En distintas ciudades de Alemania comenzó a expandirse una práctica tan insólita como viral: personas que salen a la calle con correa y arnés, pero sin mascota. Simulan pasear perros invisibles, les hablan, se detienen en las esquinas y hasta juntan “heces” imaginarias. La tendencia, conocida como “dogging”, se volvió un fenómeno urbano y digital en 2026.
Las imágenes, difundidas principalmente en TikTok, Instagram y X, muestran a jóvenes y adultos recorriendo parques y veredas como si estuvieran acompañados por una mascota real. Algunos incluso utilizan recipientes con agua, bolsitas sanitarias y accesorios, reforzando la puesta en escena.
Según medios europeos y latinoamericanos, el fenómeno combina humor, performance callejera y expresión personal. Para muchos participantes, no se trata solo de una broma, sino de una manera de liberar estrés, combatir la soledad o experimentar compañía sin las responsabilidades de una mascota real.
En redes sociales, miles de usuarios comparten videos bajo hashtags vinculados al “dogging”, con reacciones que van desde la fascinación hasta la burla. Mientras algunos lo celebran como una expresión creativa, otros lo interpretan como un síntoma de aislamiento social o hiperconectividad digital.
Especialistas en comportamiento señalan que este tipo de prácticas pueden funcionar como una forma de juego simbólico en adultos, similar a otras tendencias performáticas surgidas en contextos de ansiedad colectiva, precariedad laboral y debilitamiento de los vínculos tradicionales.
En Argentina, el fenómeno fue rápidamente vinculado con una particularidad del discurso presidencial. El título “Efecto Conan” remite a las reiteradas referencias públicas de Javier Milei a su perro Conan, fallecido en 2017, al que el mandatario suele mencionar como una figura central en su vida personal y emocional.
Desde su llegada al poder, Milei ha aludido en múltiples ocasiones a Conan como una presencia simbólica y afectiva, lo que generó debates, memes y controversias. En ese marco, la moda alemana de pasear perros imaginarios encontró un eco particular en la conversación pública local.














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