Jueves 29 de septiembre, 2022

SOCIEDAD | 14-05-2020 10:35

Psicoanálisis: ¿La exterioridad perdida?

Las nuevas formas de relacionarnos con nuestra intimidad y con el mundo exterior. ¿Qué mostramos?, ¿qué ocultamos?

La comunicación a distancia (WhatsApp, Zoom, Skype, Facebook, Instagram, Twitter, etc.) nos abren a un sinfín de posibilidades de comunicación y, gracias a estas redes, hoy podemos conectarnos con los otros. Sin embargo, no es lo mismo mandar un mensaje de texto que usar la pantalla y la videoconferencia que ponen en escena el ámbito en el cual vivimos.

Nuestra intimidad o lo que elegimos mostrar de esa intimidad, se expone ante la mirada de conocidos y cercanos y en muchos otros casos de desconocidos. ¿Qué mostramos, qué ocultamos? ¿Cómo nos mostramos? Sobre esto tenemos poder de decisión. Podemos mostrar tanto un cuadro bello  como un rincón desarreglado. Podemos mostrarnos sin aseo personal o bien “producidos”. Pero esta decisión no depende solo de nuestra voluntad consciente, sino del estado de ánimo.

El confinamiento en nuestros hogares nos invita a estar de “entre casa”, es decir, sin preocuparnos por nuestra imagen, perdiendo en muchos casos la coqueteria. Podemos arreglarnos para no mostrar nuestras angustias, o podemos mostrar nuestras ansiedades con el desarreglo y la pérdida del cuidado personal.

He escuchado decir que dado que solo se muestra el rostro en la pantalla, se puede estar es paños menores en el resto del cuerpo. Me pregunto: ¿A que se debe esta disociación entre el rostro y el resto del cuerpo? Por un lado el confinamiento nos permite relajar las prohibiciones, los pudores, las vergüenzas. Por otro, nos vuelve ciudadanos de lo hogareño.

Por estos motivos considero muy importante conservar no solo la conectividad de Internet, sino la conectividad con nuestro cuerpo, nuestra imagen y nuestros semejantes. Los otros son un espejo de nuestras emociones, es decir nos transmiten y les transmitimos sensaciones, sentimientos, emociones.

Cultura es también engalanar las costumbres, nuestra imagen, nuestro hábitat. El exterior sigue existiendo, aunque nosotros estemos en el interior de nuestras casas. Así como no podemos perder nuestra intimidad, no podemos perder nuestra exterioridad. 

 *Psicóloga y Secretaria Científica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

por Mirta Goldstein*

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