La muerte de Taty Almeida a los 95 años provocó una profunda conmoción en el movimiento de derechos humanos y en amplios sectores de la sociedad argentina, que reconocieron en su figura a una de las voces más firmes y persistentes en la lucha por memoria, verdad y justicia desde el retorno de la democracia. Integrante histórica de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Almeida falleció tras décadas de militancia sostenida, marcada por la desaparición de su hijo Alejandro durante la última dictadura militar, hecho que transformó su vida y la llevó a convertirse en una referente central del reclamo contra la impunidad.
El velatorio, realizado en la Ciudad de Buenos Aires, reunió a dirigentes políticos, organismos de derechos humanos, militantes y familiares que acompañaron la despedida en un clima de recogimiento y reconocimiento colectivo. Uno de los momentos más significativos fue la llegada de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quien mantuvo durante décadas una relación política y personal con Almeida.
Visiblemente conmovida, Carlotto se acercó al féretro, permaneció varios minutos en silencio y luego expresó ante los presentes palabras de despedida que sintetizaron el vínculo entre ambas y el legado compartido: recordó a Almeida como “una compañera incansable, una mujer valiente que nunca dejó de luchar” y destacó que su figura “va a seguir marcando el camino de las nuevas generaciones”. Testigos del velatorio relataron que el abrazo entre integrantes de Madres y Abuelas fue uno de los gestos más simbólicos de la jornada, reflejando una historia común atravesada por el dolor y la búsqueda de justicia.
Laura Catalina “Taty” Almeida había nacido en una familia de clase media y llevó durante gran parte de su vida una existencia alejada de la militancia política. Su transformación comenzó en 1975, cuando su hijo Alejandro fue secuestrado y posteriormente desaparecido por las fuerzas represivas del Estado. Durante los primeros años, como muchas otras madres, transitó un camino de búsqueda solitaria hasta integrarse a las rondas de Plaza de Mayo, donde comenzó a organizarse colectivamente con otras mujeres en su misma situación. Con el tiempo se convirtió en una de las referentes más visibles de la Línea Fundadora, el sector que tras la división de la organización original mantuvo una postura independiente y centrada en la defensa de los derechos humanos sin alineamientos partidarios a diferencia del grupo liderado por Hebe de Bonafini.
Su militancia se caracterizó por la constancia en las marchas de los jueves, la participación en juicios por delitos de lesa humanidad y la construcción de memoria histórica a través de testimonios, charlas y presencia en ámbitos educativos. Almeida fue también una voz activa en debates contemporáneos, vinculando la agenda de derechos humanos con problemáticas actuales y sosteniendo una mirada crítica frente a distintos gobiernos cuando consideró que se vulneraban derechos o se relativizaba el pasado. Su figura se consolidó así como una referencia ética, respetada incluso por sectores que no compartían plenamente sus posiciones políticas.

Por su parte, Estela Barnes de Carlotto nació en la ciudad de La Plata y también llegó a la militancia a partir de una tragedia personal: la desaparición de su hija Laura en 1977, quien dio a luz en cautiverio a un niño apropiado por el régimen militar. Ese hecho la impulsó a integrarse a Abuelas de Plaza de Mayo, organización que se propuso identificar y restituir la identidad de los hijos de desaparecidos. Bajo su conducción, Abuelas logró avances históricos en materia de derechos humanos, incluyendo la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos y la recuperación de más de un centenar de nietos. El hallazgo en 2014 de su propio nieto, Guido Montoya Carlotto, marcó uno de los momentos más emblemáticos de su trayectoria.
Aunque pertenecían a organizaciones distintas, Almeida y Carlotto construyeron a lo largo de los años un vínculo estrecho basado en objetivos comunes. Ambas participaron en actos conjuntos, marchas y campañas internacionales, y compartieron la tarea de mantener vigente el reclamo por justicia frente a los crímenes de la dictadura. Mientras Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora centró su accionar en la denuncia pública, la memoria y el acompañamiento a los procesos judiciales, Abuelas desarrolló una estrategia específica orientada a la restitución de identidad, lo que convirtió a ambas organizaciones en pilares complementarios del movimiento de derechos humanos en la Argentina.














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