En este artículo, la Dra. Natalia Fridman, fundadora de Fridman Immigration Law, aborda la temática de la Green Card por sponsoreo (EB-3) como una alternativa concreta para quienes buscan establecerse y proyectarse en Estados Unidos a partir de una oferta laboral. Además, explica el funcionamiento del proceso, los perfiles que pueden aplicar y, especialmente, la importancia de definir una estrategia migratoria desde el inicio, en función de los objetivos personales y familiares de cada cliente.
Dra. Fridman, ¿qué implica obtener una Green Card a través de sponsoreo (EB-3)?
La Green Card por sponsoreo laboral, conocida como EB-3, es una residencia permanente que se obtiene cuando un empleador en Estados Unidos decide contratar a una persona extranjera para un puesto que no puede cubrir con trabajadores locales. El proceso comienza con una certificación laboral ante el Departamento de Trabajo, donde el empleador demuestra que realizó una búsqueda genuina de candidatos sin encontrar a alguien calificado disponible en el mercado local. Una vez aprobada esa etapa, se presentan las peticiones correspondientes ante el Servicio de Inmigración y, finalmente, la persona tramita su residencia permanente.
¿Qué tipo de perfiles suelen calificar para este proceso y cuáles son los requisitos que deben cumplir?
La categoría EB-3 tiene dos subcategorías. La primera está destinada a trabajadores calificados, es decir, personas con título universitario o al menos dos años de experiencia en su área, lo cual es necesario demostrar mediante cartas de empleadores. La otra categoría contempla a trabajadores no calificados (con menos de dos años de experiencia) para empleos que tampoco pueden cubrirse localmente. En todos los casos, el requisito central es contar con una oferta de trabajo concreta de un empleador en Estados Unidos que esté dispuesto a asumir los costos del proceso y a sostener esa relación laboral a largo plazo.
¿Es posible iniciar este trámite tanto desde Estados Unidos —con visas como E-2, F-1 o H-1B— como desde el exterior? ¿Qué diferencias existen entre ambos escenarios?
Sí, el proceso puede iniciarse en ambos casos. Quien ya está en Estados Unidos con una visa válida, como una E-2, F-1 o H-1B, puede ajustar su estatus migratorio dentro del país sin necesidad de salir. Eso simplifica bastante el trámite y reduce los riesgos de interrumpir la vida cotidiana. Quien inicia el proceso desde el exterior, en cambio, completa las primeras etapas administrativas a distancia y tramita la visa de inmigrante en el consulado correspondiente para ya poder ingresar al país con su residencia en mano. Ambos caminos son válidos; la diferencia principal está en los tiempos, los gastos, la logística y el nivel de disrupción personal que cada escenario implica.

¿Cuáles son los tiempos estimados del proceso y qué expectativas debería tener una persona que decide avanzar por esta vía?
Es importante ser realistas: la EB-3 no es un proceso rápido. La certificación laboral puede tomar cerca de dos años y, a eso, se suman los tiempos propios de las peticiones de inmigración y, según la nacionalidad del solicitante, posibles períodos de espera adicionales vinculados a los cupos anuales que establece la ley. Para ciudadanos argentinos, los tiempos hoy son más razonables que para otras nacionalidades, pero, en promedio, hay que planificar al menos tres o cuatro años desde el inicio hasta la obtención de la residencia. La clave es arrancar bien y con expectativas claras desde el primer día.
Desde su mirada profesional, ¿por qué considera fundamental planificar desde el inicio una estrategia migratoria en función del objetivo del cliente?
Porque cada persona llega con un objetivo distinto: algunos quieren invertir, otros mudarse con su familia y otros proyectarse profesionalmente a largo plazo. La herramienta migratoria correcta depende de ese objetivo. Tomar decisiones aisladas, sin ver el cuadro completo, puede cerrar puertas que después son muy difíciles de volver a abrir. Un trámite mal iniciado, una visa que no contempla el paso siguiente o una situación migratoria irregular pueden complicar enormemente el camino hacia la residencia permanente. Por eso trabajamos desde el inicio pensando no solo en el trámite inmediato, sino también en hacia dónde quiere llegar esa persona y cuál es la ruta más sólida para lograrlo.
En este sentido, ¿cómo influye la planificación en la elección entre distintas alternativas migratorias, como una visa de inversión o un camino hacia una residencia permanente?
Muchísimo. Una visa de inversión como la E-2, por ejemplo, permite vivir y operar un negocio en Estados Unidos, pero no otorga residencia permanente por sí sola. Una Visa EB-3 o una EB-5 otorgan la Green Card, pero requieren otros recursos y tiempos. Quien llega pensando solo en el corto plazo puede encontrarse años después en una situación que no contempla sus nuevas metas. En cambio, quien planifica desde el principio puede combinar estratégicamente distintas herramientas: utilizar una visa no inmigrante como punto de partida mientras avanza en paralelo hacia la residencia permanente. Esa visión integral es la diferencia entre migrar por impulso y migrar con un plan.
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