martes, diciembre 10, 2019

OPINIóN | 28-03-2019 11:00

Gobernar al dólar

La volatilidad con tendencia al alza dominarán el panorama cambiario de aquí en adelante. Eso al Gobierno le preocupa. Al FMI, no.

El Gobierno se puso como principal objetivo en estos meses pre-

electorales gobernar al dólar como condición necesaria (no suficiente) para mantener chances de ser reelegido. Salir de la recesión, reanimar el crédito y revertir el deterioro social son prácticamente aspiraciones ya eliminadas del menú de opciones posibles para 2019. El problema es que desde mediados de febrero se insinúa que ya también el objetivo mínimo de preservación (un dólar tranquilo flotando cerca del piso de la banda cambiaria) es una pelea cotidiana y de pronóstico reservado. La volatilidad con tendencia al alza dominarán el panorama cambiario de aquí en adelante, donde a veces pequeños volúmenes de compra provocan saltos diarios ridículos (3% o 4%).

¿Explicaciones? Una semana es porque sale un dato de inflación mayor al previsto, otra semana por encuestas adversas al Gobiernos, siguiente semana un shock externo que debilita todas las monedas emergentes. Por supuesto que hay causas concurrentes, pero el verdadero tema de fondo es que sellamos un acuerdo con el FMI que nos alejó del precipicio en octubre de 2018, pero resulta que el socio que pone los dólares para no caer en default tiene un objetivo muy distinto al del Gobierno en estos meses: no le interesa gobernar al dólar, ni considera necesario que esto sea imperioso cuando hay por delante un escenario electoral dicotómico.

Para los técnicos del Fondo no resulta preocupante que la divisa flote casi libremente (dentro de una banda del 30%), en una economía presa de la desconfianza y con una arraigada cultura bimonetaria que por supuesto se exacerba en años de transición política porque todos quieren cubrirse. Este plan de ultra ortodoxia monetaria, que representa tasas de interés en las nubes (67% anual) y una bola de Leliq cada vez más peligrosa, ya se revela ineficiente para el objetivo de evitar la zozobra cambiaria, y también arroja dudas y cuestionamientos crecientes (incluso dentro del oficialismo) para lograr bajar la inflación.

Hoy tenemos entonces a un Banco Central (BCRA) sobre reaccionando dureza monetaria y tratando de que esta política gobierne las expectativas inflacionarias y cambiarias, pero resulta que en el fondo les preocupa que el dólar los gobierne a ellos. Frente a esto, se nota impotencia ante la falta de instrumentos “efectivos” para traer tranquilidad. En esta instancia se requiere poder usar de manera mucho más flexible las reservas (que no son bajas) y dar mayor certidumbre a partir de recuperar más discrecionalidad en manos de autoridad monetaria.

En las próximas semanas se ensanchará algo la oferta de dólares con las ventas  programadas de 60 millones diarios y un poco más debido a la liquidaciones del agro. Pero en este clima de expectativas tampoco hay que esperar nada espectacular. En esta instancia, los dueños de los granos razonan de la misma forma que los inversores que hoy buscan dolarizarse porque perciben elevada incertidumbre.

Ojalá el Gobierno y el BCRA puedan torcer la óptica de FMI y su “ingenua” complacencia con el potencial desborde cambiario, que solo traerá mas inflación, más recesión y deterioro social. Cuando hay mucho material combustible en la economía (pesos que pueden ir al dólar antes de las elecciones), muchos disparadores para encender el  fuego (encuestas, errores de praxis, shock externos, etc), resulta ridículo tener una manguera para extinguir incendios (elevadas reservas internacionales) sino se puede usar.

*Economista.

por Fabio Rodríguez

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