Friday 25 de September, 2026

ESPACIO NO EDITORIAL | Hoy 08:23

El espejo no es el problema

El riesgo de creer que un trastorno alimentario se puede reconocer a simple vista.

Al principio empezó como un juego, una meta de bienestar. Descargué una aplicación para registrar lo que comía y sentí una satisfacción enorme al ver que podía cumplir los objetivos. Pero el juego se convirtió en una cárcel. Pasé de contar calorías a ser gobernada por ellas.

Mi día empezó a girar en torno a las matemáticas. Si una manzana pesaba diez gramos más de lo estipulado, me venía una ansiedad insoportable. Ir a un restaurante con amigos se volvió una pesadilla. Si no conocía el valor exacto de un plato, prefería mentir y decir que me sentía mal para no comer.

Este es el testimonio de una paciente con problemas alimentarios cuyo nombre se ocultó por motivos de privacidad.

Acá vemos algo que comenzó de una forma aparentemente displicente, despreocupada, pero terminó en una obsesión. Una obsesión que se pagó muy caro.

La sociedad moderna nos enseñó que “controlar” es bueno, que medir calorías y pasos diarios es una forma de cuidar de nuestra salud. Controlar también es observar a través de redes si alguien está mejor que uno, si alguien es más feliz que uno o si se ve mejor.

El espejo no es el problema

Normalmente tenemos la idea -o el prejuicio- de que los problemas alimentarios comienzan de la noche a la mañana, como si se tratara de una persona que aparentemente funcionaba “normal” y que comenzó a tener conductas extrañas para su entorno. El problema es que la conducta es apenas lo visible de un problema que está en el trasfondo de algo mucho más profundo.

Es el propio autoconcepto (la idea que se tiene de uno mismo), es el rol social que se quiere ocupar, es el sentimiento de valía basado en la imagen. Esto comienza normalmente en forma gradual y luego se materializa, se plasma en conductas de restricción, que pueden ser ejercicio excesivo, evitación de ingesta alimentaria y otros.

Otra idea/creencia errónea que tenemos es que de forma indefectible vamos a ver a la persona con un problema alimentario más delgada en poco tiempo. Puede ser así, pero no necesariamente.

Existe una variedad que se llama anorexia atípica; en ella, tenemos los mismos síntomas que una anorexia clásica, con la salvedad de que el peso no se encuentra por debajo de un rango normal, e incluso podría existir peso elevado; siguen existiendo las conductas restrictivas, las obsesiones y la preocupación por el peso/imagen.

Esto nos da una pista: no hay que esperar a que el peso disminuya considerablemente para considerar que hay un problema. Los problemas deben tratarse; la anorexia no tiene un peso: tiene síntomas, sufrimiento y consecuencias que merecen ser vistos.

 

Dra. Prof. Carmela  Macias Barbé
Por consultas/turnos: Instagram @drapsicocarmela, mail [email protected]

por CONTENT NOTICIAS

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