Lunes 26 de octubre, 2020

SOCIEDAD | 27-08-2020 13:47

Antivacunas: quiénes son y por qué se oponen a los desarrollos para combatir el Covid

A pesar de ser un grupo minoritario, tienen cada vez más visibilidad. Su presencia en el 17A, la importancia de referentes como Donald Trump y Jair Bolsonaro y los riesgos de su activismo.

"Buenos días. Somos ‘Médicos por la verdad Argentina’ y estamos reclutando soldados digitales para que se sumen a nuestro ejército de la verdad y la vida. Consideramos que la verdad sobre esta pandemia (sic.) no está llegando a las personas. Para cambiar esto, estamos haciendo un trabajo de selección y edición de contenidos de salud. De esta manera resultarán más accesibles a la población del mundo. Para derrotar al enemigo de la humanidad, es indispensable formar una masa crítica y así cambiaremos la historia. Por eso hacemos un llamado a todas aquellas almas que tengan voluntad de ser libres”.

Este fue el primer mensaje del canal de Telegram de “Médicos por la vida”, una organización que nació durante la pandemia en Alemania, llegó a España y ahora empieza a hacerse conocer en Argentina y la región con una sola premisa: revelar lo que, según ellos, realmente está detrás de las políticas sanitarias mundiales. No son los únicos. A lo largo de los últimos meses proliferaron referentes y agrupaciones que, en mayor o menor medida, cuestionaron, de manera peligrosa, la existencia del coronavirus, las medidas de aislamiento o el uso de tapabocas. Sin embargo, ahora hay un nuevo tema que los desvela y contra el que lanzaron su cruzada más fuerte: la vacuna.

Es cierto que los sectores antivacunas son minoritarios. Según un estudio realizado por Wellcome Trust Global Monitor, en junio de 2019, en Argentina el 88% de las personas piensa que las vacunas son seguras. Sin embargo, una característica de los últimos meses es la visibilidad que alcanzaron quienes ponen en duda su seguridad y eficacia. En la marcha del 17A, por ejemplo, hubo banderas gigantes de “Médicos por la verdad”, discursos eufóricos por altoparlantes y hasta circuló una planilla de adhesiones contra la obligatoriedad de la potencial vacuna contra el coronavirus. En redes sociales se multiplican los mensajes de este tipo y, de a poco, logran colarse en espacios tradicionales como la televisión.

No sucede solo en Argentina. El domingo 16 hubo una manifestación en Madrid que fue caracterizada como el acto más multitudinario de los colectivos negacionistas de la pandemia y, en Estados Unidos, una encuesta de Associated Press/NORTC Center for Public Affairs de mayo señaló que la mitad de los estadounidenses dudaría en vacunarse.

Hoy, la vacuna es presentada por la comunidad internacional, con un consenso inédito, como el camino que puede poner fin a la pandemia. La pregunta que surge, entonces, es: ¿por qué los antivacunas gritan cada vez más fuerte y logran construir un reclamo igual de atractivo para jóvenes libertarios, católicos ultraconservadores o naturistas holísticos?

Libertad y desconfianza. Nicolás Viotti es investigador del Conicet, doctor en Antropología y coordina un nuevo trabajo de investigación en la Universidad de San Martín sobre grupos anticientíficos. Según él, en este sector se observan tres subgrupos: el de los libertarios, que desconfían de instituciones como el Estado o la Organización Mundial de la Salud; el de los integrismos religiosos, que rechazan cualquier cambio doctrinal; y el de quienes llegan desde el new age de los ‘60 y las terapias alternativas.

En particular sobre el mundo religioso, el especialista asegura que en Argentina la tradición integrista se observa sobre todo en los grupos más conservadores del catolicismo y no tanto en otras religiones.

“En los ‘90 estas ideas se empezaron a masificar, pero a partir del 2000 ya tenés toda una generación que creció en base a esos valores. Son valores autonómicos, que priorizan las emociones personales, el estar preocupado por vos mismo. Tienen que ver con un modelo de hiperindividualización. Y, frente a una crisis como la pandemia, la gente reacciona con esa clave cultural”, explica Viotti.

Gastón Cornu Labat es cirujano, especialista en medicina integrativa y miembro de “Médicos por la verdad”. Es argentino, está radicado en España y desde hace 15 años es activista antivacunas. Y, aunque dice que no le gustan los blancos y negros sobre este tema, decidió no vacunar a sus hijos. Desde otro lugar, también habla de la individualización: “La medicina tradicional ve al individuo como un actor pasivo. La otra, que origina estos planteos, considera que cada uno de nosotros es artífice de la realidad. Por ende, tiene el poder de mantener su salud o recuperarse de una enfermedad a través de un proceso de empoderamiento”, asegura.

Con respecto al tono extremadamente religioso en cada una de las informaciones de "Médicos por la Verdad" subraya que no todos los miembros son católicos, aunque reconoce que quienes sí lo son suelen exacerbar sus mensajes.

Pero no solo la exaltación de la libertad individual es el valor que subyace en los grupos antivacunas. Mario Lozada es virólogo e investigador del Conicet y agrega otro factor: la desconfianza. En general, estos grupos están convencidos que detrás de las instituciones tradicionales hay intereses espurios. Cornu Labat dice, por ejemplo, que la falta de información sobre las vacunas en general, y la del Covid en particular, tiene que ver con intereses económicos de farmacéuticas y laboratorios.

Lozada insiste en este punto: “Es cierto que el sistema internacional es abusivo. La OMS ha dejado mucho que desear y, entonces, algunos pueden pensar que se puede tomar con pinzas lo que diga un organismo que está muy influenciado por prácticas comerciales de los países poderosos que la financian. Pero no es el único organismo que evalúa si una vacuna es eficaz y segura. Hay entes nacionales, en Argentina está la ANMAT, y además está el control de la comunidad científica”.

La combinación entre desconfianza al sistema y pensamiento individual puede ser riesgosa. Se estima que hoy las vacunas previenen hasta 3 millones de muertes en niños cada año. No solo eso: la vacunación protege a la persona que recibe la dosis y tiene un efecto positivo en toda la comunidad. Para el coronavirus, se supone que se deberá vacunar al 60% de la población mundial para lograr la inmunidad. El rebrote de sarampión que se registró en 2019 es adjudicado, en parte, al aumento de personas que rechazan las vacunas.

Cornu Labat insiste en que ese argumento no es suficiente para sopesar los “huecos” que hay en la investigación científica sobre los efectos adversos de algunas vacunas. Según Lozada, esto no es tan así: “Prácticamente todas las vacunas tienen algún efecto adverso y hubo algunos desarrollos en la historia que tuvieron efectos adversos graves”, insiste y agrega que, en la actualidad, los estándares de calidad son muy altos,

Visibilidad Covid. Pablo Shiff es politólogo y especialista en Estudios de TV y Nuevas Pantallas. Según él, la expansión de estos discursos tiene que ver con las dificultades que tiene la ciencia para comunicar: “No se puede combatir una fake news con un papper. Usan videos, Telegram, WhatsApp. Están pensando en una audiencia más masiva y tienen un discurso pop. Y eso puede prender, sobre todo en un contexto de miedo e incertidumbre”, afirma.

En la práctica, estos sectores se hacen ver. En mayo, por ejemplo, Nicole Neumann entrevistó a Chinda Brandolino, una médica antivacunas y referente de “Médicos por la verdad”. Si bien los cuestionamientos fueron tantos que la modelo tuvo que salir a aclarar que ella vacuna a sus hijas, la mujer ganó pantalla. En Canal 26, la periodista María Verónica Ressia se sienta frente a cámara de lunes a sábado con dos cuadernos llenos de información que recolecta de medios alternativos: “Las vacunas tienen muchos efectos nocivos que terminan repercutiendo en nuestra salud. El virus existe y es peligroso, pero hay algo mucho más peligroso y es la manipulación que pueden hacer estos científicos para experimentar en nombre del miedo”, dijo al aire.

En diálogo con NOTICIAS, la periodista (que forma parte de un grupo similar a “Médicos por la vida” llamado “Epistemólogos Argentinos”) contó que le costó tomar la decisión de hablar del tema en público por temor a alguna sanción, pero que sucedió todo lo contrario: ahora le dan más pantalla.

Clima de época. Mientras que militan contra la vacuna del Covid, defienden a ultranza el dióxido de cloro como tratamiento (ver recuadro). Cornu Labat, por ejemplo, desde hace dos meses lo toma de forma regular. Ressia vuelve una y otra vez sobre los beneficios de esta sustancia, cita estudios informales en países como Perú y la reciente aprobación del Congreso boliviano para su suministro.
Cornu Labat reconoce en Donald Trump o Jair Bolsonaro referentes de estos sectores. Sin embargo, el médico sostiene que no se va a quedar sentado esperando a que los líderes políticos hagan todo el trabajo. Por eso, mientras tanto, siguen reclutando almas y soldados digitales.

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Giselle Leclercq

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