Jueves 16 de julio, 2020

SOCIEDAD | 03-05-2020 00:29

Quién es el millonario argentino muerto por coronavirus

Falleció en Nueva York. Su cuerpo aterrizó once días después en Buenos Aires, irregularmente, en un vuelo de Aerolíneas. En ningún documento consta que hubiera tenido Covid-19.

Elías Masri era un argentino radicado en Nueva York. Tenía 91 años y vivía en un piso ubicado en la Quinta Avenida. El 7 de abril falleció por un paro cardiorrespiratorio producido por una insuficiencia pulmonar ocasionada por la Covid-19. Hasta acá, se trata de una historia más entre las decenas de miles de tragedias desencadenadas por la pandemia. Sin embargo, Masri no era un hombre que pasara desapercibido. Abogado de profesión y dedicado al rubro de los bienes raíces, en 1988 se instaló en los Estados Unidos y fundó una empresa que se convertiría en un emporio. Su fallecimiento generó un escándalo que terminó en la Justicia de Argentina y que combina personajes poderosos, negligencias y posibles delitos.

Ni bien se enteraron de su muerte, los familiares de Masri decidieron traer los restos a la Argentina. La cremación no era una posibilidad debido a sus creencias religiosas y querían cumplirle el último deseo al hombre, que era ser enterrado junto a su esposa. Sin embargo, había un problema: de acuerdo con los protocolos nacionales, si alguien muere por una enfermedad infectocontagiosa en el exterior, su cuerpo no puede ser ingresado al país durante un período de un año. Menos aún, en el contexto de la pandemia.

Sin embargo, el 18 de abril aterrizó en Ezeiza un vuelo de repatriación que trajo a más de doscientos argentinos y que también contenía en la bodega el féretro de Masri. Las autoridades de Sanidad de Frontera detectaron la irregularidad y retuvieron el cadáver. La familia recién lo recuperó el miércoles 29, cuando finalmente lo pudieron enterrar.

Lo que sucedió entre el día de la muerte y el entierro fue una cadena de irregularidades. La empresa Aerolíneas Argentinas, que hizo el traslado, acusa a la familia de haber omitido informar que Masri había muerto debido a la enfermedad que causa el coronavirus, y señala que el trámite fue autorizado, de forma dudosa, por el consulado argentino en Nueva York; desde Cancillería aseguran que el consulado no tuvo mayor injerencia en el proceso; los familiares insisten en que todas las gestiones las hizo una funeraria estadounidense y que la omisión no fue un acto malicioso.

Lo cierto es que algo falló y entre los reproches se cuelan especulaciones políticas de todo tipo. La investigación está en manos del juez Federico Villena y de la fiscal Cecilia Incardona, de Lomas de Zamora, que deberán esclarecer cómo fue posible que, en plena emergencia sanitaria mundial, pudiera llegar al país un cuerpo sin que estuvieran claramente detalladas las razones de su fallecimiento. 

Magnate solo. Que el escándalo haya tocado a funcionarios de altísima jerarquía no es casual. Masri era un hombre influyente en el mundillo neoyorkino. Su compañía, Falcon Properties Inc., administra más de 100 mil metros cuadrados de espacio comercial en pleno Manhattan. El empresario, que había comenzado sus negocios en Argentina, se instaló en los Estados Unidos a fines de los ‘80 debido a la inestabilidad económica local. La sede principal de la compañía está en un edificio en la Quinta Avenida.

Con el correr de las horas, además, trascendió otro dato que alimentó hipótesis de tráfico de influencias. Su única hija, Florencia -además de ser la presidenta de la empresa- trabajó junto a Javier Faroni, el productor teatral y director de Aerolíneas Argentinas. Allegados de uno y otro desmienten que esto haya tenido algo que ver.

Una vida de riquezas no garantizó un final tranquilo. Los Masri, cuentan sus allegados, están emocionalmente abatidos. No sólo atraviesan el duelo por la muerte sino que la angustia viene desde antes. “El hombre atravesó una cuarentena muy larga, desde que los casos de coronavirus empezaron a crecer en Nueva York”, cuentan. Masri pasó sus últimos días encerrado en su piso, ubicado en pleno Manhattan. Su única compañía era la de la persona que lo cuidaba. Su familia supone que ahí puede estar la explicación del contagio. Apenas notó los primeros síntomas de Covid-19, el avance de la enfermedad fue vertiginoso. “No fue hospitalizado. La situación allá es crítica y el sistema está colapsado”, agregan conocidos.

Que la muerte se hubiera producido por una enfermedad infectocontagiosa complicaba el traslado, incluso dentro de los Estados Unidos. El protocolo de ese país indica que estos cuerpos deben ser cremados o embalsamados. La cremación no es una posibilidad en el universo judío así que los Masri contrataron a la empresa funeraria Frank E. Campbell para que prepara el cuerpo. A más de veinte días de su muerte, los familiares de Masri nunca se imaginaron la odisea que deberían atravesar y mucho menos que terminarían involucrados en una causa judicial.

La culpa del otro. Cada parte de esta historia cuenta su versión. En lo único que hay acuerdo es en que los papeles que se presentaron a Aerolíneas Argentinas para el traslado de Masri estaban incompletos. En Estados Unidos, cuando una persona fallece, se otorga un certificado de defunción público y un informe médico confidencial. El primero apunta generalidades como quién murió, cuándo y dónde y se discriminan causas naturales o violentas. En el segundo, que se entrega anexado, se detallan diagnósticos. En los papeles del magnate, el Covid-19 aparecía en el anexo.

Desde Aerolíneas Argentinas fundamentan la presunta mala fe en un hecho: los Masri, dicen, intentaron primero traer el cuerpo desde Nueva York a Buenos Aires a través de un charter privado con Baires Fly. Las autoridades nacionales rechazaron el pedido de esta empresa al ver que la víctima había muerto por Covid-19. Desde el Ministerio de Salud de la Nación confirman esta versión.  

Sin embargo, la familia cuenta otra. Según ellos, el trámite de la compañía privada y el de Aerolíneas Argentinas se iniciaron en paralelo y, aseguran, nunca fueron notificados de ningún rechazo. “En medio de la tristeza por la muerte del hombre, querían encontrar la manera más rápida. En cada lugar se presentó lo que se requirió y nunca les informó un rechazo por parte de la Argentina”, cuentan allegados a la familia.

Rechazado o no, hubo un momento en el que el Estado argentino le informó a los Masri que desde Miami iba a partir un vuelo especial de repatriación a Buenos Aires. Primero, la familia evaluó trasladar el cadáver desde Nueva York en avión pero finalmente decidió que se hiciera por vía terrestre. En un coche fúnebre, el cuerpo cruzó Estados Unidos en un viaje de más de 2 mil kilómetros y el féretro fue despachado en la bodega.

Ni bien se detectó la falla en suelo argentino, Aerolíneas Argentinas inició una investigación interna. Además, hizo una presentación espontánea en la Justicia para que se investigue. Sin embargo, los voceros de la empresa confían en su trabajo: “Los empleados cuentan con el beneficio de la duda, conocen los procedimientos y saben a qué se exponen. En estos vuelos especiales la documentación viene del consulado. Es quien define qué pasajeros pueden subir al avión”, insisten desde Aerolíneas.

La defensa corporativa apunta a los vínculos de Masri. Algunas hipótesis que circularon llegaron a decir que el consulado estaba cerrado y que abrió solo para resolver este problema. Desde Cancillería, sin embargo, lo niegan. “El consulado organiza la lista de los pasajeros vivos y organiza a los vulnerables para que se les de prioridad”, aseguran los voceros. “En este caso, lo que se hizo fue firmar un papel que certificaba que las oficinas públicas del gobierno norteamericano que tenían que hacer los papeles, estaban cerradas por la pandemia. Nada más. No certificamos ninguna otra cosa”, agregan.

La Justicia ya comenzó con las averiguaciones. El magnate Masri, sin embargo, pudo ser enterrado junto a su esposa recién veinte días después de haber muerto.

 

De las tablas / A la Justicia

El traslado irregular del cuerpo de Elías Masri no sólo trascendió por la trayectoria del hombre sino porque, en Argentina, su apellido es bien conocido en el mundo del espectáculo. Su hija, Florencia, es la fundadora junto a Ricky Pashkus de “Rimas Producciones”. A principios del 2019, la dupla dio a conocer el nacimiento de la productora con el anuncio de que habían adquirido los derechos de “Chorus Line” y que el proyecto se iba a llevar adelante en coproducción con Javier Faroni, productor teatral y actual director de Aerolíneas Argentinas.

Los primeros pasos de la productora fueron ambiciosos ya que apostaron por llevar al Maipo una obra musical emblemática que había batido récords en Broadway desde 1968. Allegados de Masri y Faroni aseguran que el vínculo entre ellos siempre fue laboral y que, cuando terminó el proyecto, no volvieron a hablar. Con el asunto del traslado del cadáver en manos de la Justicia, probablemente se tengan que volver a cruzar aunque ya no en un ambiente de glamour.

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Giselle Leclercq

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