Connie Ansaldi anunció el cierre de CUX después de cuatro años. La plataforma ofrecía acompañamiento emocional mediante inteligencia artificial, detectaba señales de alerta y orientaba a profesionales. La definió como una decisión dolorosa.
El motivo declarado fue económico y operativo. Ansaldi dijo que “no conseguí un socio tecnológico que se enamorara de CUX”. La app logró interés entre usuarios individuales, pero poca adopción sostenida entre empresas. Para escalar necesitaba más inversión y, según resumió, “levantar capital para salud mental es muy difícil” en América Latina.

No hay pruebas de que CUX haya cerrado por una sanción o una prohibición sanitaria. Sin embargo, su final no puede aislarse del debate que acompañó al proyecto. Una app que recibe relatos íntimos no es un servicio cualquiera: sus promesas y el destino de los datos requieren controles rigurosos.
La controversia estalló cuando Trenque Lauquen incorporó CUX mediante una prueba paga. Colegios de psicólogos cuestionaron que una herramienta automatizada integrara una política de salud mental sin escucha clínica, matrícula ni responsabilidad profesional. El convenio fue dado de baja tras tres meses.
Ansaldi sostuvo que CUX no diagnosticaba, no indicaba tratamientos ni reemplazaba a profesionales. También aseguró que tenía alertas, protocolos y derivación humana. Aun así, presentarla como una solución de acompañamiento podía resultar ambigua para alguien en crisis. Especialistas informáticos denunciaron fallas en el borrado de conversaciones, acceso humano a chats y recomendaciones comerciales. No se conoció una auditoría independiente pública que confirmara o descartara esas observaciones.
La Organización Mundial de la Salud pide que la IA aplicada a la atención preserve autonomía, confidencialidad y consentimiento informado, demuestre seguridad y eficacia, explique cómo funciona y mantenga responsables humanos. Un bot puede ampliar el acceso o dar una primera orientación; no debe confundirse con terapia ni ser la única respuesta ante una urgencia.
El cierre no demuestra que toda asistencia emocional con IA sea inviable, ni convierte a Ansaldi en un riesgo. La cautela debe dirigirse al modelo: cuando una tecnología interviene sobre angustia, soledad o crisis, la innovación no alcanza. Hacen falta evidencia, supervisión clínica, protección de datos y rutas claras hacia ayuda humana. CUX no sostuvo su negocio; las preguntas que abrió siguen vigentes.














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