lunes, diciembre 9, 2019

NOTICIAS URUGUAY | 03-08-2019 16:47

Mujeres que patean

Una práctica que crece en Uruguay, hay más de 11.000 jugadoras. Aún está lejos de profesionalizarse. Falta un cambio cultural.

A nadie se le ocurre separar al fútbol de la cultura uruguaya. Si bien la práctica del deporte tiene muchos años más, se institucionalizó para las mujeres hace casi 25 y aún continúa siendo amateur. Aunque la Conmebol exigió a los clubes el desarrollo del fútbol femenino, los esfuerzos no son parejos. Las protagonistas coinciden en que para profesionalizar falta un cambio cultural -no sólo dinero-, que involucre a jugadoras, equipos técnicos, dirigentes, empresarios y espectadores.

Belén Aquino tiene 17 años. Es flaquita y larga, mira a la cara con ojos grandes y marrones. Está vestida con ropa deportiva y sujeta su pelo con una cola alta. Se reconoce tímida y no le gusta mucho salir de su casa. Sin embargo, cuando habla de fútbol se enciende. Empezó a patear pelotas con cuatro y debutó en primera división con 13 años. Se sonroja cuando su madre, Luz, cuenta que a ella le costó aceptar que su hija quería ser futbolista. “Ahora ya está, pero me daba miedo que la lastimaran”, dice. Belén se tapa la cara con las dos manos. De todos modos, Luz reconoce: “Cuando hizo el gol en el Mundial sub-17, con la camiseta de Uruguay, me puse como loca. ¡Qué felicidad!”.

Aquino, que vistió la camiseta número 21 de la selección sub-17 en el Mundial 2018, es la primera jugadora por la cual se registró un pase que involucró dinero en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). En 2019, para jugar el campeonato de primera división, Colón Fútbol Club prestó a la delantera por 2.000 dólares al Club Atlético Progreso. El arreglo incluyó un pago mensual a Aquino, que, si bien ella aclara, “no es un sueldo”, lo invierte para aliviar los costos de traslados y alimentación. Eso le permite seguir jugando y asistir de mañana al Liceo 23 de Sayago, donde cursa segundo año. Sin embargo, este pago no se extiende al resto de las jugadoras. Más bien es inusual que cobren por jugar.

La AUF se fundó en 1900. El fútbol femenino en 1996, a impulso de muchas mujeres vinculadas al deporte. La cara visible -y motor- fue Matilde Reisch, quien había sido la directora de deportes de la Intendencia de Montevideo, con vasta experiencia dentro del mundo deportivo. En sus comienzos sólo siete equipos disputaron el torneo y el primer campeón uruguayo fue Rampla Juniors. En Uruguay su práctica no está profesionalizada, como sí sucede en varios países de Europa y en Estados Unidos. En América Latina se conocen experiencias de semi profesionalismo -y tomando cada vez más fuerza- en Brasil, Argentina, Chile, Colombia y México.

En los registros de la AUF se cuentan 59 equipos y cerca de 1.500 jugadoras. Se juega en dos divisiones, primera (10 equipos) y segunda (16 equipos), y existe una categoría sub-16 (16 equipos) y otra sub-19 (17 equipos). Valentina Prego, de 35 años, presidenta del Fútbol Femenino de AUF desde 2015, contó que se proyecta una tercera división en mayores y que sería deseable la inclusión de la Organización del Fútbol del Interior (OFI) para darle carácter nacional al campeonato. Hoy juegan por separado.

En el interior del país, las ligas se organizan en la OFI, que tiene 73 años, y más de 150 equipos con casi 5.500 jugadoras, organizadas en 16 ligas. En 2019 se registraron 30 nuevos equipos. La Copa Nacional de Fútbol Femenino es el mayor evento clubista. La disputan 34 equipos. Comenzó en 2000 y el primer campeón fue Cuareim. Entre 2006 y 2008 perdió actividad. Las actuales campeonas son de Centenario de Fray Bentos. Las más laureadas son las Arachanas de Melo.

El presidente de la Comisión de Fútbol Femenino, Sergio Gabito, explicó: “Si bien ya se está jugando la 17° Copa Nacional en categoría de mayores, existe una sub-14 y sub-16, pero la competencia dura sólo cuatro meses”. “El desarrollo del fútbol femenino en OFI se explica gracias a que “hace cinco años, tenemos apoyo de ONU Mujeres, además de mayor difusión. También se han impulsado distintas iniciativas, ofrecimos franquicias para que los clubes no paguen el fichaje de las jugadoras. Además se regalaron equipos deportivos y, a través del programa Gol al Futuro, se cedió material relevante para entrenar”, dijo Gabito.

Entre los departamentos que cuentan con equipos más potentes se encuentran: San José, Colonia, Salto, Paysandú, Florida y Cerro Largo. Con orgullo, Gabito recordó: “Esperanza Pizarro, delantera de la sub-17 de Uruguay que hizo el mejor gol del Mundial de su categoría en 2018, es de Palmirense, uno de los equipos más fuertes a nivel de clubes”.

Belén Aquino es un bicho raro. Forma parte de la “nueva camada” de jugadoras que inició su experiencia futbolística desde niña. Sus compañeras de la selección sub-17 -Pizarro, por ejemplo-, dan cuenta de lo mismo. Años atrás, las jugadoras se sumaban a los planteles con más de 20 años, lo que retrasaba notoriamente su desarrollo táctico y técnico.

“Empecé a los cuatro años, a una cuadra y media de casa, en el barrio Conciliación. Fue medio complicado. A mamá le costó mucho soltarme. Al ser niña, no quería que juegue. Mi hermano y mi padre insistieron y fui al club Bello Horizonte. Hoy no está más. Estuve hasta los nueve años. Me fui a Independiente, jugué cuatro años más. Todo el baby lo hice con varones. No había cuadros de niñas. Entrené en Peñarol para acostumbrarme al fútbol 11. Antes de terminar el último año del baby, me fui a Colón que sí tenía fútbol de mujeres. En 2015 volví al Parque Suero. Pasé a jugar en una cancha grande y correr más. Fui acostumbrándome de a poco al juego colectivo, aprendí a tocar la pelota. En el baby encarás vos sola”, contó la delantera que marcó un gol contra Nueva Zelanda, jugando con la celeste en el Mundial sub-17.

El trabajo sostenido en el fútbol infantil es notorio y crece año a año. La Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI), creada en 1968, abrió el Departamento de niñas en 2005. Registra a 4.500 jugadoras (siendo 45.000 el total de varones), de seis a 13 años, con 65 ligas y 160 clubes en todo el país. En 2018, antes que se disputara el Mundial sub-17 en Uruguay, la cifra de jugadoras era 3.000.

Según el vicepresidente de ONFI y ex presidente del Fútbol Femenino de AUF, Jorge Burgell, el Mundial impactó positivamente en ese aumento. Contó con la cobertura de medios nacionales e internacionales, como sucede con los eventos de la FIFA. El público se arrimó a las tribunas en tres sedes: Montevideo, Maldonado y Colonia. Esto dio un carácter de descentralización a la competencia y posibilitó el contagio de entusiasmo de un número mayor de espectadores.

“Es parte de un trabajo constante. Un objetivo que tenemos es que en cada liga haya torneos de niñas. Es muy ambicioso, se cumplió en una tercera parte. Los datos muestran un crecimiento importante este año. En Montevideo, en 2018, había siete ligas, y en 2019 se creó una nueva en el Prado. En 2018, había sólo en dos, fútbol de niñas. Ahora existen cinco ligas que se suman. Es un avance importante, porque la capital había quedado retrasada en el desarrollo respecto del interior”, explicó Burgell.

Prego, que participó de la organización del Mundial Femenino sub-17 en Uruguay, viajó en junio de este año a desarrollar tareas de coordinación en Montpellier, una de las nueve sedes del Mundial de Fútbol Femenino, por donde pasaron las selecciones de Brasil (que junto a Argentina y Chile fueron las representantes de América Latina), Australia, Canadá, Italia, Alemania, China, Sudáfrica, Camerún, Nueva Zelanda. Hubo récord de asistentes, con cerca de un millón de espectadores en los estadios, según datos de la FIFA.

La presidenta del fútbol femenino de AUF, dijo que vio un fútbol muy técnico y veloz. De las ocho mejores selecciones de Francia, siete fueron europeas. Es que en esos países los clubes invierten en el desarrollo del deporte, ponen a disposición infraestructuras de primer nivel, y si bien los salarios de las jugadoras se encuentran muy por debajo de los que perciben los hombres, muchas de ellas logran dedicarse y vivir del deporte. Algunas de estas brechas fueron visibilizadas en torno al evento deportivo. La televisación del torneo mostró en las tribunas carteles con mensajes contra todo tipo de discriminación y se escucharon coros pidiendo pago equitativo para las jugadoras. Hasta se coló un pañuelo verde en apoyo a la campaña por el aborto legal en Argentina.

Las representantes de Uruguay en el torneo fueron la árbitra Claudia Umpiérrez y la asistente Luciana Mascarañas. Participaron en el partido inaugural del Mundial entre Francia y República de Corea. En la final del Mundo, entre Estados Unidos y Holanda, fue Umpiérrez quien participó como cuarta árbitra. Ella tiene 36 años, una hija, es abogada y trabaja como procuradora en el Banco de Seguros del Estado. Aunque le encantaría, el arbitraje no es su vida. El de Francia fue su segundo mundial de mayores, ya que también estuvo en Canadá 2015. En el fútbol local, arbitró por primera vez en un partido de hombres de primera división en 2016. En AUF sólo son 13 mujeres dentro de un mundo de arbitraje dominado por 160 hombres.

“Ser árbitra no es ser bailarina, ni patinadora, es una profesión en la que te tenés que preparar para que te insulten y aún no está aceptada socialmente”, dijo Umpiérrez. “Dirijo a hombres en Uruguay, pero soy seudo profesional. Solo arbitro los fines de semana. En el Mundial, uno se dedica a eso todo el día, está concentrado en entrenar, alimentarse, preparar los partidos, descansar. Éramos en el equipo 25. Fue un honor y un orgullo. Estaba todo servido para que el desarrollo del arbitraje se realizara de gran manera. Es todo muy profesional. En otras partes del mundo pasa eso, pero acá no”, dijo Umpiérrez.

Sobre las diferencias entre arbitrar partidos de mujeres y varones, la árbitra destacó: “Las mujeres se apegan más al “fair play”, son aplicadas al juego y aceptan las decisiones de las árbitras. No protestan tanto. Hay menos simulaciones en el juego y menos pérdida de tiempo. En este Mundial vi un gran crecimiento en la técnica de las jugadoras y el nivel fue excelente”, concluyó.

“En Uruguay, el fútbol es amateur. Las jugadoras no tienen contratos con los clubes, no cobran salarios. Por eso se dio que, en la Copa América de Chile de 2018, la selección uruguaya no pudo pasar a la fase de definición”, se lamentó Umpiérrez.

En Francia, Umpiérrez recibió una medalla y vio desfilar a las jugadoras de Estados Unidos alzando la copa del Mundo por tercera vez. Megan Rapinoe, la delantera destacada y con mucha experiencia, aprovechó cada ocasión para desplegar un mensaje de reivindicación: se necesita más apoyo al fútbol femenino, difusión, pago equitativo y mejores condiciones para que el desarrollo sea posible.

“Tener las mismas oportunidades no es decir que somos iguales”, reflexionó la presidenta del fútbol femenino de AUF. “Me animo a pensar que, el grito de “equal pay” de la tribuna, implica subir salarios, pero también bajar, hacerlo más realista. En Holanda, la selección masculina liberó dinero para dárselo a las mujeres. Eso hace que baje lo ridículo e inflacionario de los salarios de algunos jugadores”. Para Prego, una de las claves para avanzar hacia la profesionalización en Uruguay es desarrollar la primera división y luego sostener un semi profesionalismo con el resto de las categorías. “Esta opción va tomando fuerza, permitiría que algunas mujeres se dedicaran por completo al deporte durante el período en que jueguen”, concluyó.

Aquino vive con su mamá Luz, su papá Pablo, el hermano mayor también Pablo, de 26 años, Micaela de 19, Lucía de 18, y Deborah de siete. Ninguno de ellos se dedica al fútbol. “Es raro mi caso. [Se sonríe] Siempre con la pelota. Mi hermano me empujaba a jugar, pero no pasaba de eso”, cuenta la delantera de Progreso.

“Me acuerdo que debuté en primera a los 13 años. Fabiana Manzolillo, la entrenadora de primera división de Colón me citó y entré del banco. Jugué 20 minutos contra Nacional en el Parque Central. Perdimos 3-1. Me pidió que esté tranquila y disfrute, que hiciera lo que sabía hacer. Mi familia me acompañó en esos momentos. Mamá no va tanto a la cancha, pero papá está siempre. También me citaron a la selección cuando se preparaba un Sudamericano. Fue ese mismo año. Entrené un par de semanas, pero me descartaron para la lista final, porque era muy chica. Después de eso me citaron a casi todas las preselecciones que hubo y debuté con la camiseta de Uruguay en la preparación para el Mundial de sub-17”, recordó Aquino.

Fabiana Manzolillo tiene 49 años. Comenzó a jugar al fútbol con 24 años. Vistió la camiseta de Central Español en el primer campeonato uruguayo de fútbol en 1997. Luego jugó en River Plate. Ahora es entrenadora de Defensor femenino, equipo que se formó este año para competir en la segunda división en AUF. Es la primera entrenadora mujer que se formó en Uruguay, y la primera entrenadora de una selección sub-17. En aquellos años era una inclinación nada frecuente. Fue ayudante técnica y entrenadora de las selecciones uruguayas sub-20 y mayor. Dirigió a Salus, llevó a Colón a jugar Copas Libertadores, viajó a Sudamericanos con la selección. De Belén dice que siempre fue muy disciplinada y que le vio grandes condiciones para ser una buena deportista. La hizo debutar en primera con apenas 13 años, porque le pareció justo. “Tenía una técnica muy pulida. No le temía a nada, iba siempre para adelante. Ella estaba atenta, quería llevar a cabo lo que le pedíamos. Sentía amor por la pelota”, contó Manzolillo.

“Cuando tomé la sub-17 tenía jugadoras que habían empezado a los 12 años. Ahora eso cambió, todas juegan desde niñas, y cambian en lo técnico y táctico, en asumir frustraciones. Ahora la familia apoya, la mujer se empoderó y se nota un cambio cultural grande. Sin embargo, hay que seguir cambiando cabezas. No tenemos muy claro esto de querer ser profesionales todavía. Hablo también de las jugadoras. Esto cambia si todas las partes cambian. Entrenadoras recibidas, la AUF que apoye, la directiva de los clubes y las jugadoras, ¿seguimos siendo las mismas? Tiene que crearse una cadena unida para sacar esto adelante”, reflexionó la DT.

Pero ¿qué significa profesionalizar el fútbol femenino? Para Manzolillo, “no pasa por el dinero que se reciba. Durante mi época de entrenadora no cobré. Y era la misma entrenadora que ahora”, enfatizó. Para la veloz Aquino implica “entrenar todos los días, ser más competitivas, tener gimnasios para entrenar, porque las directivas se ponen duras, que las canchas para jugar no estén en malas condiciones como ahora. Hay clubes que tienen el femenino sólo porque es obligatorio. De parte de las jugadoras hay compromiso y voluntad, faltaría la otra parte, ver las cosas completamente y seguir trabajando en eso”.

En Uruguay no es común que las selecciones de mujeres desarrollen ciclos de trabajo. La selección mayor tiene competencia cada cuatro años, y sólo se reúne al plantel para algún partido amistoso. En 2019 jugaron con Argentina y Francia, dos selecciones que disputaron el Mundial. Algo similar sucede con la sub-20, no ha sido convocada ni existe seguimiento de las jugadoras. La selección sub-17 es la categoría celeste que ha disputado dos mundiales. Uno en 2017, en Azerbaiyán, con Graciela Rebollo como entrenadora, y el otro en 2018, en nuestro país con Ariel Longo de DT.

Sobre el Mundial sub-17 que se disputó en Uruguay, Aquino contó: “Jugar el Mundial fue una experiencia única, teníamos muchas expectativas, había mucha ansiedad. Queríamos hacer bien las cosas, pero sabíamos que era un mundo muy desconocido para nosotras. Creo que a medida que fueron pasando los partidos fuimos creciendo y es importante, porque te queda para un futuro, para aportar en tu club o en la selección. Pudimos estar en el Complejo Celeste, entrenando, trabajando en el gimnasio, en las canchas. Sabíamos que antes esto no pasaba. Nos dieron la ropa para usar. Eso fue un paso importante. Nos decían que nos teníamos que sentir privilegiadas porque ahí entrena Suárez, Cavani, Muslera, y eso hay que aprovecharlo, porque hoy fuiste y capaz mañana ya no vas”.

Uruguay no pudo ganar los partidos del grupo. Sin embargo, las jugadoras hicieron historia al convertir tres goles en un Mundial. “Había entusiasmo y sabíamos que no estábamos ni cerca del nivel de las otras selecciones. Las que fueron potencia en este Mundial vienen hace muchos años trabajando seriamente”, dijo la delantera.

El segundo semestre del año propondrá variados desafíos a las selecciones de mujeres. Habrá nuevos torneos de Conmebol para la sub-17 y sub-19, y preparación para Juegos Sudamericanos. “Hay que sacarle el polvo a la maquinaria para empezar a trabajar. La idea es que los procesos de selecciones sean estables. Es un acuerdo que ya hay, pero habrá que definir cómo y quién los lleva a cabo”, concluyó Prego. Todavía queda mucho por hacer. Lo innegable es que existen cada vez más mujeres que patean y lo hacen para adelante.

por Patricia Pujol

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