jueves, noviembre 14, 2019

SOCIEDAD | 04-11-2019 11:24

Cómo trabajan los perros que asisten a niños abusados

Titán trabaja en el Ministerio Público Tutelar y acompaña a víctimas de delitos sexuales para que puedan declarar en un lugar amigable.

De lunes a viernes, Titán es un empleado más del Ministerio Público Tutelar. Se levanta a las 7 de la mañana con su dueño y pasea por las calles de microcentro hasta llegar al edificio ubicado en Perú 143, donde funciona una Cámara Gesell para niños, niñas y adolescentes. Ese es su trabajo: acompaña a víctimas de algún delito como grooming, abuso sexual, pornografía infantil, maltrato o lesiones para que puedan tener una declaración más amigable. Carlos Agudo, psicólogo social, instructor canino y adiestrador de perros de terapia, fusionó sus tres profesiones para llevar adelante el programa “Perros de Terapia para Asistencia Judicial”, cuyo objetivo es ayudar a los chicos a sobrellevar el proceso judicial. 

“La idea surge porque toda la Sala de Entrevistas Especializadas (Cámara Gesell) busca proteger a los niños: que se sientan escuchados, que sea en un clima y ambiente amigable. Veíamos que todo lo que ofrecíamos no era suficiente porque en la espera para declarar, y durante y después, es un momento de angustia, de ansiedad y de nerviosismo. Buscando en el mundo qué propuestas o políticas había encontramos ésta, de animales, que están, que acompañan, y así es como llegamos a Titán”, señala a NOTICIAS Yael Bendel, asesora del Ministerio Público Tutelar (MPT). 

Resultados. Que se siente, que de la pata, que busque la pelota. Agudo le da órdenes básicas a Titán y le enseña a los niños cómo hacerlo para que se distiendan. Así, logran que estén más desinhibidos y relajados a la hora de declarar. El perro también está listo para que los chicos hagan lo que quieran con él: pueden agarrarlo de las orejas, acariciarlo y hasta pisarle la cola sin que se enoje. “Se genera un vínculo empático entre el niño, el perro y el licenciado que le va a tomar la declaración. Entonces cuando ingresan a la sala de entrevistas ya tuvieron un acercamiento previo, ya rompieron el hielo y el relato fluye, pueden conversar más abiertamente, el niño entra menos estresado”, explica Agudo a NOTICIAS. 

Una vez que terminan de declarar -pueden tardar entre 45 minutos y una hora- Titán los está esperando. Eso hace que bajen su nivel de estrés y ansiedad y, según explican los especialistas, que puedan hacer un corte del relato traumático que realizaron. 

Es la primera vez que se lleva adelante un programa así en el país y los resultados fueron muy buenos. Algunos chicos dijeron que Titán fue lo mejor que les pasó dentro del Poder Judicial y desde otras provincias se acercaron a consultar sobre el programa. 

“Es importante para mejorar la calidad del relato y la fluidez, que sea algo más claro y que ellos se sientan más tranquilos de poder desarrollar toda la narración. También ayuda a que después de movilizar tantas emociones, de contar qué les pasó, se sientan contenidos y puedan volver a su casa más calmados y no con todo lo que implica revivir lo ocurrido”, cuenta Bendel. 

En ese sentido, para los funcionarios también es positivo: según explican, las narraciones mejoraron considerablemente.

Sala de observación de la Justicia

Entrenamiento. “Titán es un Titán trabajando”, cuenta Agudo entre risas. “Ve un niño y ya se acerca, enseguida genera una sonrisa en él, se apoya sobre el chico y se deja acariciar. Si el niño se lo permite él sigue avanzando, se le sube arriba de la pierna o apoya su cara en la pierna. Si es un nene chiquito y quiere jugar lo podemos hacer jugar con un juguete o una pelotita, cualquier cosa que haga que el niño se relaje”, agrega. 

Agudo seleccionó a Titán de una camada de golden retriever, a los 45 días. Lo llevó a vivir con él y lo educó y adiestró con el objetivo de que fuera un perro de terapia. A los seis meses empezaron a trabajar en un centro terapéutico con chicos con distintas discapacidades. Ahora, planea hacer lo mismo con otro perro para sumar al equipo del MPT. La diferencia será la raza: esta vez, sumarán un labradoodle, que es una cruza específica que no da alergia.  “Lo bueno es que se lo va a ir trayendo y va a ver cómo Titán trabaja. Va a trabajar igual que él, a la par. Va a aprender de lo que Titán le enseñe”, agrega Agudo. 

Experiencias. Antes de arrancar el programa, los únicos antecedentes que se conocían eran del exterior. Agudo, Bendel y el resto del equipo del Ministerio empezaron a investigar y encontraron que se habían implementado programas similares en Estados Unidos, Chile, Canadá, pero con algunas diferencias. En esos países, el perro acompañaba a los chicos a declarar al estrado dentro de un juzgado. En el Ministerio Público Tutelar necesitaban que hubiera un trabajo de distensión en la previa y el post de una Cámara Gesell. De esa manera, rediseñaron y adaptaron las ideas a lo que ellos buscaban y así llegó Titán. 

“Pensamos primero la infraestructura de la sala, en que el espacio sea un lugar que no sea hostil, que ellos puedan contar lo que les pasó y se sientan cómodos. También trabajamos con el profesional que los escucha, pero faltaba. Por eso lo que hicimos es justamente pensar en cómo poder hacer que esa espera de que lleguen todos los adultos -como el juez, el fiscal, el defensor- fuera lo más llevadera y amena posible”, explica Bendel. 

La iniciativa dio sus frutos. Con Titán, no solo se crea un ambiente amigable para que las niñas, niños y adolescentes puedan entrar a declarar en un contexto adecuado y pensado para ellos, sino que además contribuye a que empiecen el proceso de reparación. Ya cuando salen de la declaración, el perro está listo para que ellos descarguen sus emociones.

“Casi siempre piden sacarse una foto con él, juegan un ratito, y después se despiden y se van”, cuentan en el Ministerio Público Tutelar. 

Así, los días que Titán tiene que ir a trabajar -va a la oficina sólo cuando hay un pedido de Cámar Gesell-,  pasa de escritorio en escritorio saludando hasta que llega al de su dueño, donde se sienta a descansar y espera los ratos de paseo en sus tiempos libres. “Cuando no lo traigo se queda lloriqueando y mirándome, como diciendo: ‘Tengo que ir yo’”, dice Agudo. La idea es seguir profundizando el programa aunque, por ahora, con dos perros será suficiente. “Esto es para que los relatos de los chicos puedan ser un paso más hacia la recuperación de ellos, el restablecimiento de los derechos vulnerados, y no un nuevo momento de revictimización o de angustia que tengan que atravesar”, concluye Bendel. 

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Delfina Tremouilleres

Delfina Tremouilleres

Periodista de Información General.

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