Viernes 30 de julio, 2021

SOCIEDAD | 27-03-2021 11:35

Alberto Cormillot y el fenómeno "viejenials"

Con la noticia de que será padre, se convirtió en la cara argentina de un fenómeno que crece en Occidente. Enamorarse y proyectar después de los 80.

"Tengo 82 años y hay cosas que te hacen notar que envejecés. Tuve cáncer dos veces, que es una enfermedad asociada a las personas mayores, y en las radiografías se ve que mis rodillas están hechas pelota, igual que los hombros y la
columna. En total, acumulé más de treinta lesiones. Pareciera que hay una contradicción entre mi historia clínica y mi vida porque me ves y te das cuenta de que hago las mismas cosas que hice siempre. Que me guste el tango, que recuerde las publicidades antiguas y que no conozca a algunos artistas modernos, también son señales del paso del tiempo. Pero
en mi día a día no me doy cuenta. Es una negación funcional. De ninguna manera reniego de mi edad, pero no está todo el tiempo presente. En estos días lo registré cada vez que me preguntaron cuánto tiempo mi hijo va a tener a su papá”. Alberto Cormillot recibió a NOTICIAS en su casa de Vicente López el lunes 15. Hacía apenas tres días había contado que su esposa, Estefanía Pasquini, de 34 años, estaba embarazada y el teléfono no había parado de sonar. La mayoría de los títulos se referían a la “polémica” de la noticia y hasta hubo comentarios que cruzaron el límite del humor, como cuando Ernesto Tenembaum dijo que “el doctor está por tener una huerfanita”. “No la pasamos bien”, reconoció el médico nutricionista.

Junto a los chistes y a los repetidos comentarios sobre la diferencia de edad en la pareja, los que aparecieron fueron los viejos estereotipos asociados a los adultos mayores. En una sociedad que le rinde culto a la juventud eterna, hablar de
viejos era, hasta hace poco, hablar de muerte y de decadencia. Sin embargo, con la noticia del embarazo, el doctor Cormillot rompió todos los moldes y visibilizó, junto a otros, un fenómeno que no para de crecer en Occidente: el de los “viejenials”, una generación que peina canas pero que se niega a responder a los mandatos tradicionales.

Los “viejenials” no tienen como único proyecto de vida cuidar a los nietos y hacer consultas médicas. Están en actividad, se enamoran, tienen sexo, consumen, viajan y emprenden. No es casual su reciente protagonismo: según la Organización Mundial de la Salud, para el año 2050, un 16% de la población tendrá más de 65 años (en la actualidad,
ese sector es del 9%). En el 2018, por primera vez en la historia, este grupo etario superó al de los menores de
5 años y, en 2050, superarán a los menores de 15. "Para ese momento, habrá en el mundo más de 400 millones
de personas con 80 años o más, y 3,2 millones serán centenarios", afirman desde el Centro Internacional sobre
el Envejecimiento (Cenie).

David Zolotow es integrante de la Red Latinoamericana de Gerontología y profesor del programa universitario
para adultos mayores de la Universidad de Mar del Plata. Según el especialista, hay una palabra que describe las razones de este fenómeno: “empoderamiento”. “Los mayores están transformando el lugar que ocupan en la sociedad
con sus actitudes personales, sus movilizaciones y respuestas. De la mano, comienza a haber un cambio político y económico. Por ejemplo, Argentina ya adhirió a la Convención Interamericana sobre derechos de las Personas Adultas Mayores y en total diez países de la región se sumaron. Por otro lado, el mercado comienza a reconocer la existencia
de una ‘economía plateada’ que tiene que ver con las características de consumo de este sector que, a pesar
de siempre estar asociado a la imagen del jubilado empobrecido, también está conformado por un número no despreciable de personas con ingresos regulares dispuestas a gastar en ocio y disfrute, ya sin tantas obligaciones propias de la juventud”, insiste.

Sin embargo, como sucede con todas las grandes transformaciones, estos nuevos protagonistas de la sociedad
conviven, en la actualidad, con los prejuicios que históricamente los condenaban a ocupar un rol pasivo, casi como
si fueran invisibles. Por eso, los investigadores de este fenómeno y sus activistas (en todo Occidente ya existen
grupos que militan en favor de los derechos de los adultos mayores) empiezan por insistir en la necesidad de nombrar a las cosas por su nombre y señalan que referirse a los adultos mayores como “abuelitos” no hace más que reforzar la eterna infantilización hacia los viejos.

Cormillot padre


Cormillot coincide: “Recuerdo que mi papá me decía: ‘Cuando me llaman abuelo, me revienta, los mataría’. Yo lo entendí tardíamente, como suele pasar con los padres. El concepto correcto es ‘adulto mayor’ y me jode que me digan abuelo
porque yo soy abuelo de mi nieta. Me encanta, pero solo ahí. Cuando empecé a leer y a hablar del tema, empecé a usar la palabra ‘viejismo’. Creo que lo más difícil de desarmar es esa idea de que los viejos son inútiles, descartables, que no pueden enamorarse, que son molestos o una carga para la sociedad. Es difícil, sobre todo, porque el mismo viejo
o adulto mayor muchas veces se lo cree”, afirma el médico.

Cormillot y los prejuicios hacia los adultos mayores

Cormillot lee a Robert Butler, el médico estadounidense que se convirtió en pionero de la gerontología moderna. Fue él
quien, a fines de los ‘60, acuñó el término “ageism” (traducido al español como “edadismo”) para señalar a la discriminación hacia las personas por su edad avanzada. Además, fue uno de los primeros en plantear que
la vejez también puede ser una etapa productiva y saludable. Desde hace algún tiempo, el nutricionista de la
tevé argentina comenzó a involucrarse en este tema en los medios y en conferencias.

“El ambiente gerontogénico es un concepto que uso para plantear que hay actitudes y prácticas hacia los
viejos que se institucionalizan y se terminan convirtiendo en una especie de retiro obligatorio. Y los viejos empiezan a pensar que es cierto. Si todo el tiempo te dicen que no podés, hay un punto en que decís ‘debe ser así’. Me gusta una frase de Picasso. Él repetía que cuando le decían que estaba muy viejo para hacer una cosa, se apuraba y la hacía. A mí, lo mejor que pueden decirme, es que no puedo hacer algo porque voy y lo hago, pero a mucha gente no le pasa. El envejecimiento, que es un proceso normal, se presenta como un problema”, insiste Cormillot. Agrega que a él jamás lo “infantilizaron” pero sí tuvo que enfrentarse al prejuicio cuando comenzó su relación con Estefanía.

Su esposa entra y sale de la habitación donde Cormillot hace la entrevista. Desde que están juntos decidieron mantener un perfil extremadamente bajo, pero la noticia del embarazo los expuso: “Tengo un vínculo con los medios que quiero
cuidar, siempre hablé desde el lugar de médico y profesional y no quiero abandonar ese lugar. Con el espíritu machista que hay, si nos exponemos demasiado podría parecer que quiero decir mirá qué piola que soy por salir con una mujer
más joven. Y no, no pasa por ahí”, insiste.

Noticias: ¿Entre ustedes la diferencia de edad fue un obstáculo en algún momento?

Alberto Cormillot: Yo convivo conmigo. Para mí, lo que hago es absolutamente normal. Cuando yo quería salir con
ella, en ningún momento me pregunté cómo una chica de 30 le iba a dar bola a un tipo de 80.

Estefanía Pasquini: Igual es normal que la gente tenga el prejuicio. Yo, antes de aceptar salir con él, también me preguntaba de qué podríamos hablar.Y resulta que hablamos de todo, nos divertimos con cualquier cosa porque tenemos el mismo humor irónico.

Cormillot padre

Noticias: ¿Nunca hubo conflicto?

Cormillot: Ella tiene una relación increíblemente buena, sobre todo, con las mujeres de mis amigos. Yo me junté en varias oportunidades con los amigos de ella. Cuando la gente está con nosotros se borra la diferencia de edad.

Noticias: ¿Y en la familia?

Pasquini: Yo hacía mucho que estaba sola y no quería saber nada con estar en pareja. Cuando le dije a mi mamá que tenía algo para contarle y que no sabía cómo se lo iba a tomar, me respondió: “Stefy, ya sé. Te gustan las chicas”. Cuando
le dije que no y le conté con quién estaba, me gritó, se puso loca. Ella me decía: “¿Qué es lo que necesitás? Si tenés todo”. Ella asociaba que alguien joven estaría con alguien grande por la guita. No le entraba en la cabeza que yo nada más quería alguien que me quiera. Mi papá llegó a decirme que no vaya más a la casa. Fue terrible, pasamos por un montón de cosas. Tardaron más de un año en conocerlo. Aflojaron cuando vieron que pasaba el tiempo y yo estaba feliz.

Cormillot: La primera vez que nos vimos, le dije a su madre: “Mirá, yo hubiera dicho exactamente lo que decís vos. Te entiendo”. Me hubiera pasado lo mismo si René (su hija) hubiera aparecido con un tipo 48 años más grande y le hubiera
dicho que estaba loca.

Los conflictos familiares por este asunto se resolvieron y los Cormillot Pasquini hoy son una familia ensamblada en la que se hacen chistes todo el tiempo con las diferencias de edad. “Es todo un poco bizarro y lo sabemos. Adrián (el hijo mayor de Cormillot), lo carga a mi papá y le dice ‘Nono’, yo le digo a Ema (la nieta de Cormillot de 10 años) que soy su abuela y nos reímos”, agrega ella. Sin embargo, la noticia del embarazo convirtió su vida privada en una especie de debate mediático por la paternidad y la edad.

Cormillot: Yo sé que muchos plantean que es un egoísmo porque será un chico sin padre y pienso que, con suerte, serán veinte años, diez o quince. Pero nadie puede reflexionar más sobre el asunto que lo que hemos hablado entre nosotros en los últimos meses. En una entrevista o en una charla de café de 15 minutos, nadie nos puede decir nada que nosotros no hayamos evaluado. Estás con una persona, sentís que estás enamorado y, además, querés armar una vida con ella. ¿Qué vas a pensar?, ¿que si esa persona en unos años no va a estar te tenés que separar? La gente hace cosas sin pensar en que se va a morir. No es que estaba desesperado por volver a ser papá. Era una etapa totalmente cerrada porque mi hijo menor tiene 47 años. Pero la conocí a Stefy, decidí estar con ella y apareció el proyecto.

La fórmula de bienestar del doctor Comillot

Cormillot es consciente de que tiene un cuerpo y una mente que lo acompañan para avanzar en cualquier cosa que se
proponga. Sin embargo, cuando se lo consulta por los factores que considera más importantes, repite “responsabilidad y disciplina”. Metódico al extremo, anota su peso todas las mañanas en una planilla donde registra las variaciones desde
hace años. De lunes a viernes se despierta a las 03:45 de la mañana y se da una ducha. En el baño, tiene un cartel que le recuerda a qué hora debe salir del agua. Necesita una hora frente a la computadora para ponerse al día con las noticias y estar preparado para salir al aire en “Cada mañana”, el programa radial de Marcelo Longobardi, donde el médico tiene una columna desde hace más de diez años.

Además de estar al frente de la Clínica Cormillot, trabaja en las áreas de alimentación de los municipios de Tigre, Malvinas Argentinas y San Isidro. Dirige la carrera de Nutrición de la Universidad ISalud y la Asociación de Lucha Contra la Obesidad (ALCO) y forma parte de Dieta Club, un espacio que hasta la pandemia tenía más de 50 centros en todo el país. Como si fuera poco, escribe dos veces por semana en Infobae y por estos días se encuentra trabajando en dos libros, uno sobre sus memorias y otro sobre alimentación desde un punto de vista antropológico y social.

Noticias: ¿Qué toma para estar así de activo?

Cormillot: Tomo Omega 3, Ginseng y vitaminas. Yo creo que te hacen bien. Una parte de la biblioteca dice que no hacen nada, pero yo creo que hacen bien. Además, tomo comprimidos de ajo. Lo único que tengo es hipercolesterolemia familiar, para lo cual tomo estatina, pero de forma preventiva. Tengo los niveles en 130, no pueden ser más bajos.

El día laboral de Comillot termina a las 19:00 y, aunque procura acostarse temprano, más de una vez se tienta con alguna serie con Estefanía o tiene alguna reunión social. No solo disfruta pasar tiempo con amigos, insiste en que ese aspecto de la vida es clave para vivir con la plenitud que vive. Aunque conoció muchas personas en su carrera, destaca que entre sus pilares más fuertes está el grupo de la adolescencia, con quienes comparten un grupo de WhatsApp llamado “Pamigos”. Ser positivo y tener humor colabora con su salud: “La gente negativa segrega cortisol, que envejece. La gente optimista genera dopamina y endorfinas, entre otras cosas”.

Estefanía bromea con que su marido “se cuida con todo”. Sin embargo, él no reconoce que tener una dieta saludable
y hacer actividad física con regularidad sea un peso o una obligación. Cuando hace algunos años tuvo que dejar el tenis por una lesión en el hombro, intentó con gimnasios y bicicleta pero se aburría. “Después me enganché con el baile. Hasta hace tres años, cuando hice la última muestra, tomaba siete clases por semana. Todos los días y, a veces, dos clases. Ahora hago dos veces por semana tap y dos veces aéreo. Por la pandemia, compré dos tablones para poder poner en el patio y que pueda venir el profesor al aire libre. Ya estoy vacunado pero siempre es mejor afuera”, cuenta.

Cuando Cormillot afirma que no siente que tiene 82, no significa que no quiera hacerse cargo. De hecho, pone ejemplos de cosas que aparecen necesariamente con el paso del tiempo. “Es inevitable, te ponés más lento. Entonces, como yo sé que camino más lento, camino más rápido. Ahí compenso y llego al ritmo de siempre. Cuando estoy bailando y tengo que
hacer un paso largo, exagero el movimiento”, afirma y agrega: “También registro que, como hay palabras que se te piantan, tenés que tener un glosario de sinónimos. No tengo más remedio que funcionar a toda velocidad, estoy permanentemente expuesto en una radio en la que, con poco rating, me escuchan 100 mil personas”.

Noticias: ¿Hay miedos en esta etapa diferentes a los de la juventud?

Cormillot: Hay un temor que yo tengo desde siempre. Cuando tenía 30 años estaba hablando en una aseguradora
y pregunté si aseguraban contra que algo me pase en la cabeza. Mi único temor es en qué momento voy a empezar a hablar boludeces y si me voy a dar cuenta solo o si me van a tener que avisar. Es algo que pasa con los años, pero por ahora no es un tema.

Cormillot y el fenómeno de los Viejenials

La gran novedad del siglo XXI es que el de Cormillot no es un caso aislado. En todas las áreas, cada vez es más frecuente encontrar a personajes que se destacan y que sostienen su actividad más allá de las edades que establecen la jubilación. Desde Mirtha o Susana en el showbiz a periodistas como Magdalena Ruíz Guiñazú, híperactiva, el titular de la CAME, Osvaldo Cornide o el actor y referente de la oposición Luis Brandoni. El asunto, por un lado, da cuenta de un sector de la población cada vez más dispuesto a ser escuchado y, por el otro, pone en evidencia algunos de los desafíos que deberán resolver los países en los próximos años como la cobertura de salud o las jubilaciones. Todavía nadie sabe cuál es el camino más justo.

La filósofa Esther Díaz (81) fue una de las primeras que en Argentina se animó a romper con los estereotipos cuando comenzó a hablar en público sobre la sexualidad y la vejez. Provocadora como siempre, afirmó que a ella le gustaba tener sexo con hombres más jóvenes. El objetivo era exponer que, dentro de la discriminación a la vejez, la desigualdad de los géneros se profundiza: “A las mujeres mayores se les niega todo mucho más que a los hombres, desde la posibilidad del deseo hasta su independencia económica”, sostiene.

Hace dos años, el historiador Pacho O’Donnell (79) comenzó a publicar en sus redes fotos haciendo ejercicio y mostrando sus músculos. “Me volví un adicto a la actividad física después de un evento de salud y cambió toda mi vida. De todas formas, el gran tabú continúa siendo el sexo”. En el mundo del espectáculo, Nacha Guevara (80) se convirtió en noticia con cada cambio de look y las entrevistas sobre “sus secretos de belleza” siempre son un título a medida
que continúa vigente en las polémicas que la farándula requiere. Eduardo Costantini (74) puede saltar con facilidad del mundo empresarial, al artístico y a las redes. Sus cuentas se convirtieron en una especie de reality show sobre sus viajes paradisíacos con su esposa y, a medida que crece en seguidores, suma tapas en revistas del corazón.

Con otro perfil, Eduardo Eurnekian (88) se sostiene como uno de los hombres más poderosos de la Argentina. Quienes lo conocen, insisten en que el cuidado de su cuerpo es una de sus prioridades y que hace natación y gimnasia todos los días. Pero el asunto de ser una persona mayor vital no es solo cuestión de ricos y famosos: hace algunos meses tomó
trascendencia la historia de Sara Vallejos, la argentina que a los 80 años vendió su casa para comprarse un motorhome y salir a recorrer sola el país. Sus cuentas en Intagram y Facebook acumulan likes y fans.

Cormillot sabe que este es uno de los temas del momento y quiere ser una de las voces protagonistas. Hace un tiempo se instaló 15 días en una isla colombiana conocida por ser una “zona azul”, es decir, un lugar donde la gente vive mejor y por más años. “Te das cuenta, cuando estás ahí, que además de la vida que llevan y la alimentación, lo que sucede es que el
viejo es respetado y considerado”, reflexiona. El nutricionista ahora quiere llevar esa experiencia a la televisión y no pasa una semana sin intentar generar un nuevo proyecto.

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Giselle Leclercq

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