su relato sobre la “tierra arrasada” de Juntos por el Cambio, a la luz de la emergencia económica viral, que amenaza con arrasar más profundamente el capitalismo argentino.

Macri también se postuló ante Vargas Llosa junior como el intérprete de los sectores más inclinados a cacerolear contra las insostenibles restricciones epidemiológicas y contra el clima de “ataques a la propiedad privada” que el kirchnerismo alimentó -con torpeza o audacia maquiavélica- en la agenda nacional e internacional. De paso, el expresidente metió en la bolsa de su preocupación republicana la manipulación de la Justicia, precisamente en una época donde él y su entorno se preparan a resistir una larga temporada de peligros tribunalicios.

Incluso la áspera interna PRO (y de la coalición Cambiemos) quedó relativizada por las urgencias sanitarias: los contagios y la incomodidad del Zoom ralentizaron y enrarecieron la autocrítica y el debate partidario por la sucesión del liderazgo. En la charla con Vargas Llosa, Macri esquivó un amigable comentario sobre su futuro político como candidato, pero se puso por encima de los cuestionamientos internos y la rosca partidaria jurando que su intención era promover el crecimiento de nuevos líderes del espacio opositor. Aunque no goza de los dones retóricos de Cristina Kirchner, el expresidente parece haber estudiado muy a conciencia la estrategia que siguió la jefa K para atravesar el desierto del despoder, hasta que la cíclica historia argentina le dio la chance de volver.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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